Verna reniega de  la Liga y busca  más federalismo

Verna reniega de la Liga y busca más federalismo

Por Norberto Asquini

Mientras algunos gobernadores peronistas están armando su Liga, necesitados de un espacio común que enfrente la fragmentación interna del PJ y los desafíos que encaran frente a la gestión del presidente Mauricio Macri, el pampeano Carlos Verna busca su propio camino apostando a un mayor federalismo y promoviendo un acuerdo con mandatarios como el sanluiseño Adolfo Rodríguez Saá.

El miércoles 17 ocho mandatarios provinciales peronistas, y un vice, se reunieron en la Casa de Entre Ríos en Buenos Aires para reeditar la Liga de Gobernadores del PJ. Un dato para la interpretación periodística es quiénes fueron los que estuvieron, y otro quiénes no asistieron.

Esta Liga viene intentando conformarse desde hace tiempo, pero hasta el momento los intereses de cada gobernador llevaron a que solo hubiera alianzas circunstanciales. Ahora, nueve mandatarios buscan un espacio que los contenga y les de mayor representatividad. El encuentro fue impulsado por los gobernadores de los dos principales distritos que gobierna el peronismo: Juan Schiaretti de Córdoba y Juan Manzúr de Tucumán. El resto de los que asistieron fueron los mandatarios de Entre Ríos, Tierra del Fuego, Chaco, Misiones, La Rioja y Catamarca y el vice de Santa Cruz. Nueve de las dieciséis provincias que son gobernadas por el peronismo. El periodista Julio Blanck, pomposamente se refirió a que buscan refundar un polo de poder importante colocándose “lejos de CFK, a la que consideran parte del pasado, pero a la vez toman distancia de los avatares en la PBA”. O sea, “desconurbanizar” un poco al peronismo.

El otro camino a tomar

Verna no fue a la reunión. “No fue invitado, pero ya saben que no iba a ser parte todavía de ese grupo”, indica un vocero de su entorno. ¿Qué buscan los gobernadores de la nueva Liga? Frente a la administración de Macri un trato igualitario en el reparto de los fondos, prometiendo gobernabilidad, y frente al peronismo contener la dispersión y ser un polo desde el que se organice el movimiento justicialista de cara a 2019. Contrapesar el poder económico de PBA y CABA, gobernadas por el PRO, y ser actores principales del peronismo, cuya centralidad parece pasar por la interna bonaerense, y la disputa entre intendentes que no encuentran su rumbo a la espera de que CFK defina si es candidata o no y así despeje el horizonte.

Verna despliega su propio juego: coincide en que se debe apoyar la gobernabilidad del país y en que hay un reparto desigual de fondos desde Nación, pero se diferencia en que las provincias no deben caer en el endeudamiento al que son aconsejadas por la Casa Rosada porque las hace Macri-dependientes. Si los ocho mandatarios de la Liga se unen para negociar mejores condiciones ante el presidente, Verna va a discutir con Nación desde la confrontación “porque por las buenas nunca nos han dado nada”.

Verna busca su lugar en el peronismo y uno de los primeros pasos para marcar la cancha a los propios va ser profundizar la postura que tomaron las provincias peronistas con una demostración de mayor federalismo. En ese sentido, cuando arribe de Dubai el próximo fin de semana, se juntará con el gobernador de San Luis, Rodríguez Saá, con el que comparte visiones y posturas similares, para fijar estrategias concretas ante lo que observa como “una falta de verdadero  federalismo en el país”, acota el funcionario vernista consultado con gesto adusto sobre lo que piensa el mandatario.

La realidad según quien la ve

Los gobernadores se han convertido en el único factor de poder que quedó tras la avalancha macrista, afirma el analista Mauricio Maronna. Y pueden cotizar en el escenario político porque parte de la fortaleza de Macri se debe hoy a la fragmentación interna que hay en el PJ.

Pero hay posiciones diferentes entre los mismos mandatarios. Los ocho, más el vice de Santa Cruz, que se reunieron el miércoles pasado están fuertemente endeudados con Nación. Las necesidades los une para reclamar más fondos, pero siempre negociando. Verna, Rodríguez Saá y el formoseño Gildo Insfrán no están atados a la caja macrista ya que no tienen una situación financiera apremiante, por eso tienen una postura autónoma y son el “dura” frente a Macri. Los tres parecen haber sido dejados de lado por los “liguistas” por este último motivo. El salteño Juan Manuel Urtubey hace su juego, con un alto perfil, el chichoneo con Macri y sus ambiciones presidenciales. Río Negro y Chubut se desmarcan del PJ y tienen su propia relación con la Casa Rosada ya que también necesitan de los fondos nacionales.

