Las 6 claves de una  victoria y las 6 claves  de una derrota

Las 6 claves de una victoria y las 6 claves de una derrota

Por Norberto G. Asquini

 

¿Cuáles fueron las claves para la rotunda victoria del PJ en La Pampa? ¿Cuáles fueron para la derrota de Cambiemos en las urnas? Veamos.

  1. La unidad: El peronismo pampeano se mantuvo unido. De hecho, se unió en estos comicios después de la interna de hace cuatro años. Hubo una apertura a otros partidos menores para conformar el Frente Justicialista Pampeano, pero lo que contó en verdad fue la resolución de la interna y de la sucesión del gobernador Carlos Verna. Ni siquiera las internas partidarias, y las divisiones de arrastre como ocurría con la fragmentada Santa Rosa, mellaron la victoria. Al contrario, Cambiemos sufrió todos los golpes posibles. Una interna ya anunciada y masticada entre la UCR y el PRO, sus candidatos que no asumieron la marca nacional que les quemaba, y los quemó, y una campaña deslucida en la que radicales y macristas ni se juntaron, salvo para alguna foto. Igualmente la polarización sirvió para sostener la presencia legislativa.
  2. La sombra de Verna: El PJ tuvo como mentor al gobernador Carlos Verna. La centralidad de su figura ordenó la interna y la sucesión, y a partir de conocerse su enfermedad tuvo también una figura a la que brindarle un triunfo. Pero además su postura de confrontación con el presidente Macri marcó un rumbo no solo durante los tres primeros años de su gestión sino sobre todo en el tono de la campaña. El tiempo le dio la razón. Cambiemos trató de no ser Cambiemos. Ni siquiera tuvo entre sus candidatos a los principales referentes.
  3. El proyecto: La Pampa peronista tendrá déficits, pero también su fortaleza. Ese modelo que puede afrontar una crisis nacional mientras otros gobiernos se derrumban es lo que más de la mitad de los pampeanos apoyaron. Ese mismo modelo es perfectible. Pero, como demostró Sergio Ziliotto en el debate de la UNLPam, tiene en marcha proyectos y propuestas que lanzaron como supuesta novedad y de manera muy general el resto de los candidatos.
  4. Escenario nacional: Hablamos de la “ola peronista” que frente a la debacle macrista se está conformando a nivel nacional, y el peronismo pampeano es parte de esa tendencia. Más allá de que marcó mucho tiempo antes ese camino de unidad dentro de las diferencias a nivel local. Pero también lo impulsó la ola de voto castigo a Macri que se ha venido sucediendo en todas las provincias que han tenido elecciones. Cambiemos lo sufrió más que nadie: la UCR trató de ocultar su pertenencia, luego de tres años de adhesión a las políticas de Macri, lo que fue muy difícil de disimular.
  5. Renovación: El PJ en su continuidad fue también la renovación de nombres. Obligado lo de Ziliotto a la gobernación a causa de la renuncia de Verna a la reelección, pero lo hizo también con los candidatos a intendente de Santa Rosa y General Pico, parte del Club de los 40, como también en algunas otras localidades. Si bien es cierto que en la mayoría fueron reelectos los actuales jefes comunales.
  6. Campaña: La campaña del PJ se profesionalizó. Por supuesto, contó con recursos que ningún otro partido tiene, al manejar la estructura estatal. Pero modernizó su manera de comunicar, a diferencia de 2017. Ingresó a la política del siglo XXI. Hubo un cambio de cabeza y en eso también tiene que ver los fueron los jefes y coordinadores de la campaña, la mayoría parte del Club de los 40.
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La ola peronista:  la vigencia de un  proyecto en La Pampa

La ola peronista: la vigencia de un proyecto en La Pampa

Por Norberto G. Asquini

La Pampa es peronista. Desde su creación como provincia, pero sobre todo desde 1983. Y este domingo quedó ratificada en las elecciones provinciales la continuidad del oficialismo en la renovación, la vigencia de un modelo, la imbatibilidad de una estructura. La mayoría de los pampeanos votó por la provincia de la normalidad. Son cuatro décadas del mismo color político. El PJ pampeano integra el cerrado club de cinco oficialismos provinciales que tienen el mismo récord.

No es la provincia que muchos otros pretenden o sueñan, pero es la posible, la de la normalidad. La que paga los sueldos estatales en tiempo y con aumento, la que llega con los servicios a todos los pueblos, la que tiene mejores condiciones de vida comparativamente con otras provincias, la que frente al derrumbe de un país puede afrontar la crisis. Después podemos discutir las deudas pendientes de la democracia y del PJ, de las prácticas de gobierno o de la eficiencia estatal.

