La guerra mediática:  el día en que Verna  se viralizó

La guerra mediática: el día en que Verna se viralizó

 

Por Norberto G. Asquini

 Gobierno y campaña, ofensiva y defensa. Esta semana asistimos a la confrontación, ya sin tregua, entre la gestión del presidente Mauricio Macri y la del gobernador Carlos Verna.  Y que tiene como horizonte cercano, ya que queda poco más de un mes, la elección legislativa del 22 de octubre, que va a marcar cual de los dos proyectos políticos en juego se impondrá en La Pampa.

La mediatización de ese conflicto político es la característica central del escenario actual. El debate entre Verna y el macrismo, entre el PJ y Cambiemos, se está dando, y se va a dar, a través de los medios de comunicación y sobre todo en las redes sociales. Ya sean temas de agenda, ya sean cuestiones de fondo. La elección del 22-O se está jugando en el terreno de lo simbólico. Y tras las primarias, ahora los dos discursos están más claros y definidos.

Verna y la política 2.0

Cualquier tema es terreno de disputa en esta campaña. Las rutas nacionales cortadas por las inundaciones hacen que Provincia reclame porqué no se hacen las obras, mientras Nación sostiene que se están haciendo los trabajos y muestra caminos habilitados. Verna subió la apuesta pidiendo que Nación autorice a la Provincia a realizar las obras en la ruta nacional 35 sobre el Bajo Giuliani que está a punto de quedar cortado por el agua. El jueves un audiovisual con el gobernador hablando a cámara, estratégicamente producido por el oficialismo, se viralizó en WhatsApp y las redes sociales. Los funcionarios provinciales hicieron mover los pulgares para compartirlo con quienes tenían en sus agendas. “Compartir es militar”, es una frase utilizada en la política del Siglo XXI a un lado y al otro de la grieta para los cibermilitantes. El PJ se tuvo que aggiornar rápidamente a la política 2.0 después de la fallida administración de redes que se le observó en las primarias. Los votos se buscan en el territorio, pero también se pelean en el medio digital.

A la ofensiva, a la defensiva

Los temas que enfrentaron al gobierno del PJ con la gestión macrista se fueron sucediendo. El candidato de Cambiemos acusó a Provincia que se puede caer el llamado a licitación de la Obra de los Daneses si no se presenta la documentación, los funcionarios provinciales desmintieron todo con papeles en mano, y al día siguiente otro funcionario nacional respaldó la versión del postulante macrista afirmando que se tiene que actualizar el pedido.

La municipalidad de Santa Rosa firmó un convenio con Nación para realizar obras de mitigación de inundaciones en la ciudad, el gobierno provincial informó que ya se invirtieron 100 millones de pesos en obras similares en la capital pampeana. El gobierno provincial asume programas educativos o de salud que Nación cierra; Nación informa cuántos ATN recibió La Pampa en los últimos meses. Un tema tras otro.

Cuando se dice lo que no se dice

El caso más álgido de esta guerra mediática y que se expandió a todos los rincones de la provincia fue el de las declaraciones del gobernador Verna sobre el campo y el nivel de empleo agropecuario. El gobernador tuvo una frase, durante una entrevista, que se disparó en las redes sociales y que sería aclarada enseguida por Casa de Gobierno ya que se daba a una interpretación errónea. Todo es interpretación en política, no hay que olvidarlo, y menos en estos tiempos. El párrafo fue utilizado por el macrismo para atacar al mandatario en las redes y llegó a la batería de medios nacionales aliados al gobierno de Cambiemos. Esas palabras no pasaron desapercibidas porque es en la zona agropecuaria, el este de provincia, donde Cambiemos cosechó muchos de sus votos en las PASO.

El jueves, al día siguiente, Verna declaró a los medios que la frase había sido sacada de contexto. Para entonces, la disputa mediática estaba en su punto más alto. El ministro de Desarrollo Territorial había quedado en off side defendiendo lo que su jefe político no había querido decir -enseguida borró el tuit- y los ruralistas santarroseños, siempre opositores al PJ, criticaron al gobernador.

La vigencia o la novedad

¿Qué más se está jugando el 22-O además de tres diputados nacionales en disputa? El comportamiento electoral es un “embudo causal” donde intervienen muchos elementos que explican la motivación del voto. Y aunque no sea explícito, aunque sea una dimensión más de la discusión, lo que se está debatiendo también en esta elección y en los cruces entre ambas gestiones, es la vigencia del proyecto de La Pampa peronista o la novedad de Cambiemos. El agotamiento del primero o las deficiencias del segundo. Es en buena medida un debate sobre la eficiencia de ambas gestiones y sobre el gobierno futuro de la provincia. Qué proyecto se quiere a largo plazo.

