Ziliotto, la catarata  informativa y el acento  puesto en la gestión

Ziliotto, la catarata informativa y el acento puesto en la gestión

Norberto G. Asquini

En las primeras semanas del gobernador Sergio Ziliotto, que aún no llegó al mes en el cargo, asistimos a una desenfrenada catarata de anuncios, visitas y reuniones que han mostrado una dinámica nueva, pero a la vez una densidad informativa difícil de seguir.

Ziliotto ha lanzado anuncios sobre programas y obras que pondrá en marcha, se reunió con los y las intendentes, visitó localidades donde también hubo novedades para el futuro de esas poblaciones y se sentó con todos los sectores, desde los sindicatos hasta los ruralistas y también las cooperativas. Gestos, lanzamientos y promesas que marcan las primeras líneas de una nueva gestión.

Esta catarata informativa parece competir consigo misma: en el mismo día se superponen varias noticias en la agenda del ecosistema de medios provincial. No se llega a instalar una idea, que ya la toma por asalto la próxima.

Causas de la catarata

Esta agenda tiene que ver con varias cuestiones que se superponen y potencian. Por un lado, la necesidad de Ziliotto de acumular un capital político propio. Llegó a gobernador de la mano del ex gobernador Carlos Verna y por la necesidad de una sucesión forzada que lo tuvo como el elegido al cargo. Pero también elegido por más del 52% de las y los pampeanos que vieron en él la posibilidad de un gobernador que enfrentara al modelo nacional de ese momento. A partir de ahora, hace su propio camino, debe mostrar gestión y fortalecerse en el cargo.

Por otro, tenemos la agenda nacional que también dinamiza a las provinciales. Ziliotto no ha tenido los problemas y tropiezos en los que se encuentran algunos mandatarios, como el caso de Provincia de Buenos Aires o Santa Fe, por nombrar ejemplos de quienes recién inician, en las que deben lanzar medidas para paliar la crisis y enfrentar una oposición decidida. La agenda nacional influye y las medidas que tome el presidente Alberto Fernández repercuten en la provincia. El tema de la actualización de las retenciones ha sido una. Ziliotto tuvo que intervenir y hablar frente a los ruralistas de la segmentación de las mismas.

En este sentido, habrá que ver cómo se congenia la crisis económica nacional y las medidas tomadas por el presidente con la agenda local. Cómo se compensa una mayor carga impositiva nacional, y provincial, con la necesidad política de incrementar el consumo.

Y también esa catarata informativa está en relación con una gestión que inicia y que tuvo siete largos meses de transición, en la que los elegidos para ocupar ministerios y otros cargos de relevancia en el organigrama provincial tuvieron más tiempo que en pasadas administraciones a conformar sus líneas de trabajo y ahora quieren aplicarlas. Lo que contrasta con los últimos meses de Verna en el cargo, un gobierno en piloto automático que se estaba yendo y que vivía los frenos impuestos por los tiempos electorales.

Pensar en gestión

Esta dinámica quiere mostrar a un nuevo gobierno en acción y con iniciativas. Ziliotto quiere aprovechar estos primeros tiempos para mostrar lo que pretende.

Un columnista político de un medio nacional indicó hace unos días que el futuro de los nuevos administradores de la cosa pública se definirá de ahora en más por las gestiones. Tanto en la Nación, como en las provincias, a diferencia de otros tiempos, no tendrán los nuevos gobiernos una luna de miel muy prolongada de parte de la sociedad. Eso lo vivió en Chubut el gobernador peronista Mariano Arcioni con el conflicto docente hace unos meses, y lo vive ahora el radical mendocino Rodolfo Suárez con su ley de minería contaminante. La gente ya no tiene paciencia.