Cuando el gobernador Carlos Verna anunció que no buscaría la reelección por la enfermedad que debía afrontar a fines del año pasado, hubo pronósticos demasiados optimistas desde la oposición de que se terminaba un ciclo político, y hasta por parte del periodismo de una “carnicería” dentro del peronismo por la sucesión. Fallaron todos. Como se indicó en esta columna, todo se ordenó por una conducción, la de Verna; un proyecto, la del Estado peronista; y la lógica del poder dentro del PJ. La debacle de Macri y de Cambiemos sumidos en una profunda crisis económica hizo el resto. Y en esta elección de 2019, por primera vez desdoblada por el gobierno provincial de la presidencial, tuvo mucha influencia del escenario nacional para consolidar el predominio, y ya hegemonía, del Partido Justicialista en La Pampa.

Sergio Ziliotto se convirtió en el mandatario electo, y en el nuevo gobernador de un nuevo ciclo dentro del peronismo pampeano, y de la historia de la provincia, que es la post generación del 83. Hacia adelante la política local inicia una nueva etapa, pero sobre las bases y la continuidad del peronismo.

La victoria de Ziliotto, y sobre todo la contundencia de los triunfos de Luciano di Nápoli en Santa Rosa y de Fernanda Alonso en General Pico, sumada a otros triunfos rotundos en el interior, son parte también de la ola del “voto castigo” a Cambiemos y de la “ola peronista” que comenzó a conformarse en el país. No hubo sorpresas en la provincia donde ya el resultado estaba puesto, tampoco lo fue en Santa Rosa, aunque estaba más discutida. Cambiemos perdió otra capital provincial a manos del peronismo. Y a manos del kirchnerismo, una lectura que los medios nacionales no dejaron de resaltar luego de la estratégica decisión de la ex presidenta CFK de reformular la fórmula con Alberto Fernández como candidato a la presidencia y ella como vice.

Esta elección demostró además lo vertiginoso de los cambios políticos y de humor de la sociedad. Pasa en el país, pasa en La Pampa. En 2017 el PJ quedó sacudido por la “ola amarilla” y apenas ganó las legislativas nacionales por solo 76 votos. Las ejecutivas iban a ser una revancha. En 2018 desbarrancó Macri y su marca Cambiemos con una crisis económica de magnitudes. Ahora el peronismo arrasó en las urnas.

El PJ se llevó todo. La oposición apenas pudo sostener algunos gobiernos locales. El recordado grupo ABBA, en una de sus más difundidas canciones, dice “El ganador se lo lleva todo/ el perdedor se empequeñece/ ante la victoria,/ ese es su destino”. En La Pampa, siempre hay un ganador. Y es el mismo.

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Rumbo al 19 de mayo:  la mochila de plomo  y el viento de cola

Rumbo al 19 de mayo: la mochila de plomo y el viento de cola

Por Norberto G. Asquini

El próximo domingo serán las elecciones provinciales en La Pampa. Ya está todo jugado en una campaña que ha sido distante para la mayoría de las y los pampeanos, cuya principal preocupación es sobrellevar la crisis económica. La tendencia en las urnas es clara: el viento de cola del PJ, la mochila de plomo de Cambiemos

El viento de cola

Esta campaña electoral fue extraña para muchas y muchos pampeanos. Con la elección provincial desdoblada de la nacional, con las preocupaciones diarias que los aquejan y la sensación térmica de que está todo dicho a favor del oficialismo local, la sociedad la mira desde lejos. Ha perdido atractivo.

Hay un sabor a que el PJ va a sostener su continuidad al frente de la gobernación, y esta sensación está basada tanto en algunas encuestas que maneja el gobierno como en el desarrollo de la campaña. Esta elección se quiso provincializar, pero se provincializó lo nacional. Los temas urgentes, los que prevalecen, son producto del malestar social por la crisis económica: inflación, despidos, falta de trabajo, cómo llegar a fin de mes. Un clima nacional que ha golpeado en las urnas una y otra vez en las últimas elecciones provinciales a Macri y a Cambiemos.

Con las críticas que se le puede hacer desde el arco no peronista al antiperonista, el PJ mostró que es el único proyecto viable en tiempos de crisis. La campaña de Sergio Ziliotto no dejó dudas. Y el contexto empuja: con la debacle permanente de Macri, el peronismo ha resurgido como alternativa en el país, y eso le da además viento de cola para impulsar las elecciones locales. Lo muestran desde el crecimiento de CFK en las encuestas y lo que generó en torno a su libro hasta el contundente triunfo de Juan Schiaretti en Córdoba con el peronismo federal.