Verna observa un peronismo dividido y tironeado por distintas fuerzas e intereses que no logra recuperar su poder desde la fragmentación y el difuso rol opositor al que lo arrojó la derrota del kirchnerismo y la victoria del macrismo en 2015. Marca una prudente distancia con el resto, pero apuesta por más. Como ha sido en otras oportunidades, volvemos con una metáfora futbolera: Verna ya no se contenta con marcarle la cancha a Macri, sino que también lo hace con sus pares.

 

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Márgenes y espesor  de la polarización  en La Pampa

Márgenes y espesor de la polarización en La Pampa

 

Por Norberto G. Asquini

 La realidad política parece hacernos presa de la polarización. Y La Pampa, en esto también, no es una isla, utilizando el latiguillo pampeano, rara metáfora en una provincia que pelea por su río robado. La polarización parece impregnarlo todo. A nivel nacional, descartada la gestión como eje ganador para las elecciones legislativas, Cambiemos parece optar por esa estrategia para confrontar, además de apostar a la fragmentación del campo opositor. Y la provincia no escapará al eje estructurante -el conflicto, el clivaje- que tendrá el próximo escenario electoral: Macri sí o Macri no. El resto es retórica.

¿Pero qué polarización encontramos en tierras pampeanas? La grieta en La Pampa ha tornado en una variante más autóctona. Con un peronismo tradicional -¿ortodoxo, pejotista, convencional?- en el poder, el kirchnerismo se disgregó, aunque todavía exista. De esta manera, la polarización en versión pampeana enfrenta al peronismo contra la nueva ceocracia, bajo la mirada de los primeros; o al viejo populismo contra Cambiemos, desde la óptica de los segundos. Entre ambos, un páramo que es difícil medir, cuantificar.

De un lado, el frente anti

Igualmente hay que buscarle los márgenes a esa polarización, que empuja al agrupamiento, que tiene un alto grado de pragmatismo más allá de las convicciones. Uno de los polos es el del Partido Justicialista, que parece querer contener a todo el espectro peronista. Un arco que va desde el camporismo en el PJ hasta los partidos del massismo. El peronismo, hay que decirlo, obra milagros. Y la polarización ha tenido un valor instrumental para que todos acerquen posiciones. El gobernador Carlos Verna, gran sintetizador en enunciados de densas realidades políticas, afirma que es la batalla “contra los que destruyen el trabajo”.

En esa coalición del no a Macri, a Rubén Marín, el tradicional caudillo peronista, promueve alianzas, pero no quiere saber nada con abandonar el sello PJ. Tiene malos recuerdos del kirchnerismo. Las nuevas generaciones tratan de hacerle entender que la política pasa por las coaliciones, y que el sello FPV era impuesto por CFK mientras que un frente justicialista en La Pampa sería mostrar amplitud más allá de las fronteras pejotistas.

Del otro lado, del sí al ni

En el otro extremo de la polarización, la oposición intenta buscar una fórmula que sintetice su fragmentación y disimule sus contradicciones. Aunque haya quienes intentan escaparle a la figura de Macri como referencia nacional.

El PRO y sus aliados son la cara del macrismo, y de Cambiemos. La posibilidad de que Javier “Colo” Mac Allister vuelva a ser su candidato los fortalece y esa perspectiva provoca escozor en un radicalismo que conserva territorialidad pero se sabe acechado por el PRO.

Vamos al ni. El radicalismo intenta maniobrar para no quedar atrapado en una postura incómoda: ser los representantes del macrismo en La Pampa. Son los convocantes de una alianza electoral forzada por las circunstancias que se sabe de corta vida. Un dirigente radical de fino análisis afirma al autor: “Es un matrimonio por conveniencia, más necesidad de poner en marcha la calculadora para ganar, que convicción por defender al gobierno nacional”. Los radicales pusieron en marcha la estrategia de la ambigüedad: quieren provincializar la campaña electoral para encabezar la oposición y sumar todas las fuerzas posibles, pero la elección está nacionalizada. Promueven la “gran alianza” opositora al PJ, con el objetivo de ganarle Verna, como justificación, argumento, atajo o consuelo. Pero será una lista que represente al gobierno nacional, se llame Cambiemos o no. De ahí su incomodidad y un discurso culposo.

