Walsh y una historia secreta del peronismo en La Pampa

Walsh y una historia secreta del peronismo en La Pampa

El periodista Rodolfo Walsh escribió en 1967 un artículo de investigación en el que daba a conocer documentación inédita y reservada sobre un hecho que involucraba a La Pampa y al peronismo. Allí sacó a la luz una historia secreta: las milicias obreras pampeanas que quisieron resistir la caída del presidente Perón.

Por Norberto G. Asquini

Rodolfo Walsh fue periodista de investigación, periodista militante y escritor de ficción. Si bien es recordado por su memorable “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar” (1977) y por “Operación Masacre” (1957), también se destaca en su obra “Los oficios terrestres” (1965) que incluye el cuento “Esa mujer”, “Un kilo de oro” (1967) y “¿Quién mató a Rosendo?” (1969).

En la época de estos últimos libros, mediados de la década de 1960, Walsh había dejado atrás su antiperonismo de comienzos de los 50, su incursión en la Cuba revolucionaria y estaba en camino a su compromiso y militancia en el peronismo revolucionario.

En agosto de 1967 escribió un artículo para la revista “Todo es Historia”, de Félix Luna, una publicación que fue señera en la difusión de la historia nacional y que congregó tanto a historiadores académicos como revisionistas.  En plena dictadura del general Juan Carlos Onganía, la foto de Perón se pudo ver en la tapa de la publicación y dentro la nota firmada por Walsh. El título: “El último servicio secreto de Perón”. Rescataba documentación original y reservada del KEES, el servicio de informaciones creado por el gobierno peronista ante las constantes conspiraciones militares. Walsh conjetura allí que Perón tal vez lo conformó porque no confiaba en los servicios militares de información.

Los cables de la Rosada

El periodista se hizo con las hojas dactilografiadas y copiadas al carbónico, y publicó las transmisiones del KEES durante el golpe de Estado de septiembre de 1955. En ese sangriento episodio, los golpistas acusaron al presidente Perón de querer armar a los obreros para resistir, cosa que no ocurrió.

Sin embargo, Walsh descubre cómo civiles, trabajadores, de la entonces Provincia Eva Perón, quisieron resistir el golpe de Estado. En el artículo se observa uno de los cables que se envió desde la Casa Rosada a la Provincia, a las 14.35 del 17 de septiembre, apenas comenzada la sublevación. “Comunique al señor gobernador, de parte del señor Ministro del Interior, que refuerce por todos los medios la Colonia Penal y si es necesario que arme civiles”. Estaba dirigida al mandatario Salvador Ananía. Desde Santa Rosa contestaron: “La CGT tiene hombres armados en la calle para cualquier novedad”.

A las 21 horas, el KEES elevó un informe: “Se ha tenido conocimiento de que las autoridades de la CGT han solicitado a todos los secretarios gremiales la entrega con carácter de muy urgente de listas con personas de absoluta confianza dentro de cada gremio para la constitución de reservas”.

Walsh afirma al finalizar su artículo: “La idea de las milicias prosperó sólo en Santa Rosa. En la noche del 18, fueron disueltas por orden del Regimiento 13, que era leal”.

El periodista dio con una historia que permanecía oculta sobre lo que ocurrió en las calles de Santa Rosa en ese septiembre de 1955. Las “milicias obreras” existieron en La Pampa, o entonces Provincia Eva Perón. Civiles, que eran sindicalistas y trabajadores, decidieron resistir el golpe de Estado tomando las armas.

Walsh y después

En el archivo de la Justicia Provincial pudimos hilvanar el resto de la historia. Caído el gobierno peronista, el nuevo régimen militar y las autoridades de facto, comenzaron a enjuiciar a los miembros de la administración depuesta. En esos expedientes conservados en los archicos, buscando entrelíneas, está el resto de lo ocurrido en esas jornadas.

Fue así que un grupo de dirigentes sindicales de Santa Rosa se convocó el día 16 y junto al delegado Leonardo Rodil le pidió armas al gobernador Ananía durante una reunión en su despacho, cuando la gobernación quedaba en el edificio de la calle Pellegrini. El mandatario telefoneó al jefe de Policía, comisario Arturo Doyhenard, y le ordenó diera el armamento a los civiles para la defensa del gobierno. El mismo jefe del Regimiento de Toay, coronel Martín Barrantes, antes de salir hacia Bahía Blanca para combatir a los “rebeldes”, autorizó la entrega de 27 revólveres. Durante la Libertadora, Ananía sería acusado por la Comisión Investigadora, entre cantidad de causas, del faltante de 16 de esas armas. Sería sobreseído.