Ese mismo empuje que se observa en lo provincial se ve en las campañas locales del PJ. Luciano di Nápoli acompañado por todos los colores del peronismo santarroseño va por la renovación en la capital pampeana y Fernanda Alonso con el vernismo piquense por la continuidad, pero con la promesa de cambios en una gestión que no ha sido la más dinámica. Es el peronismo el que está al frente de las preferencias. Y sus dirigentes hasta apuestan a descontar en localidades donde gobierna la oposición: Intendente Alvear, Parera, Realicó, Victorica. Del susto de 2017 y de la zozobra de 2018, el clima hoy en el segundo piso de Casa de Gobierno es de tranquilidad.

La mochila de plomo

Cambiemos sobrelleva la “mochila de plomo” de Macri. Aceleró su campaña en las últimas semanas para descontar terreno. Sus candidatos trataron de ocultar la marca nacional y desdibujaron la alianza provincial y los radicales trataron de “radicalizar” su discurso. No hay amor en esa coalición.

Un analista del oficialismo indica al autor: “Está planchado ese voto, el candidato elegido no ha sido el mejor desde lo discursivo. Pero hay quienes se pueden sumar desde el antiperonismo o no estén manifestando un voto a esa lista por vergüenza. Desde ya, fue perdiendo caudal hacia la derecha por el tiernismo y desde el progresismo hacia el socialismo. La gente los identifica con Macri”.

En Santa Rosa Leandro Altolaguirre lanzó en esta arremetida por su reelección una serie de inauguraciones de apuro y trató de emparchar la ciudad. El interrogante para el domingo es si tres años de falta de gestión pueden ser sustituidos por algunas semanas de fotos en los medios. Su discurso contra Di Nápoli muestra que la estrategia es pegarle porque los apoyos a su continuidad no serían los suficientes.

En General Pico el macrista Martín Maquieyra tuvo que cambiar también su estrategia. Pasó del Fiat 600 rojo y una campaña de la alegría tardía a un discurso más adusto. A diferencia de los radicales, metió en la campaña a último momento a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, con el amarillo que hacía tiempo no se veía, que envió un video para respaldar al principal candidato del gobierno macrista en La Pampa.

Los que la pelean de atrás

A Cambiemos como opción también le jugó en contra el tiernismo. Que haya alternativa peronista al PJ hace crecer esa tercera fuerza, si bien su referente tiene un techo, y hace además disminuir las del campo no peronista. Paso en 2003 y en 2011, donde las coaliciones encabezadas por la UCR tuvieron sus peores performance y el independiente puso su voto a una tercera opción filoperonista. Condiciona al tiernismo que es una fuerza en la que solo cuenta en las urnas el candidato que encabeza la boleta, no tiene estructura al interior y su principal figura electoral tiene un piso importante, pero también un techo bajo.

Desde otro lugar, también le compite a Cambiemos el socialismo, crítico al gobierno nacional y a sus representantes en La Pampa. Es la opción no peronista anti-Macri que busca representar a los independientes que fueron decepcionados y golpeados por el gobierno nacional.

Detrás del Frejupa y Cambiemos, las dos coaliciones electorales más importantes, están seis fuerzas que buscan por su cuenta un lugar en la legislatura y los concejos deliberantes. Hay que ver cuáles serán bendecidos en las urnas.

El domingo 19, finalmente, se conocerá el resultado de una nueva elección provincial. La tendencia es clara. Festejarán los de siempre, la sufrirán los que apostaron a un gobierno nacional que derrapó en la actual crisis económica.

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Verna y la celebración  de las bases de  La Pampa peronista

Verna y la celebración de las bases de La Pampa peronista

Por Norberto G. Asquini

El gobernador Carlos Verna brindó su discurso frente a la Legislatura, el último que dará como mandatario de La Pampa. Recuperándose del tratamiento realizado por su enfermedad, sus palabras finales fueron emotivas, pero su contenido fue un manifiesto político de cara a las próximas elecciones del 19 de mayo.

No hay una sola lectura sobre lo dicho: desde el campo peronista en La Pampa se aplaude, y desde el campo no peronista se lo critica. Y ni siquiera así: algunos peronistas estarán disconformes, algunos no peronistas apoyarán sus palabras.

Verna se plantó nuevamente, como lo hizo durante los últimos tres años, frente al gobierno nacional del presidente Mauricio Macri. Esta vez con argumentos más que contundentes, que le dan la razón, sumido el país en la actual crisis económica a la que el macrismo no le encuentra la salida. Habló de fracaso, de una gestión sin rumbo, ineficiente, sin sensibilidad. Le pegó por donde pudo y encontró argumentos sólidos para hacerlo.