El MID es otra fuerza que utiliza esa misma argumentación: estar todos juntos en una alianza para no hacerle el juego al PJ pampeano, aunque integra a críticos a Macri. El Fregen, es otro que se allanó a ese discurso: enfrentará al macrismo, pero dentro de una alianza con ellos.

Los caminos alternativos

Y están los caminos alternativos, los que toman aquellos tironeados por esa polarización que los involucra, entre el PJ y la oposición, quedando condicionados por propios y extraños para que definan de qué lado están. Son los que apuestan a sortear en las elecciones la lógica binaria. El socialismo ya dijo que no quiere un frente con el macrismo, despertando el malestar de la dirigencia radical. Sin el socialismo, observan que queda renga políticamente la coalición que se quiere tejer, aunque se concrete en los hechos. Una posición que está más cerca del PJ de la que hoy toman sus históricos aliados.

Nuevo Encuentro está entre ser el representante del kirchnerismo en la provincia, y a la vez en la incómoda situación de no hacerle el juego al gobierno nacional fragmentando al peronismo. Llamó a conformar un “frente de la oposición al macrismo” -seguramente más dirigido a que los sectores K peronistas se animen y salten el charco que al propio PJ-. Igualmente se sabe de difícil concreción la propuesta. El PJ lo ha tenido como su más duro contendiente en la Legislatura principalmente resistiendo su política de seguridad y a la hora de hacer su frente anti-Macri no los ha llamado. Nuevo Encuentro por su parte tendría sus condiciones para integrar una alianza que el PJ no podría cumplir, y tal vez no quiera hacerlo.

¿Hay vida más allá de la polarización?

Un funcionario justicialista consultado afirma detrás de su escritorio que el escenario electoral estará fuertemente marcado por la polarización. El resto serán perdedores. Las tendencias históricas de las elecciones legislativas muestran otra cosa: una mayor dispersión y volatilidad de los votos. ¿Hay otra vía aparte de esa visión binaria?

El periodista Fabián Bosoer publicó que los especialistas indican que hay una porción nada menor del electorado que no quiere quedar atrapada en  “la grieta”. Las estimaciones hablan de un 25/30% de votantes fieles al kirchnerismo y otro 25/30% que se inclina por Cambiemos en Buenos Aires. El 40-50% restante no reconoce pertenencia a ningún espacio político y define su voto según el escenario en el que se encuentre al momento de sufragar. Ese segmento definirá el resultado de la elección. Sobre esa “ancha avenida del centro” trabaja el Frente Renovador, mientras que Cambiemos y el peronismo -o el kirchnerismo- tratarán de convertirla en dos veredas enfrentadas sin un tercer espacio.

En territorio bonaerense, Sergio Massa parece haber quedado encerrado, aunque la peleé, entre el gobierno de Cambiemos y un peronismo que día a día intenta recuperar fuerzas. Frente a las dificultades discursivas de Massa, los otros dos “tienen un relato firme para enfrentar la lucha ideológica de las próximas elecciones”, indica Joaquín Múgica Díaz.

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UCR-PRO: las grietas,  la ambigüedad y las  recetas nacionales

UCR-PRO: las grietas, la ambigüedad y las recetas nacionales

Por Norberto Asquini

 El frente “de toda la oposición” pampeana que propuso la UCR es un laberinto político tan enmarañado que solo se podrá resolver por urgencias o presiones electorales. Por ahora esa invitación no parece cerrarle a los demás invitados. Las dos fuerzas principales, radicales y el PRO, quieren una alianza por distintas razones, de la que ambas piensan beneficiarse, pero con fórmulas electorales muy diferentes. La UCR, que lanzó la piedra, pretende un frente de carácter “provincial” bajo el nombre Propuesta Frepam. El PRO quiere Cambiemos, que sea coherente con la alianza a nivel país, ya que será una elección nacional, y con el propósito de esa alianza: apoyar al presidente Mauricio Macri. El nombre es y no es lo mismo, implica quien conduce la oposición y quien impone las condiciones para las listas.