Para el PJ el 22-O es el freno al deterioro social y económico del país y las consecuencias que depara para La Pampa. Para Cambiemos, ahora con un discurso nacional que crea expectativas en algunos sectores y que superó el librito de los partidos tradicionales, es la superación del estancamiento de un modelo provincial. Este conflicto entre dos gestiones, entre dos visiones de la política, es también el de dos proyectos políticos que se juegan en La Pampa. Como indica Jorge Asís, Cambiemos apuesta al argumento de dejar atrás el pasado K a nivel nacional, pero ese ataque al kirchnerismo encierra también su batalla contra todo el peronismo.  El macrismo no solo discute kirchnerismo, sino también el papel del peronismo y el rol del Estado, y en la provincia tiene su propio capítulo.

De ahí que la disputa electoral, y la mediática, tengan implicancias a futuro: el lado que se imponga en las urnas en octubre marcará cuál es el rumbo y el proyecto que se quiere para la provincia de cara a 2019.

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22-O: el cuerpo, las  cinco espadas  y los dos discursos

22-O: el cuerpo, las cinco espadas y los dos discursos

Por Norberto G. Asquini

En los últimos días se desplegaron los primeros actos, las primeras apariciones públicas, de las dos fuerzas que compiten en las elecciones del 22 de octubre por el primer lugar en La Pampa. El PJ y sus aliados y el frente que representa Cambiemos son los dos campos políticos que han aglutinado tanto desde el oficialismo como en la oposición a todos los sectores políticos posibles. El PJ todas sus líneas, más los kirchneristas y los massistas. Cambiemos al PRO, la UCR y otros partidos tradicionales. Representan al 90% de los pampeanos y pampeanas que votaron por algún candidato en las primarias. Ahora ambos buscarán ganar ampliando aún más, con distintas estrategias, su base electoral.

El cuerpo y las cinco espadas

Tras las primarias, el gobernador Carlos Verna comenzó a caminar la provincia. Hubo varios actos en distintos pueblos que lo tuvieron como protagonista central. Verna le va a poner el cuerpo a la campaña. Se sabe el dirigente más votado en La Pampa y las encuestas, aunque todos las miren con desconfianza, muestran que su figura conserva una alta aprobación. Ahora quiere trasladar esos apoyos a la lista oficialista.

La semana pasada comenzó con la exposición de su imagen, vinculada al candidato justicialista Ariel Rauschenberger. “La gente no identificó a nuestro candidato con el gobernador, no era conocido, ese fue un punto débil en la primaria. Ahora hay que pegarlo a nuestra principal figura”, indica un analista del justicialismo.

Pero además está el poder territorial que debe ser desplegado para ganar. “Al PJ no le pueden ganar la calle. El gobernador mandó a trabajar a todos”, indica otro vocero. En General Pico, el bastión que hay que defender y recuperar en el peronismo, Verna desplegó a sus cinco espadas: el senador Daniel Lovera, la diputada Alicia Mayoral, la ministra Fernanda Alonso, el intendente Juan Rainone y el exintendente Jorge Tebes. Los cinco se dividieron la ciudad, y el 22-O les tomarán examen.

Hubo otro acto más íntimo en el PJ, del marinismo, para calentar máquinas y respaldar a Rauschenberger. La tertulia peronista parece que quedaría para puertas adentro en la próxima campaña. Ahora el apoyo que se debe buscar es el del votante independiente. Hacia allí es que se quiere ampliar.

Y un tercer acto fue el de La Cámpora. El kircherismo no es central en la elección pampeana. En parte apoya a Rauschenberger con los camporistas, en parte le hacen el juego a Cambiemos como ocurre con los disidentes de la lista que se presentó por dentro del PJ y ahora dejó liberados a quienes acompañaron ese sector. “En La Pampa no hay medias tintas: o votas a Cambiemos o votas en contra. Decir que estás con CFK y por eso no votas peronismo es evadir la responsabilidad”, indica uno de los dirigentes justicialistas consultados.

Los dos discursos de Cambiemos

Otro acto que tuvo su repercusión fue el de Cambiemos. En el Comité radical se plasmó la alianza que terminó de amoldarse con el triunfo del PRO en las primarias. Hacer un acto en ese salón fue un gesto del PRO hacia adentro de Cambiemos, y hacia afuera para la platea radical. La dirigencia de la UCR tras el golpe de las PASO se acomodó displicente a los nuevos tiempos. No le queda otro camino. La maleabilidad radical es una virtud adquirida en los últimos días, mucho más útil que otras como los principios históricos. Sus dirigentes celebran que pueden llegar a meter la primera diputada nacional en el Congreso: una posibilidad que no fue por democracia interna, ni por promoción del género en sus filas, ni por convencimiento, sino por obligación tras la derrota electoral.