La sociedad demanda respuestas. Esto es así en lo nacional con una economía en recesión, como a nivel provincial y también en lo municipal. Las primeras medidas lanzadas por el intendente de Santa Rosa, Luciano di Nápoli, y la de General Pico, Fernanda Alonso, como los anuncios millonarios en respaldo de ambos gobiernos por parte de Ziliotto, van en ese sentido. Hacer gestión marca la agenda local, y también se observa en los primeros pasos del intendente achense Abel Sabarots, quien también se ha hecho eco de los reclamos sociales y tiene un día a día marcado por una sucesión de hechos y señales a las y los vecinos frente a la devastación que dejó la administración anterior.

Las gestiones están iniciando y saben que la gente necesita que les cambien la vida. A eso está apuntando cada gobierno. Ahora inicia 2020, año que no será fácil.

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El año político: del  regreso del peronismo  a la caída anunciada

El año político: del regreso del peronismo a la caída anunciada

Por Norberto G. Asquini

El año político 2019 fue largo, muy largo, para La Pampa. En febrero se realizaron las primeras elecciones, las internas, que abrieron la agenda electoral del país. El contundente triunfo del frente peronista y después una larga espera, una transición provincial tranquila y el escenario nacional entre FF y Macri que dominó el fin de año.

La estrategia en la crisis

El PJ pampeano mostró en 2019 porqué es el oficialismo en la provincia desde 1983, extendiendo por cuarenta años sus gobiernos. Fue en parte a su estrategia electoral y política provincial, pero también porque supo manejarse, y aprovechar, el escenario nacional. En las tres elecciones que se disputaron (la provincial de mayo, las PASO nacionales en agosto y las presidenciales en octubre) logró más del 50% de los votos. La oposición, como siempre, quedó dividida y mirando los resultados con resignación.

El peronismo en el poder quedó legitimado una vez más en La Pampa en unas elecciones que marcaron la transición no de un gobernador a otro (Carlos Verna a Sergio Ziliotto) sino en lo que parece de una generación de dirigentes a otra (la de los políticos del 83 a los y las del siglo XXI). Las y los actores van pasando, pero la escenografía es la misma.

La estrategia del PJ en 2019 se modificó con respecto a otras coyunturas electorales. Fue motivado por el ajustadísimo triunfo de las legislativas de 2017 frente al macrismo y su ola amarilla, y la sucesión forzada de Verna, que a fines del año anterior había anunciado que no se presentaría a la reelección ya que debía afrontar el tratamiento de un enfermedad. Se desdoblaron las elecciones locales de las nacionales, se las adelantó (y bastante) y el PJ armó por primera vez una coalición electoral con varios partidos, el Frente Justicialista Pampeano. Se evitaba así cualquier injerencia del escenario nacional en el provincial: por un lado, la división que todavía reinaba en el peronismo nacional, por otro una posible recuperación del macrismo. Pero todo se fue desencadenando, forzado por una realidad económica y social de un país llevado a la crisis por las recetas macristas, a la unidad del justicialismo y a la debacle anunciada de todo lo que estuviera vinculado al presidente Macri.

El peronismo, una vez más

Vamos a mirar en perspectiva cada resultado. En febrero fueron las internas a gobernador del Cambiemos pampeano y del Frejupa en Santa Rosa (y en otras localidades). La derrota del macrista Carlos Mac Allister frente al radical Daniel Kroneberger sepultó las aspiraciones del PRO y marcó un estado de ánimo de la sociedad. Esa elección hizo ruido sobre todo a nivel nacional, porque fue la primera de una serie de derrotas de Macri en las provincias.

El “cisne negro” de ese domingo fue la victoria del kirchnerista Luciano di Nápoli en Santa Rosa. Fue el regreso del kirchnerismo a un lugar de poder y haciéndose espacio en la nueva configuración del peronismo pampeano.

Las elecciones de mayo ratificaron lo que se presentía, pero con un resultado aún más abultado del esperado: Ziliotto se convirtió en gobernador con el 52%, legitimando electoralmente su llegada al poder. Los contundentes triunfos en Santa Rosa y General Pico y los 17 legisladores provinciales logrados dieron cuenta de ese predominio. Cambiemos salió más airoso de lo esperado, aunque muy lejos, entre la división permanente de sus socios, la caída de la imagen presidencial y la representación provincial incómoda que tenían sus candidato de un gobierno nacional que hacía agua.