En otros expedientes se cuenta cómo dirigentes sindicales y trabajadores entre ellos molineros y fideeros, se congregaron para hacer las rondas y algunos piquetes frente a la parroquia o el local del PJ. Un grupo en un Jeep con el diputado Manuel Rodríguez se apostó en el aeródromo por si descendía algún avión de los sublevados. Otros fueron a la CPE, como José Chumbita, padre del escritor Hugo Chumbita, a pedir que cortaran la luz ante la posibilidad de bombardeos. Finalmente, el presidente Perón fue derrocado y algunos de los que participaron acusados de “intimidación pública” por el nuevo gobierno de facto. Varios de ellos participarían un año después, en la fallida Revolución de Valle del 9 de junio de 1956.

 

El autor es autor, entre otros libros, de “Días de odio” (2011) donde se cuenta esta historia.

 

 

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Ziliotto, el regreso a la “nueva normalidad” y la grieta del barbijo

Ziliotto, el regreso a la “nueva normalidad” y la grieta del barbijo

Por Norberto G. Asquini

Estamos en días de liberalización en La Pampa. Poco a poco la cuarentena obligatoria va dando lugar a una mayor flexibilización en la provincia. La realidad empuja a la apertura y en este clima el gobernador Sergio Ziliotto sigue habilitando distintas actividades.

El mandatario provincial aplica en esto el sentido común y el olfato frente a un estado de ánimo que va transformándose con los días. Esos estados de ánimo fueron cambiando y así como hubo un masivo apoyo las medidas de prevención y al aislamiento, ahora con los primeros resultados, con el hartazgo y con las consecuencias económicas negativas, se reclama otra situación. La flexibilización de va dando en los hechos y se va trasladando a las decisiones políticas. En la Fase 4, el gobierno habilitó las caminatas y salidas en bicicleta. Sin embargo, el lector o la lectora solo debe salir a alguna avenida para observar que muchos de los que se cruza no utilizan el tapabocas obligatorio. El estado de ánimo de la gente fuerza a la nueva situación. No por ello se dejan de cumplir con las medidas de prevención, al menos la mayoría.

Dilemas del éxito pampeano

El éxito de las medidas sanitarias tiene dos caras. La Pampa logró contener el contagio y está pertrechada en equipos, camas y recursos sanitarios para afrontar la pandemia si se desata a pesar de todo lo logrado. Pero esta situación de seguridad dio confianza a la gente para relajar de facto su vida cotidiana. Que el Covid-19 no haya estallado como en otros países, ni se haya extendido, dio pie a permanentes contradicciones y dilemas. “Una paradoja atraviesa la discusión política: el sector de poder que, por ideológica e intereses, es más anticuarentena está expresado en un partido político que gobierna el territorio que más lo necesita”, twitteó Ignacio Ramírez de Flacso en ese sentido. Posturas tan contradictorias como el absurdo militante anticuarentena frente al Cabildo que afirmaba que la pandemia era un invento, mientras se sujetaba el tapaboca.

En ese marco, Ziliotto reunió el martes a los ochenta intendentes e intendentas para dar un nuevo paso hacia la “nueva normalidad”. Se habló de la apertura de restaurantes, bares y gimnasios que ya es un hecho. El encuentro por videoconferencia sirvió para bajar línea sobre cómo se deberá implementar y también para lograr volumen político en su decisión.

La grieta del barbijo

No es lo mismo, analiza la consultora Belén Amadeo, la situación en los grandes centros urbanos donde el contagio está presente, a las provincias del interior que están más controladas y tienen menos población. En estas los casos fueron contados, hubo menos alarma y las políticas de prevención dieron resultado.

Y esta situación se nota aún más en las localidades. Las y los intendentes no se quieren pelear con su gente. Están los que reclaman el uso del barbijo y están los que reclaman no usarlo. Hay una grieta (otra más) entre los que todavía pretenden los controles porque el mal acecha,  y aquellos que quieren relajar la cuarentena porque “no hay casos y están lejos”. Están quienes viajan de una localidad a otra sin estar autorizados. Los domingos se observan juntadas familiares. Están los que ingresan por caminos de tierra desde otras provincias, o directamente cortan algún alambrado para hacerse paso. Los controles policiales se flexibilizaron, al menos límites adentro de la provincia y durante el día. Ninguna gestión quiere pagar costos políticos de más. Nuevo estado de ánimo, más sentido común.