Pero por sobre todo su discurso fue la afirmación del modelo de La Pampa peronista que resalta con el “hacerse cargo”, y del “pampeanismo” que llevó adelante como política y que apuntala con el “no le debemos nada a nadie” ante Nación. Lo que considera, y no sin razón, un ejemplo dentro de la realidad política nacional. La larga lista de datos sobre la realidad (las estadísticas se pueden manejar a gusto también) y de concreciones presentes y proyectos a futuro dieron cuenta de lo que llama el estado de bienestar. Las políticas de Estado que son las bases del Estado peronista en La Pampa, que durante 36 años gobierna la provincia y que quiere extender su vigencia cuatro años más, esta vez con un sucesor de la renovación tras el cierre de ciclo de los grandes nombres de la generación del 83.

Verna contrapuso de esta manera las bases de ese complejo denominado La Pampa peronista al gobierno de Macri. Un estado de bienestar que contrasta con la actual crisis económica de una gestión liberal.

Ese estado de bienestar está sustentado en un Estado presente, con una política salarial activa, en la obra pública como motor de la economía y la promoción de actividades a través de empresas estatales, pero también con una administración ordenada (se pagan los sueldos en tiempo y con aumento), sin deuda pública y con la inversión en servicios estatales como educación y salud.

Por supuesto, desde la óptica opositora al peronismo se tendrán argumentos en contra de esa visión planteada por el mandatario. Se enumeran: alguna obra sin terminar, desprolijidades y manejos irregulares de la política como es el caso de una decena de presidentes de Comisiones de Fomento y el peso del empleo público por sobre la actividad privada. Y puede haber más.

Pero la permanencia de ese Estado peronista en La Pampa, tiene que ver con un Estado presente que se convirtió en un colchón ante la crisis económica nacional. Las consecuencias del ajuste golpean a todos lados y en todos lados, pero no todas las gestiones provinciales tienen la espalda para responder. Verna se despide del cargo fortaleciendo desde la soberanía política y desde un Estado presente una visión, y una misión, de la provincia y del peronismo.

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La política “congelada”: el 76% de los intendentes va por la reelección

La política “congelada”: el 76% de los intendentes va por la reelección

Por Norberto G. Asquini

Hay un dato inamovible en cada elección ejecutiva en La Pampa: la mayoría de las y los intendentes siempre va por la reelección, y casi todas y todos la consiguen. En los comicios del 19 de mayo el 76% de los actuales jefes comunales, 3 de cada 4, buscará un nuevo período en el cargo.

La regla es mantenerse

La renovación se va dando a cuentagotas en los municipios y comisiones de fomento de La Pampa. Es que la mayoría de los intendentes y presidentes de comisiones de fomento buscan su reelección y, casi siempre, son reelectos. El 19 de mayo serán 60 los que se presentaron para competir por un nuevo período, frente a 19 que no lo harán.

Esto es lo que llamo “;la política congelada”. En los municipios el que gana es “el que tiene la
billetera”, al decir de un dirigente del PJ. La Pampa tiene un alto índice de reelección y muy poca alternancia al frente de cada intendencia. Perpetuarse en el cargo es la regla. Se da así una preeminencia de los liderazgos locales, lo que se acentúa en las poblaciones más chicas, donde el intendente la juega “cuerpo a cuerpo” y es más difícil para la oposición, y hasta para los dirigentes de la misma fuerza política, disputarle el poder.

Un caso emblemático, pero a la vez anecdótico, es el de Carlos Grazide, intendente de Gobernador Duval desde 1983, y que va a obtener una nueva reelección ya que no tendrá contrincante, por lo que cumplirá 40 años al frente de la comuna. Uno de los más “;antiguos”intendentes del país, sino el más antiguo.

Los nombres de los que quieren quedarse

Igualmente el de Grazide es un caso muy puntual. Hay casos que da pie a los que hablan de la renovación silenciosa de la dirigencia política a pesar de las continuidades en el poder. Es que el 41% de los 60 intendentes que buscarán la reelección, que son 25 casos, lo harán por primera vez ya que fueron electos en 2015. De hecho, hay solamente uno de los jefes comunales, el polémico Hugo Colado, que está desde 1995 en el cargo, y otros dos desde 1999. Son los sobrevivientes del siglo XX junto a Grazide. El resto, 31, asumieron entre 2003, 2007 y 2011. De estos, 7 van por su cuarta reelección, 14 por su tercera y 10 por su segunda. En esta elecciones, además, hay intendentes con más de una, y hasta dos, décadas al frente de
sus comunas que también dejarán el cargo. Son los casos por ejemplo de Jorge Riera en Bernasconi, Norberto Rodríguez en Lagos, Luis Rogers en Lonquimay, José Rodríguez en Santa Isabel (obligado, al perder la interna), Oscar Flores en Alta Italia y Emilio Soncini en Villa Mirasol.