Siete largos meses

Desde el 19 de mayo al 10 de diciembre pasarían casi siete meses de transición en La Pampa. En agosto fueron las PASO nacionales, a las que el peronismo llegó fortalecido con la fórmula Fernández-Fernández y el macrismo tan cuestionado que tuvo que cambiar hasta su nombre por Juntos por el Cambio para hacer frente a esa votación.

El Frente de Todos unió al peronismo nacional y ratificó el rumbo del peronismo pampeano. De hecho, el gobernador Verna fue destacado como el hacedor de ese milagro político.

Las elecciones primarias le dieron un golpe al gobierno macrista. En La Pampa se repitió la sorpresa nacional de las urnas y el desacierto, una vez más, de los pronósticos de las encuestadoras: 50% a 32% a presidente y 53% a 35% en diputados nacionales.

De la euforia del peronismo a la remontada del macrismo se vivieron los meses siguientes. Las generales de octubre mostraron la bipolaridad entre el peronismo y el antiperonismo en La Pampa, como a nivel nacional. Fernández obtuvo el 50% y Macri el 37% en territorio pampeano. Los resultados dieron cuenta de que este predominio le sirve al justicialismo para sostener el poder y la permanencia del “Estado peronista”; pero la oposición, si bien canaliza a los descontentos, en su permanente dispersión y falta de rumbo no llega a ser una opción real para competir por el gobierno.

Lo profundo y el disfraz

La Pampa inicia un nuevo gobierno. Las autoridades electas en mayo y los nombramientos en cada gabinete, mostraron una renovación en los cuadros dirigenciales. En el peronismo tenemos el inicio de una gestión nueva y un gobernador que quiere construir su propio capital político, como también la reconfiguración del peronismo con el vernismo al mando y el kirchnerismo como aliado. En la oposición, todo parece quedar como siempre: las divisiones entre los socios, y el internismo de la fuerza central, los radicales, son más importantes que cualquier consenso.

El 2019 pareció transformar el escenario político provincial y nacional, aunque en La Pampa no parezca cambiar nada en el fondo. “Todo lo profundo ama el disfraz”, afirma Soda Stereo, y bien que se puede aplicar al escenario descripto.

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UCR-PRO y la ruptura  con menos sorpresas  de la política

UCR-PRO y la ruptura con menos sorpresas de la política

Norberto G. Asquini

“Solo se blanqueó lo que siempre ha ocurrido”, afirma un dirigente del PRO al autor sobre el nuevo distanciamiento de esa fuerza y la UCR en La Pampa, tanto en los hechos como en palabras. En los hechos porque nuevamente los diputados electos este año parece harán bloques separados, como hasta ahora. En palabras, porque los cruces de unos y otros, al menos de algunos de los principales dirigentes, no dejaron duda de las diferencias políticas y personales.

Es una alianza imposible, porque ambos no tienen piel con el otro. Pero también en lo informal sigue siendo una alianza virtual: los mantiene unidos a pesar de todo que a nivel nacional el frente ex Cambiemos-Juntos por el Cambio se mantendrá unido frente al peronismo en el poder. En la provincia la ruptura es también una circunstancia: los une un mismo electorado, un competidor a enfrentar y esa misma alianza nacional. La dinámica es separarse dos años para terminar ir yendo juntos a elecciones. Casi como en el mito de Sísifo, la piedra vuelve siempre al mismo lugar por más que la quieran alejar.