La nueva normalidad también traerá desafíos a las gestiones, que deberán afrontar las consecuencias económicas de la pandemia. Es hora de apoyar a las actividades golpeadas por la crisis, pero también de fortalecer las cajas. Como Santa Rosa, que debe comenzar a recaudar y ya está pensando en cómo.

La Pampa cosecha ahora los frutos de la aplicación de un certero aislamiento social. El Covid-19 pareció frenarse en sus límites y la gente se va relajando. Esperemos no tanto: la pandemia sigue presente.

 

 

 

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Colectivo municipalizado: la política del hacerse cargo

Colectivo municipalizado: la política del hacerse cargo

Por Norberto G. Asquini

La municipalización del transporte público en Santa Rosa cerró un largo debate. El municipio se hizo cargo de los micros urbanos dejando de lado a las empresas privadas. Una medida de la gestión kirchnerista de hacerse cargo de los servicios públicos. Ahora se vendrá otro debate: el de la eficiencia del Estado.

Para tomar una decisión política, para dar el paso, para hacerse cargo, hace falta convicciones, pragmatismo y oportunidad. Con el intendente Luciano di Nápoli se conjugaron las tres condiciones para conseguir la municipalización de los colectivos.

Vamos a las convicciones. El kirchnerismo impulsó durante la década larga que estuvo en el poder políticas de nacionalización de sectores económicos y una impronta de estatización como opción ante las privatizaciones. Luego de los gobiernos K, la sociedad en su mayoría escogió un Estado con amplia presencia, al que se bien le pide frenar el despilfarro o la corrupción, también le demanda que conserve buena parte de los espacios ganados en la economía y en su acción promotora de derechos e incluso subsidiaria, indica Mario Riorda al analizar las tendencias políticas de los últimos años. El debate por un Estado mínimo naufragó durante el gobierno del macrismo. Y el papel central que asumió durante la actual pandemia Covid-19 terminó por darle fuerza a esa línea.

Peronismo y estatización

El peronismo tiene disposición y capacidad para mutar y reinventarse (como pasar del menemismo al kirchnerismo) según el momento histórico, pero también una identidad política con ideas fuerza como el estatismo y el distribucionismo económico. Alejandro Grimson, fino analista del peronismo y hoy asesor del presidente, indica que ante las “mil caras” del movimientismo peronista “el tema es quien sintetiza la heterogeneidad y con qué orientación política en cada coyuntura”.

Di Nápoli representa hoy la impronta K en el peronismo pampeano, una visión renovadora y la cara de una gestión donde priman los funcionarios jóvenes, que llegó para mostrarse haciendo. Lejos se está de los 90 y el dejo administrativista del jorgismo (1991-2003), que prefirió mantener el servicio de colectivos en manos privadas antes que pasarlo a la cooperativa.

La decisión tomada por Di Nápoli no fue solo empujada por las circunstancias: fue un eje de campaña, un proyecto pensado en la usina camporista hace tiempo y se definió cuando ya se terminaba el subsidio para la empresa.

Esto no significa que haya hacia dentro del peronismo una visión K que diferencia la gestión de Santa Rosa del resto del peronismo pampeano en este sentido. El hacerse cargo por parte del Estado de los servicios públicos cuando nadie más puede, o quiere hacerlo, se vio reflejado en otros momentos. Principalmente en las crisis económicas.

En General Pico durante los años 90 muchos servicios públicos fueron municipalizados, lo que podría decirse fue la contracara de la concepción santarroseña de entonces. Durante las gestiones de Luis Campo (1995-2007), continuada por Jorge Tebes (2007-2012 por renuncia), frente a la debacle del país, se asumió el servicio de riego, el del avión ambulancia, el laboratorio de medicamentos y la planta de asfalto, entre otros servicios. También las ambulancias de emergencias médicas y el policlínico, que después pasaron a la Provincia. Se impulsó la cooperativa que trata los residuos urbanos y se municipalizó y después se concesionaron los micros a Corpico. Por supuesto, General Pico es deficitario, pero no se puede achacar al asumir funciones y servicios para sostenerlos. Ese espíritu está presente en los grandes, y en los chicos. En Metileo, por poner un solo ejemplo y cercano a Pico, se asumió la distribución de gasoil a los productores rurales y una panadería municipal para bajar los precios.