La UCR agita la necesidad de un “frente de todos” contra el PJ, para no dejarle margen de maniobra al PRO. El PRO dice que no competirá si no es como Cambiemos. Entre sus aliados el MID sostiene esa idea. Del otro lado no está tan fácil y la grieta para el acuerdo se agiganta: el socialismo, principal aliado del radicalismo, ya dijo que no irá con el PRO con el que no coincide a nivel nacional. Ya tiene lista armada y avanza porque tiene tomada esa definición. El Fregen sostiene, al menos públicamente, algo similar. El GEN fue convocado, pero ya había zapateado contra la UCR cuando se juntó en 2015 con el macrismo. La UCR usó hasta al massismo para hacerle la convocatoria al PRO, cuando sus fuerzas están negociando con el PJ.

La ambigüedad política

La UCR empuja a una alianza con el PRO por las necesidades y los intereses de sus dirigentes. Anular competidores, encabezar la lista o lograr una alianza que pueda llegar a mezclar ambas fuerzas en una lista para tener apoyo de Nación son algunas de las razones. La convicción no tiene demasiada fuerza en esta maniobra.

Francisco Torroba debe renovar su banca para continuar como referencia máxima del no peronismo, a pesar de las resistencias de parte de los dirigentes de la UCR que esperan que tenga un traspié, y tenerlo al PRO en un frente le quitaría competitividad. Martín Berhongaray, uno de los más interesados en la alianza, sabe que esta elección es una oportunidad para dar un salto y que es ahora. Juan Carlos Marino, otro impulsor de la alianza que quiere presentarse en 2019 como candidato a gobernador, es cultor ese doble discurso: enfrentar al PRO en la provincia, apoyar a Cambiemos y a Macri a nivel nacional. En la UCR todos juegan a no perder.

Por eso los radicales están atrapados en la contradicción permanente de ser y no ser que agita su debate interno, más allá de que estén de acuerdo con la alianza. Afirman que el frente propuesto en La Pampa es de carácter provincial, pero la elección será nacional y el eje de la campaña será un plebiscito a la gestión Macri. Aseguran que están con Cambiemos a nivel nacional, pero no quieren apoyar al presidente bajo esa denominación en el territorio. Intentan despegarse de un gobierno nacional del que son parte, sin embargo los votantes verán a sus candidatos como representantes de esa gestión. ¿Cómo harán para marcar esa distancia? ¿Cómo explicar en la campaña que “tienen diferencias con Macri”? ¿Por qué un votante que apoya a Macri se volcaría por una lista radical teniendo una lista amarilla enfrente? Ese es un punto a favor del PRO y su lista: serán los representantes de Macri en La Pampa, tendrán todo el apoyo del presidente y sus funcionarios y los recursos de Nación. Y hasta serán los que usarán la polarización con el PJ, y el PJ con ellos.

Las recetas amarillas

El autor de esta columna consultó a uno de los operadores del Ministerio del Interior cómo ven este frente desde el microcentro porteño. El titular de la cartera, Rogelio Frigerio, es parte de la mesa chica. Pero el armado político del PRO, y Cambiemos, lo ejecutan el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. Peleados, distanciados por sus perfiles y metodologías, los dos dirigentes ahora sellaron sus diferencias de cara a la campaña. De esa mesa salen la estrategia nacional, que en cada distrito está condicionada por la realidad territorial de cada provincia.

La orden que bajó de la mesa chica fue armar Cambiemos en todo el país, la marca electoral de Macri. ¿Se evalúa un plan B? De haber alianza en La Pampa, el PRO quiere competir contra el radicalismo con una lista pura del macrismo. En el radicalismo se pretende una lista de unidad entre ambas fuerzas que sea encabezada por un hombre de la UCR.

El macrismo interpreta que el candidato en las elecciones legislativas será Macri y su gestión, como ocurrió en Provincia de Buenos Aires donde va acompañado por la figura de la gobernadora Vidal, y que los nombres que integren la lista no importarán demasiado como tampoco la cuestión de su conocimiento. Pero una de las recetas que están pensando en las últimas semanas es hacer jugar en los distritos más complicados a figuras del gabinete. El diario La Nación, nuevamente, mencionó días pasados que harían “bajar” a La Pampa a su principal referente, el secretario de Deporte Javier “Colo” Mac Allister. Una decisión que resiste el funcionario, pensando en su cargo y en las posibilidades políticas en 2019. “Lo que definan en la mesa será lo que se ponga en marcha”, indica el interlocutor.