La vida los separa

A nivel nacional se está reconfigurando la coalición antiperonista, ahora la principal fuerza opositora en el Congreso. Habrá bloques separados entre el PRO, los radicales y los “lilitos”, unidos por un interbloque. Al interior de cada partido también hay disputas de poder para posicionarse hacia adelante, y que se hicieron notar en la elección de las autoridades de cada bloque. Mauricio Macri sigue siendo el principal dirigente, pero no el único. María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, entre los principales, de su tropa y Gerardo Morales o Alfredo Cornejo de los radicales, pelean espacios y liderazgos.

En La Pampa el nuevo distanciamiento se dio por una serie de malentendidos e interpretaciones que tienen como basamento diferencias de origen. Nunca pudo cuajar una alianza con mínimos consensos que pudiera construir una coalición. La oposición en La Pampa va tejiendo pacientemente su propia frustración que estalla cada cuatro años.

No hubo sorpresa en lo que pasó. Solo se blanqueó una situación que ya había ocurrido en 2015 cuando eran Propuesta Frepam y los bloques legislativos se dividieron tras la elección. Se mantuvo una situación de tensión en los siguientes cuatro años, que se disparó con la interna de febrero de este año. En medio, nunca hubo interés entre ambos de unidad.

Rupturistas y consensos

En los últimos días se intentaron los primeros acercamientos para ver si se iba a conformar un solo bloque de Juntos por el Cambio-ex Cambiemos, o como se quiera llamar ahora esa alianza en el posmacrismo. Se quería encontrar una fórmula: el PRO pretendía un solo bloque y el radicalismo un “interbloque”, o sea en lo formal bloques separados que coordinan proyectos y posturas frente al PJ. Como lo tuvieron en 1999 con el Fregen en tiempos de la Alianza.

El problema son las palabras. Hubo una reunión de radicales en Guatraché promovida por los “rupturistas” con el PRO. Se dijeron cosas. Y no cayeron bien en el macrismo que enseguida disparó contra cualquier acuerdo.

Los medios se hicieron eco de los rupturistas cuyas palabras resonaron más fuerte. Pero hay distintas posturas al interior de los y las radicales. Están los más críticos a la alianza con el PRO, y están quienes pretenden construir acuerdos mínimos. Están los que quieren bloques legislativos unificados, como en General Acha o General San Martín (en Acha con intendente radical, en San Martín con uno del PRO), o bloques separados, como en Santa Rosa o en Guatraché, punta de lanza del rupturismo (justo en tierra donde Macri gana y gana). Depende de cada realidad. En medio, dirigentes de sectores minoritarios que torpedean con sus declaraciones cualquier acercamiento al no tener la responsabilidad de construir puentes.

Internismo y justificaciones

Pero, ¿cómo conformar una coalición con otro partidos cuando hacia adentro el internismo es una fuerza movilizadora de rencores y disputas dentro de la UCR? “Poli” Altolaguirre disparó contra los radicales que ocupan lugares de la oposición en organismos estatales. Por supuesto, le apuntaba a un torrobista. En General Pico Patricia Testa renunció a su banca por cuestiones personales y por la mala relación con otro concejal de su mismo partido, y ahora los no torrobistas quieren expulsarla.

La falta de autocrítica (Altolaguirre después de tres años de una presidencia en la que la UCR solo tuvo pérdidas, afirma que todo es culpa del PJ) y el germen del internismo (los radicales son minoritarios en Pico frente al PRO y ahora quieren expulsar a la dirigente mejor posicionada) recorren las filas radicales. El debate interno tampoco se armoniza porque si bien hay dirigentes de peso político, no hay líderes que aglutinen consensos. Solo pertenecer a un partido orgánico ha evitado el estallido.

En el PRO hay también diferencias internas. Pero hay figuras que concentran las decisiones como “Colo” Mac Allister (sin cargo y sin hacerse ver mucho, pero presente) y el diputado Martín Maquieyra en el norte, con base en General Pico, y un bloque en diputados más homogéneo que el anterior.

A esta altura de la columna, y después de analizar la situación, un dirigente radical advierte que “no somos los únicos divididos o con problemas, el peronismo también los tiene”. Hay una diferencia sustancial que da por tierra con las justificaciones: el peronismo tiene el poder que ordena y disciplina. La lógica de “el que pierde acompaña”.