Los que quieren, y los que no

Hay también una cuestión pragmática en la municipalización. El servicio en Santa Rosa era ineficiente y deficitario (mantenido a fuerza de subsidios estatales). Por la misma plata que se le daba a la empresa, y un poco más, el municipio se hace cargo del problema. Un problema además que se arrastraba desde hace años.

Las administraciones municipales habían preferido dejarlo en manos privadas. A pesar de ejemplos como el del intendente Francisco Torroba (2008-2011) que municipalizó la recolección de basura. Lo que llamó entonces “un cambio ideológico” para la capital provincial.

Además de lo ideológico, de las convicciones, está la cuestión pragmática y de oportunidad. El peronista Luis Larrañaga (2011-2015), le dio la concesión a Autobuses Santa Fe, y el radical Leandro Altolaguirre (2015-2019), continuó con esa política. Ambos prefirieron una empresa privada a asumir el servicio. La oposición torrobista continuó igualmente pidiendo estatizar ese servicio con Larrañaga, aunque con Altolaguirre no lo sostuvo.

Es cierto igualmente que ambos jefes comunales intentaron que lo tomara la CPE para hacerlo cooperativo, como pensó Di Nápoli, pero desde la entidad solidaria dijeron que no. La impronta progresista de la cooperativa comenzó a languidecer con los años y se prefiere apostar a lo seguro del negocio de las telecomunicaciones. El transporte urbano es un servicio público necesario, pero es un dolor de cabeza por los costos que implica.

Esta discusión también marca los campos en los que están ubicados cada sector político. Cuando se votó la municipalización en el Concejo, la oposición del ex Cambiemos sorprendió al rechazar el acuerdo mutuo del intendente con la empresa, primer paso para la estatización. Aunque después sí acompañó la creación del Ente Municipal de Transporte Urbano que tendrá a cargo el manejo de los colectivos.

Desafíos de lo que viene

Di Nápoli va a gestionar con la impronta con la que llegó al gobierno. Representa la renovación, las ideas de un peronismo “nacional y popular” y que entiende al Estado como protagonista. Se terminó un debate que era entre servicio estatal o privado. Pero que cada caso depende de las tres condiciones que mencionamos.

En breve, con los desafíos que tendrá el poner en marcha los colectivos municipalizados, se abrirá otra discusión que muchos opositores no dejarán pasar: la eficiencia del Estado. Porque si bien ese debate debería cerrarse, en el caso puntual de Santa Rosa, con el ejemplo de la recolección de basura, los ojos críticos de la oposición estarán puestos en Di Nápoli y en cómo funcionará su creación. Una batalla cultural se ganó. Ahora hay que sostenerla en los hechos.

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Filminas y Covid-19: cómo se comunica y el estilo pampeano

Filminas y Covid-19: cómo se comunica y el estilo pampeano

Por Norberto G. Asquini

La pandemia de coronavirus Covid-19 puso en tensión a los gobiernos. No solo en materia sanitaria y económica, sino también en su relación con la sociedad. La gestión de la crisis puede hacer escalar la aprobación de los gobernantes o voltearlos, y la comunicación es uno de los pilares clave para esos resultados, con sus aciertos y fallos. ¿Cómo fue la comunicación en La Pampa?

Liderazgos que pueden fallar o no

La pandemia pone a prueba los liderazgos. El consultor Mario Riorda indica que “en las crisis la voz oficial es la voz rectora” y el discurso se concentra en la máxima autoridad. Y frente al Covid-19, sin libreto ni protocolos previos ante una situación impensada y catastrófica, hubo líderes que emergieron frente a la opinión pública y otros que tuvieron errores comunicativos groseros. En una situación política de “normalidad”, dar un mensaje es mucho más fácil, en tiempos de crisis los datos son muchos, cambian muy rápido y son difíciles de interpretar.