De haber alianza UCR-PRO, ¿se habilitará una interna? La segunda de las recetas que están aplicando en Cambiemos es la “lista de consenso”, como en Provincia de Buenos Aires, por nombrar uno de los distritos. Una negociación para que encabece un candidato de una de las dos fuerzas, el que mejor mida, condicionado a un acuerdo con el otro partido para 2019. ¿Habrá un candidato radical en el primer lugar en La Pampa? ¿Buscará Torroba, a pesar de todo, ser el candidato de la unificación? Esto tiene una contra, es muy difícil un acuerdo atado a 2019. Casi una eternidad en tiempo tan líquidos.

De concretarse una alianza entre UCR-PRO, será un acuerdo muy forzado por las necesidades de ambos. Los dos sectores políticos son el agua y el aceite. Cualquier sociedad entre ambos términos es electoral y termina el 22 de octubre a la tarde, si no antes. ¿O acaso después comenzarán a trabajar juntos en la Legislatura o en los concejos donde ambos tienen representantes?

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Peronizando: el  “paraíso perdido” y la  repatriación massista

Peronizando: el “paraíso perdido” y la repatriación massista

 

Por Norberto Asquini

A contramarcha de la crisis nacional del peronismo, en La Pampa el justicialismo parece haber cerrado filas detrás de la lógica del “todos unidos triunfaremos” para las elecciones legislativas de este año. En territorio pampeano hubo una bajada de línea para unificar posiciones en torno a la gestión del gobernador Carlos Verna y en abierta oposición al presidente Mauricio Macri. En esa estrategia, que lo tiene al mandatario provincial como eje, el peronismo intentará sumar todo lo que pueda: no solo a las distintas líneas internas, cada una con su “ismo”, sino también una amplia franja que va desde el massismo hasta el kirchnerismo de La Cámpora, desde un peronismo disidente hasta viejos enemigos durante la era K.

De un lado, y del otro 

¿Es posible esa heterogénea gran alianza? El peronismo pampeano tiene su lógica interna, no es monolítico y se asemeja a una coalición de líneas. Por eso puede lograr la suma de otros espacios. Por el lado de La Cámpora, menguado su lugar tras las derrotas sufridas en 2015, fuentes del gobierno indican que se han plegado a esa estrategia para contener a todos los sectores y que sus dirigentes, fieles al estilo que cultivan, habrían recibido una orden nacional en ese sentido.

Por el lado del massismo es más complejo. La alianza con ese sector sellaría la “repatriación” de los peronistas disidentes. Hubo conversaciones de Verna y el presidente del PJ, Rubén Marín, con ambas vertientes, la del Frente Renovador del diputado Darío Hernández y la de Pueblo Nuevo, de su par Daniel Robledo. Ambas negociaciones van por separado, ya que la relación de los ex socios massistas no quedó nada bien. Y esa disputa pesa también en los acuerdos.

Hay pretensiones de ambos massistas de que se haga un frente entre los partidos, idea que barajan algunos dirigentes del PJ. Otros justicialistas piensan que frente al peso político de cada uno, es mejor que adhieran a la boleta del justicialismo como extrapartidarios. Hernández piensa que su espacio debe integrar la lista de diputados nacionales para que quede refrendada esa alianza, Robledo que se debe abrir el Poder Ejecutivo a los posibles socios como signo claro de integración. Ambos massistas ya coordinan con el gobierno de Verna y son opositores al macrismo.

El lugar de las provincias peronistas

Verna además se ha adelantado a los tiempos preelectorales. Cuando todavía en la oposición pampeana no se define si habrá alianza entre la UCR y el PRO, o irán ambas fuerzas por separado, el mandatario ya tiene su precandidato a diputado nacional. El elegido es el legislador provincial Ariel Rauschenberger. La idea es equilibrar la lista frente a todos los sectores internos mayoritarios del PJ, homogeneizar las posturas con un candidato sin mayores resistencias -aunque haya descontentos-, tener una lista competitiva en la capital provincial -ciudad que le ha sido esquiva al partido- y frenar las pretensiones que se podían desatar por el primer lugar. Una estrategia que marca rumbo aunque también tenga sus puntos débiles.