Queda claro que los opositores que quieren construir, y que los hay, de un lado y del otro, se encuentran con que enfrente (o mejor dicho, a su lado) están los que dinamitan con sus palabras cualquier posibilidad superadora. Sísifo en el mito es el héroe absurdo, por más voluntad que ponga, nada va a cambiar en su vida. Ese parece ser el estado que arrastra la oposición al PJ desde hace años.

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El ziliottismo naciente  y la búsqueda de  la épica propia

El ziliottismo naciente y la búsqueda de la épica propia

Por Norberto G. Asquini

Los gabinetes inaugurales sirven para reflejar las continuidades o los cambios en el rumbo de los nuevos gobiernos con respecto a los salientes. El anunciado por el gobernador electo Sergio Ziliotto, si bien tuvo poco de factor sorpresa ya que se conocían la mayoría de los nombres de los ministros, da cuenta de la continuidad con la gestión vernista, con un condimento de renovación.

Los gabinetes del PJ pampeano han sido el reflejo de su predominio en la política provincial. El criterio de su integración desde la década del 90 ha sido el peso partidario más que la compensación a otros sectores o la ampliación de alianzas. Los gobernadores han elegido principalmente personas de confianza o de su círculo íntimo, con conocimiento de las áreas que van a ocupar.

Con una elección ganada con el 52% de apoyo, que legitima electoralmente al nuevo mandatario, y con la garantía de Carlos Verna como actor central, Ziliotto conjugó en su gabinete históricos funcionarios vernistas con el enroque, rotación y ascenso de funcionarios integrantes del “Club de los 40” y la incorporación de nuevos “técnicos”. Si Verna en 2015 compensó luego de una interna a algunos sectores más allá del núcleo de ministros vernistas, esta vez se privilegió un equipo de gabinete todavía más homogéneo. A pesar de las malas caras de otros sectores.

El ojo puesto en mañana

¿Cómo mira la sociedad al nuevo gobierno de Ziliotto? El ojo está puesto en qué se va a hacer, pero también en qué se va a mantener. ¿Será más de lo mismo o un salto adelante? En una provincia de certezas políticas, donde la continuidad es estructural, hay que tener en cuenta qué fue lo que votaron las y los pampeanos: mantener y defender lo conseguido, sostener la gobernabilidad. Para quienes votaron por el PJ, esa certeza da tranquilidad, para la oposición resignación al no cambio.

Los liderazgos peronistas siempre combinaron novedad y tradición. Es lo que se llama pragmatismo. El gabinete de Ziliotto encarna el corazón del vernismo como línea predominante del justicialismo y la continuidad de La Pampa peronista. Pero también es el primer gobernador del ciclo pos generación del 83. De ahí que más allá de las permanencias, tiene ante sí el desafío de ser la transición hacia otra época política en La Pampa. Ahí estará la búsqueda de una épica propia como ismo embrionario del PJ, más allá de mantener lo dado.

La nueva agenda del peronismo

Las únicas manifestaciones en contra del gabinete fueron de sectores feministas y de derechos humanos, militantes en la agenda del cambio de políticas. La permanencia y continuidad del peronismo, el histórico o tradicional, en los últimos 36 años es un hecho en La Pampa. Pero esto no significó estancamiento. Durante la década larga del kirchnerismo en el poder, hubo cambios en su interior. Así como los gobiernos kirchneristas lograron conjugar la agenda social del peronismo con la de los “nuevos derechos” del siglo XXI , el justicialismo local no quedó ajeno a estos avances adoptándolos como propios. Aún de aquellos sectores que quedaron enfrentados al kirchnerismo como el vernismo, que los incorporaron a la agenda política y pública en los últimos años, sobre todo frente al macrismo en el poder.