Los “modelo siglo XX” además de Grazide y de Colado son Roberto Kronemberger de Perú (PJ); y Mario Roth de Campos (Cambiemos). Los que están desde 2003 son del PJ Serafín Eberhardt de Colonia Santa María; Jorge Cabak de Macachín; Julio Gerez de Puelches; y Luis Ferreyra de Rolón; y de Cambiemos Luis Bertero de Maisonnave; Néstor González de Relmo; y Raúl Weymann de Colonia Santa Teresa.

Desde 2007 por el PJ están Ariel Mauna de Chacharramendi; Natalia Hollman de Dorila; Roberto Cincunegui de Cuchillo Co; Juan Barrionuevo de La Adela; Gustavo Cein de La Maruja; Angel Gutiérrez de Limay Mahuida; Oscar Martínez de Loventué; Mónica Valor de Luan Toro; Federico Ortiz de Miguel Riglos; y Horacio Castro de Rancul; y por Cambiemos Celestino Folmer de Mauricio Mayer; y por partidos vecinales Horacio Bono de Ceballos; Oscar Canonero de Falucho; y Hugo Kenny de Victorica.

Desde 2011 están por el PJ Oscar Gatica de Algarrobo del Aguila; Henso Sosa de Arata; Oscar
Baras de Caleufú; Angel Ré de Conhelo; Oscar Pereyra de La Humada; Rosa Eleno de Miguel
Cané; Carlos Llanos de Puelén; Pablo Lázaro de Rucanelo; y Luis Fredes de Speluzzi; y por
Cambiemos Héctor Delahaye de Anguil.

Mientras que los que asumieron en 2015 y buscan su primera reelección son por el PJ Ricardo
Delfino en Catriló; Abel Abeldaño en 25 de Mayo; Fabián Zabala en Doblas; Alejandro Stemphelet en General San Martín; Alfredo Fernández en Quemú Quemú; Saúl Echeveste en Telén; Luis Giacomino en Vertiz; Julio Clemant de Abramo; Rubén Muller en Alpachiri; Oscar Rodríguez Huarte en Carro Quemado; Sonia Luengo en Colonia Baron; Juan Carlos Pavoni en Metileo; Gustavo Pérez en Anchorena; Adriana García en Winifreda; y Carlos Antonieta en Sarah y Carlos Ferrero en Pichi Huinca que eran de juntas vecinales y ahora van por el Frejupa; por Cambiemos Leandro Altolaguirre en Santa Rosa; Sergio Arrese de Guatraché; José Gallotti en Bernardo Larroudé; Ariel Bogino en Embajador Martini; Fernando Tuñón en Quehué; y Roxana Lercari en Realicó; y de partidos vecinales Víctor Wilberger en Monte Nievas; Juan
Pablo Resio en Quetrequén; y Francisco Traverso en Intendente Alvear.

Más datos para una misma tendencia

La “política congelada”; es un término que el autor lo sigue usando en cada elección porque es un dato permanente. El análisis comparativo muestra esta tendencia: en 2007, por ejemplo, en un artículo con datos propios, se indicaba que el 45% de los intendentes y presidentes de comisiones de fomento lograron la reelección (36 casos sobre 79). Fue un año de cambios con la llegada de Oscar Jorge a la gobernación. En 2011 se incrementó al 72,1% (57 casos). Y en 2015 se mantuvo alta la tasa de reelección, si bien descendió producto de la dura interna en el PJ entre vernistas y jorgistas: el 67% (53 sobre 79) logró repetir. Otro dato que muestra las hegemonías y los personalismos locales: en la elección de 2015 apenas 4 intendentes de los que buscaban la reelección perdieron esa votación sobre 57 casos (el 7%).
Esta permanencia y la falta de alternancia no reconoce partidos. El 74% de los intendentes del PJ buscarán en 2019 una nueva reelección (42 casos sobre 57), el 80% de los radicales en Cambiemos (12 sobre 15 casos) y el 86% de los jefes comunales pertenecientes a partidos municipales (6 sobre 7).
Como los números lo demuestran, los jefes comunales locales tienen las de ganar y casi siempre quieren repetir. Puede haber una tendencia a la renovación en la dirigencia política, pero a simple vista, en la superficie no parece notarse.

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