La unidad de acción del Partido Justicialista pampeano contrasta con un panorama nacional de fragmentación, la falta de un liderazgo definido y la permanente búsqueda del rol opositor del peronismo frente al gobierno de Macri.

Como destaca el politólogo Steven Levitsky en El Estadista “los peronismos provinciales son el bastión del peronismo, quizás más que nunca. Son la fuerza sobre la cual puede recaer el partido nacional para producir un nuevo líder con atractivo nacional”. La Pampa, si bien es una provincia “chica”, parece marcar cómo debe ser el camino.

Es que el único factor de poder que quedó en pie después de la caída de 2015 han sido las gobernaciones. El politólogo Andres Malamud afirma que a las riendas del partido se llega desde la periferia. Por eso cada líder provincial es un “jinete in pectore”. Y por eso también, no hay nada más central que un gobernador peronista ni nada más periférico que un peronista porteño. Esto lleva a que los justicialistas bonaerenses están siempre indecisos, como boyando en el medio de una avenida que no conduce a ninguna parte.

El termómetro bonaerense

El diputado Espartaco Marín participó en Tucumán de una reunión nacional de titulares de bloques legislativos del PJ, un termómetro de la situación nacional. “Todos miran Provincia de Buenos Aires para ver cómo llegamos a 2019”, resume. La dispersión justicialista en PBA solo se va a contener con un claro ganador, y no parece que lo vaya a haber este año. Con una dirigente como la expresidenta CFK con alta intención de voto pero también mucha imagen negativa, cuya candidatura fortalece la polarización y las chances del macrismo, y otros postulantes que no tienen mucho más, con Sergio Massa compitiendo por fuera del PJ, con grupos de intendentes que se enfrentan, todo lleva a un peronismo revuelto y confuso cuyas sombras se expanden al resto.

Malamud habla también de esa esquizofrenia bonaerense, que lleva a que haya elecciones legislativas fragmentadas que se ganan con el 35% de los votos en esa provincia. Y en consecuencia el peronismo puede perderlas. El periodista Martín Rodríguez, en LPO, explica que el desafío del peronismo en la era macrista es “desconurbanizarse”, romper con el molde de ese centralismo que lo encapsula y dar un giro que le devuelva “nacionalidad”.

En ese sentido, el PJ pampeano, y sobre todo el gobernador Verna, ha sabido “alambrar” los límites de La Pampa para que impere una lógica provincial por sobre la nacional. Una estratega de unidad, aunque los consensos sean forzados o convenientes, que ha convertido a La Pampa casi en un “paraíso perdido” para el peronismo nacional.

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La isla, lo justo y  la economía en  el año electoral

La isla, lo justo y la economía en el año electoral

Por Norberto Asquini

¿Cómo está la economía pampeana en el país del presidente Mauricio Macri? “En comparación con otros distritos, somos una isla, con las cuentas públicas ordenadas. El resto está ajustado o endeudándose, salvo algunas provincias como San Luis, que junto con Córdoba y Santa Fe está cobrando los fondos del 15 por ciento que se debe devolver a las jurisdicciones de lo que les descontaron para financiar al Anses”, indica un vocero de Hacienda, preparándose para una larga charla.

Poco después, el ministro de Desarrollo Territorial afirmó en una entrevista que “La Pampa no es una isla” al hablar de cómo está impactando la realidad económica actual en la que la recuperación llega muy débil, el crecimiento será menor al esperado y la meta inflacionaria del 17% parece que tampoco se va a cumplir. Fue la misma cartera que el año pasado cruzó a un sindicalista por hablar de que se habían caído puestos de trabajo en La Pampa y anunciaba los puestos que se habían creado desde su área. La realidad se impone con toda su crudeza.

La Pampa en el contexto nacional

¿En qué sentido La Pampa es una isla? El Estado pampeano es el ordenador de la economía provincial mediante sueldos y obras. Nación, se indica, está cumpliendo con los fondos automáticos con La Pampa, como los dineros que tienen que llegar al IPAV para las casas sociales. “Todo ingresa al día”, indica el funcionario y cruza sus manos.

Las cuentas están ordenadas, pero no llega un peso más. De hecho, La Pampa sigue negociando con Nación, desde noviembre pasado, un acuerdo para el envío de fondos para completar el déficit de la caja previsional del año 2016. Es una decisión política trabada por la confrontación permanente entre ambas gestiones. “Si llegaran esos fondos, se podrían inyectar a la economía local”, afirma el técnico pampeano. El ministro Ernesto Franco viaja, se reúne con los funcionarios nacionales y vuelve con las manos vacías. Todas las conversaciones en ese sentido han sido frustrantes.