Hay políticas de estado en La Pampa que son inamovibles como la defensa de los recursos hídricos, en clave de derechos ambientales. Hubo también en materia de género avances como la conformación de una Secretaría o la ley de paridad en cargos legislativos. El apoyo de Ziliotto como diputado a la despenalización del aborto, justamente hoy el próximo gobernador, es una muestra de esos cambios. Pero también se debe observar que el avance de las mujeres en los lugares de primera línea es una construcción política permanente frente a estructuras patriarcales y no algo dado por el solo hecho del género.

En materia de derechos humanos esos avances se reflejaron en la creación de un área o el respaldo activo a los juicios contra delitos de lesa humanidad en La Pampa. Las críticas al funcionario que ocupará la subsecretaría por su participación en una gestión puntual se nos aparece anecdótica. El responsable del área en la próxima gestión será el propio ministro, que además amplió la estructura de DDHH para abarcar una mayor cantidad de casos.

Hay una tensión permanente entre discursos y prácticas, y entre prácticas políticas tradicionales y prácticas con perspectiva de género. El próximo gobierno deberá mostrar cómo resuelve esa tensión en sus acciones y decisiones.

Maquiavelo afirmó en su obra que la fórmula del príncipe para elegir a sus secretarios es que deben ser capaces y fieles. Ese es el comienzo de un buen gobierno. Bajo esta premisa, sucinta y contundente, es que, finalmente, debemos evaluar la composición del próximo gabinete.

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El viento de la polarización  arrastra a todos en la  política pampeana

El viento de la polarización arrastra a todos en la política pampeana

Por Norberto G. Asquini

Los resultados de las elecciones de octubre mostraron que la bipolaridad llegó para quedarse a la política argentina en forma de coaliciones. Dos bloques que se enfrentan, y enfrentarán. En La Pampa el largo año electoral dio cuenta de esa tendencia, pero con un dato concreto: todavía el peronismo domina con comodidad el escenario de las ejecutivas y la oposición lo sigue de lejos.

El votante independiente es cada vez más independiente, al menos en las ciudades principales de la provincia, y hace valer su voto. Sin embargo, el desdoblamiento de los comicios pampeanos entre provinciales y nacionales mostró que las y los votantes pampeanos se comportan en bloque. La polarización nacional entre peronismo y antiperonismo se traslada a la mayor parte de la geografía política argentina y repercute sobre todo en las provincias del centro. En La Pampa, la polarización fue alta entre la coalición que encabezó el PJ y la que tuvo como principal fuerza a la UCR: en mayo el voto de ambas sumó el 84,4%, en las PASO el 82,8% y en las generales de octubre el 87,7%. No hay lugar para terceros.

Sin embargo, ocurre un fenómeno que se observó este año que se dividió en dos turnos electorales: en las ejecutivas la mayoría tiende a votar la gobernabilidad y continuidad del peronismo, y los votantes de la oposición al PJ se disgregan en varias opciones más allá que tenga una principal. Y en las presidenciales y legislativas nacionales el voto opositor se congrega en el polo antiperonista, aunque igualmente hay un claro ganador: más del 50% adhirió a la lista del peronismo.

La tendencia nacional

La Pampa fue parte de una tendencia que surcó toda la franja centro del país: surgió un votante que en octubre le dio su respaldo a la boleta de Macri, no porque fuera bueno su gobierno, sino porque estaba en contra del kirchnerismo. Igualmente, el Frente de Todos, el peronismo, ganó en primera vuelta y por el 48% de los sufragios. No fue por diferencias de casi 20 puntos como algunos pronosticaban. Macri, a pesar de pasar su peor momento económico, pudo salvar la ropa subiendo varios puntos más a los que obtuvo en las PASO. Por un lado, el castigo se hizo notar contra el gobierno macrista y fue contundente; por otro, para resguardo institucional, el gobierno de Alberto Fernández tendrá una oposición unificada con la que deberá hacer equilibrios.