Hubo diversas maneras de afrontar esta situación extrema, tanto en acciones como en comunicación. Se vio como Donald Trump asumía un aire triunfalista y de desafección hacia lo que estaba ocurriendo que después le jugó en contra cuando el contagio estalló en Estados Unidos. Sin embargo, ese un pésimo resultado pudo sobrellevarlo en parte con el protagonismo que tomó después. Bolsonaro en Brasil tuvo una conducta errática y desconsiderada, no asumiendo los hechos y llegando a decir con cinismo “¿Qué quieren que haga?”. En Ecuador Lenin Moreno fue lento en asumir la crisis y la catástrofe sanitaria llevó al reemplazo de la ministra de Salud cuando los muertos se apilaban en las calles. Angela Merkel en Alemania resurgió con un discurso tan sincero como cargado de autoridad científica que fue bien recibido. En Argentina, Alberto Fernández reaccionó a las primeras subestimaciones y tomó medidas de aislamiento. Un presidente con sentido común que se dio cuenta de la importancia de la pandemia y estuvo dispuesto a hacer lo que se debe hacer para prevenirla. La comunicación de crisis por el momento parece exitosa, con un alto acatamiento de las medidas tomadas, sin mayores contratiempos y con una alta aprobación de su imagen.

Decálogo para la comunicación en crisis

¿Podemos trasladar este análisis a los gobernadores provinciales y locales? El politólogo y consultor de comunicación política, el español Xavier Peytibi, realizó un decálogo de las necesidades en materia de liderazgo y comunicación frente a una crisis de esta envergadura.

  1. Liderazgo comunicativo político
  2. Ser rápido y no dejar de comunicar
  3. Decir la verdad
  4. Comparecencias diarias
  5. Tener un buen portavoz científico
  6. Mejorar cada día
  7. Diferentes formatos de contenidos online
  8. Tener un relato
  9. Generar percepciones memorables
  10. Ir por delante

Como ha sucedido con el presidente Fernández, en La Pampa el gobernador Sergio Ziliotto supo conducir en la gestión y en la comunicación un momento de crisis. Si bien es cierto que la provincia tiene poca población, hubo apenas un puñado de casos de contagios y es más fácil implementar las medidas adoptadas, pero no sucedió lo mismo en otras jurisdicciones similares.

Hay que hacer otra observación: el análisis da cuenta de la comunicación en crisis en pleno aislamiento obligatorio. La cuarentena se liberalizó en los últimos días y estamos entrando en otra etapa en la que cambiarán las condiciones y también los apoyos a los gobernantes. De hecho, estamos observando cómo agenda mediática empieza a virar y a darle más lugar a los temas más políticos, y sobre todo económicos.

El estilo local

¿Cómo ha sido la estrategia en comunicación local? Mostró seguridad, soluciones, tranquilidad y confianza, entendiendo lo que la gente necesita. No se dejó vacíos comunicativos, que son los que generan percepción de abandono e ineficacia, y dan espacio para rumores que lleva al miedo y la desconfianza. Supo ubicarse como protagonista de la comunicación en un momento de crisis, centralizando el discurso y con un tono mesurado. Mostró transparencia e información actualizada y se difundió información concreta, con lo que se previno rumores y malas percepciones. En momentos de crisis, cuando la gente busca liderazgo y presencia, tuvo un protagonismo constante como Fernández, al que le hizo aumentar sus niveles de aprobación llegando a superar el 80%. Tuvo junto a él portavoces que conocen del tema, como ocurrió con el ministro de Salud Mario Kohan, que informó casi puntualmente cada día.

En la comunicación no todo es información, sino que hay que ir variando los modos de hacer llegar los contenidos, y en ese sentido hubo diferentes formatos y medios para la comunicación oficial de las medidas sociales y sanitarias. Se logró también un relato de la “unidad”, el esfuerzo y la responsabilidad colectiva para sobrellevar la crisis, que es el que está usando la mayoría de los gobiernos del mundo, con sus diferencias. Ese fue un hilo conductor en los discursos del gobernador.

Ziliotto asumió un estilo sobrio para transmitir seguridad y presencia antes los problemas, la incertidumbre y las demandas. Más allá de los fallos que se puede tener en momentos de la irrupción de una crisis global, la comunicación funcionó en La Pampa.

 

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Fase 4: la pelota, las dos R y la nueva etapa ziliottista

Fase 4: la pelota, las dos R y la nueva etapa ziliottista

Por Norberto G. Asquini

Este lunes comienza en La Pampa la fase 4 de la cuarentena obligatoria, más flexibilizada. Se larga también una nueva etapa de la gestión del gobernador Sergio Ziliotto signada por las dos R: reactivación y reconstrucción.