La Pampa, sin embargo, tiene resto para enfrentar la realidad económica actual y con esto el gobierno gana autonomía para sostener su postura frente a Nación. Muy distinto al escenario nacional donde hay provincias en crisis, como es el caso de Santa Cruz que no le puede pagar a los empleados estatales, hay piquetes y enfrentamientos y la gobernadora Alicia Kirchner es cercada en la casa de gobierno. Y otras que dependen de Nación por su delicada situación económica. “Esto hace que queden subordinadas a los fondos nacionales. En Santa Cruz, el gobierno nacional logró que se saque la ley de lemas como pretendía si querían fondos. Otros gobernadores quedan condicionados, como en Río Negro donde parece que eso influyó en la postura de Alberto Weretilneck al ponerse del lado de Nación en el tema de la construcción de la represa Portezuelo del Viento”, ejemplifica con casos concretos el vocero.

Un Estado al día

El gobierno provincial continúa atrapado por una economía nacional que no parece remontar. “Las cuentas están al día, pagamos con lo justo”, destaca la fuente del Ministerio de Hacienda al autor mientras ofrece un café. Y aclara que si bien se está sobrellevando un período de “vacas flacas” como son los meses de abril y ahora mayo, es “una cuestión estacional”. Los acuerdos paritarios y los pagos retroactivos de aumentos y la baja recaudación hacen de estos dos meses un cuello de botella para las administraciones pampeanas. “Igualmente no se resignó el nivel de obra pública ni se restringieron servicios”, afirma el vocero, con papeles cargados de cifras encima de su escritorio como para avalar sus palabras.

El punto fuerte es la recaudación provincial, que creció un 56 por ciento interanual, de acuerdo a los últimos datos de abril, por encima de la inflación -aunque no mucho- y mejor que la de Nación. Esto se debe también a algunas medidas de efecto disuasivo y compulsivo como el SISCREB, que retiene parte de los pagos a los morosos con Provincia. Una medida nada simpática para muchos.

“De cada 100 pesos que tiene la provincia de libre disponibilidad, luego de pagar los sueldos, los fondos propios, recaudados por el Estado provincial, representan el 35 por ciento sobre el 65 por ciento que llega de Nación. Estamos un poco mejor que en otros años que era del 30 por ciento”, explica el interlocutor mientras deja el pocillo.

Pero si los números dentro de La Pampa están contenidos y ordenados, de acuerdo a Hacienda, el panorama nacional, aunque por ahora estable, no deja de preocupar. Las medidas para intentar contener la inflación, se analiza desde Casa de Gobierno, mata el consumo y la inversión. Para después de las elecciones se habla además de un “ajuste” en el precio del dólar. Fronteras adentro, no habrá sobresaltos: “Sin desarreglos o catástrofes económicas, la Provincia está bien”, cierra la charla el vocero cuando cae la tarde.

¿Habrá voto económico?

¿Cómo influirá entonces la economía en las elecciones legislativas? Todo apunta a una economía políticamente neutral en los próximos meses, indica la revista El Estadista. La economía no se deteriorará y el voto castigo masivo no influirá como otras veces. En ese escenario, y con la polarización política y la fragmentación del peronismo a su favor, el presidente Macri espera mantener el caudal político de 2015. Y no mucho más.

La economía, desde esta mirada, parece que no será el punto determinante en la próxima campaña. El “voto cuota” de 1994 o el “voto consumo” de 2011 marcaron dos momentos en los que la economía fue un variable central a la hora de definir el sufragio. Esta vez, la realidad no acompaña al macrismo y los argumentos políticos y las expectativas sobre la situación del país serán más determinantes.

En un gobierno provincial crítico al rumbo económico del macrismo, la confrontación será la estrategia del PJ. Su argumento central será el oponerse a un gobierno nacional con una política que no beneficia a La Pampa y que no ha ayudado a su administración. Del otro lado, la apelación a sostener la gobernabilidad del presidente para “dejarlo gobernar” y “no ponerle palos en la rueda” para “que el país pueda salir adelante”, serán las líneas que direccionarán el discurso de sus candidatos.

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