El politólogo Facundo Cruz analizó que la distribución geográfica del voto fue prácticamente calcada entre las PASO y las presidenciales. Los votos totales crecieron pero las proporciones se mantuvieron. Y también fue calcada la distribución regional del voto (metropolitano vs periférico). En 2015 el FPV se estancó entre una elección y otra, igual que el FdT en 2019. Cambiemos/JxC creció mucho entre agosto y octubre en ambas regiones (más aún en 2019). Pero no le alcanza: PJ unido deglute tercera vía, afirma.

Y nos da otro dato con estadísticas: se confirma como tendencia en el proceso electoral de este año, tanto a nivel nacional como provincial, el bicoalicionismo, la manifestación electoral de la polarización.

Ejecutivas versus legislativas

Estas son conclusiones entre las PASO de agosto y las presidenciales de octubre, si bien el voto fue lineal: los apoyos iban a la boleta de presidente y vice y arrastraban a la de diputados. Casi no hubo corte. Ahora, comparemos las elecciones provinciales y las nacionales. Dos extremos de un largo año.

El dato de octubre fue la extrema polarización que arrasó con el resto de la oferta electoral entre Fernández-Fernández y Macri. Fue una elección histórica para el peronismo de La Pampa que llegó a los 111 mil votos (50%), y superó a los resultados de mayo que también habían sido contundentes llegando a 107 mil votos y el 52%. El triunfalismo del peronismo tras las PASO, de hecho CFK se comenzó a mostrar más, hizo surgir cierto “votante ausente” en la oposición. El voto peronista se mantuvo,  y hasta creció. Pero la oposición sumó  a quienes no habían asistido en las primarias, habían sufragado en blanco o apoyado a otras listas: pasó de 64 mil votos en mayo (31,8%), a 68 mil en agosto (32,8%) y a 83 mil en octubre (37,7%).

Las ejecutivas son ampliamente ganadas por el peronismo, que este año estuvo intratable; mientras que las legislativas es terreno más fértil para la oposición. Sin embargo, en las ejecutivas, que son las que valen, se fortalece el PJ, y en la oposición se dispersa ese voto sacándole competitividad.

Vamos a los votos locales

El voto de Santa Rosa fue más K y más anti-Macri. Esta vez la campaña fue puerta a puerta. “El voto se sostuvo y creció en los barrios, donde hay más necesidades que en Pico y el peronismo siempre llega hasta ahí”, indicó uno de los “coroneles” de la campaña del PJ. Si en mayo para gobernador se alcanzó los 33 mil votos, en octubre se logró 38 mil. Santa Rosa y Toay se han convertido en el núcleo del voto peronista en La Pampa.

Donde la oposición mostró su mejor cara fue en General Pico. En mayo el PJ había obtenido 18.300 mil votos a gobernador, y ahora estuvo en 17.800. Apenas bajó. Pero mientras en mayo la oposición se fragmentó restándole fuerzas, y muchas, a Cambiemos (11.100 votos), esta vez se unió ya refractaria al kirchnerismo detrás de una lista y apoyó a Macri alcanzando los 16.400 votos. Si no hubiera sido por Roberto Lavagna que obtuvo unos cuántos apoyos, 2.900, podría haber sido otra la historia local para Juntos por el Cambio. El resultado igual no le gustó al gobernador Carlos Verna porque apenas estuvo 3 puntos arriba en su bastión. Hubo quienes achacaron el resultado a los que “no militaron” arrastrados por el triunfalismo que dejó la primaria o porque en esta larga transición de gestiones no hubo referencias. Sin embargo, hay que matizar: al calcular mayo y octubre, el peronismo mantuvo el nivel de votos.

La polarización y las coaliciones ya son un sello del escenario político nacional. Y también del provincial: por primera vez el PJ fue cabeza de una alianza y la oposición suma cada vez más partidos en su frente, más allá de la frustración de las urnas. La política pampeana se va tiñendo de las tendencias nacionales.

 

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