Buenas y malas noticias

La fase 4 de la cuarentena comienza en 22 provincias donde habrá reanudación de actividades y liberación de condiciones. En La Pampa, además, los intendentes podrán, bajo ciertos parámetros, establecer sus minicuarentenas. Habrá más circulación, más actividades, menos hartazgo. Pero el éxito de la lucha sanitaria en la provincia (5 contagiados, 5 recuperados) es también su punto débil. “Buenas noticias que traen malas noticias porque todo empieza a relajarse”, indica el consultar Carlos Fara. La gente se confía más porque piensa que la pandemia es algo brumoso, lejano, que no llegará. La sociedad estaba fastidiada por un extenso aislamiento obligatorio y por las consecuencias económicas, que serán profundas. Acompañó las medidas para frenar los contagios y ahora, en parte, pretende retomar su vida.

“Los mandatarios captan que la progresiva relajación de la cuarentena expresa un reclamo. Sería necio enfrentar dicha tendencia social. La base del cumplimiento de la cuarentena es el consenso, no la represión ni los autos retenidos, ni la persecución a los contados infractores”, indica Mario Wainfeld.

Igualmente, no se debe olvidar que “la confianza mata al gato”, dice un funcionario en charla telefónica, precavido más que preocupado, por lo que vendrá. La pelota ahora la tiene la sociedad. Hay que cuidar lo conseguido, es la frase que une distintas gestiones y mensaje abierto a la gente. De la conducta social dependerá que las catástrofes lejanas no sean una realidad local.

Las dos R que se esperan

Empieza también una nueva etapa para la gestión de Ziliotto. Ahora, más allá de los controles sanitarios y de seguridad, pondrá énfasis en la cuestión económica. Serán momentos cruciales por todo lo que tiene todavía que sostener y lo que tiene por delante. Ya empezó desde lo discursivo: “En La Pampa no hay límite ni impedimento para que la gente tenga un plato de comida en la mesa”, fue una de sus frases lanzadas en los medios.

La gente además pondrá el foco en los temas postergados y urgentes. Empezará a mirar la realidad con otros ojos, más críticos, y a pedir soluciones. El miedo se traslada de la salud a la economía. En la nueva etapa de la gestión ziliottista están presentes dos R: reactivación y reconstrucción.

Al informe sanitario que recibe Ziliotto todas las mañanas a las 7 horas sobre su escritorio, ahora le agregará uno económico. Se están elaborando los planes para reconstruir la Provincia. Las medidas paliativas tomadas hasta el momento no serán suficientes para lo que vendrá.

Estamos ante un país (y ante una Provincia, si bien tiene más aire económico que el resto de las jurisdicciones), azotado por dos crisis: la de la pandemia y la que arrastraba del macrismo. No será fácil afrontar los próximos meses.

Nuevo estado de ánimo

La cuarentena obligatoria fue necesaria y urgente. Al pensamiento de que “al final no pasó nada”, se le debe contraponer el de “no pasó nada porque se tomaron medidas”. Pero adoptar esas decisiones no fue gratuito. Las presiones de los sectores paralizados se fueron acumulando en las últimas semanas. Los profesionales reclamaron a sus representantes y estos al gobierno. Los intendentes pedían pista para flexibilizar en sus pueblos la vida cotidiana de sus vecinos.

La reactivación era irrefrenable. La vida empuja para continuar. En las últimas semanas se iban sumando áreas a trabajar en Casa de Gobierno que eran necesarias para mantener activa la vida administrativa y los servicios de la provincia. Igualmente, los tapaboca o barbijos de uso obligatorio recordarán que la pandemia está presente. Silenciosa, distante, pero presente.

La flexibilización era necesaria. Fara indica, con encuestas en la mano, que la enorme mayoría (cerca del 90%) no cree que la pandemia en Argentina vaya a llegar a los niveles de contagio y defunciones de Italia, España o EEUU. Y el 66% opinó que el gobierno nacional debía flexibilizar la cuarentena para darle más prioridad a la economía.

¿Qué significan los datos? Los argentinos avalan ampliamente lo realizado hasta acá por el presidente Alberto Fernández, ya no creen que se produzca una catástrofe sanitaria y quiere volver a trabajar y recuperar cierta normalidad.

Sintonizar correctamente con el estado de ánimo mayoritario es imprescindible para consolidar un liderazgo, opina el consultor. En esa sintonía fue que Ziliotto tomó sus últimas decisiones.

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