Pero no está nada mal su posición frente al nuevo escenario político. Hoy el radicalismo se abraza a Cambiemos y aplaude a Macri, porque ahí está su futuro. Los mismos que evadieron las invitaciones de Javier “Colo” Mac Allister, que subestimaron el espacio y el futuro del PRO, ahora han quedado necesitados de él. “Quienes desalentaron la conformación de la Mesa Cambiemos en La Pampa, ahora la reclaman como una necesidad. En el comité radical palmeaban a Mac Allister quienes lo esquivaban poco antes”, indicó al autor después del acto un dirigente del PRO que había participado de una reunión previa en la Fundación Pensar.

Este Cambiemos pampeano tiene un rumbo que imponen sus protagonistas, Mac Allister y su candidato Martín Maquieyra, pero no queda libre de las tensiones de un doble discurso. Uno es el que apunta a futuro, el otro es ya repetido desde hace años en la oposición y no le ha dado muchos resultados. El primero es el del PRO. Un mensaje abierto, buscando el voto peronista disidente del PJ. Un pedido de unidad, buscando ciertas raíces históricas de la oposición al PJ en La Pampa. Quiere sortear el clivaje pampeano de los dos campos antagónicos, el peronista y el no peronista, para ampliar su base. El otro discurso es el del presidente de la UCR, y del sector que representa, antiperonista y más centrado en una estrategia de confrontación, de la que ni siquiera son protagonistas. Sobreactúa ahora su apoyo a Macri, tanto como la defensa de la gestión santarroseña. Ambos discursos quieren perfilar un Cambiemos: el amplio de Mac Allister, el cerrado del presidente de la UCR. Uno suma, busca consolidar; el otro atrasa.

Si el dirigente está enrolado en Cambiemos, habrá que observar al votante que se volcó por los postulantes del radicalismo que ya no están en carrera. ¿Habrá alguna fuga hacia la tercera opción del Frente Progresista donde hay un candidato con pasado radical? Es lo que analizan en las dos primeras fuerzas. Para Cambiemos, la polarización será concluyente. Para el justicialismo, hay a quienes no les cierra la nueva alianza.

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Pensar el 22-O:  ¿nacionalizar o  provincializar?

Pensar el 22-O: ¿nacionalizar o provincializar?

Por Norberto G. Asquini

Casi es personal para el gobernador Carlos Verna, casi es jugarse todo para Cambiemos de cara a 2019. El 17 de septiembre comienza una nueva campaña electoral y las dos fuerzas centrales de la política pampeana, el oficialismo del PJ y la oposición provincial, la oposición nacional y el oficialismo macrista, según cómo se lo mire, se preparan para enfrentar el 22-O que irá marcando el escenario para dentro de dos años.

Rumbo a la polarización

Un análisis del CIPPEC, del docente Facundo Cruz, indicó que la dinámica electoral pampeana está caracterizada por una competencia concentrada y un escenario previsible. Lo primero es así: el 88% de los votos se repartieron entre el PJ y Cambiemos. En el segundo caso no tanto. Hubo un cambio en las particularidades históricas propias del distrito, desde 2013 con la aparición del PRO que rompió con la dualidad peronismo-radicalismo que caracterizó la competencia por cargos legislativos y ejecutivos.

Las elecciones en octubre se polarizarán como ocurrió en las primarias entre la lista del oficialismo y la de la oposición. El caso de la desaparición de Santiago Maldonado, además de haberse convertido en una crisis política para el gobierno nacional, mostró -se puede observar en cualquier red social- la vigencia de la grieta, reafirmando las creencias de ambos bandos. Y este escenario es nacional. ¿Por qué la provincia va a ser indiferente?

En La Pampa, pensando en el 22-O, el PJ ya tiene definido su competidor y Cambiemos debe cerrar filas. El PJ pretende aglutinar los votos que se dispersaron y Cambiemos contener a los que apoyaron todas sus variantes. Los dos piensan en 2019, porque el que pierde va a recibir un golpe político. Verna buscará mantener la hegemonía peronista en La Pampa, sobre todo frente a los embates de la Casa Rosada que podría salir fortalecida en octubre. En Cambiemos, el candidato Martín Maquieyra será la carta de Javier Colo Mac Allister, el hacedor de la victoria de agosto y quien cosecha elogios del macrismo nacional, para quedar bien posicionado para dentro de dos años como cabeza de la coalición opositora. Detrás en Cambiemos estará el radicalismo, con el premio consuelo de ganarle al PJ y de esta manera, poder mantener un legislador de la UCR en el Congreso. De salir segundo, por primera vez ese partido no renovará su banca.

Las dos estrategias

Las estrategias de campaña serán casi en los mismos términos que la primaria: Cambiemos con Maquieyra con el eje “lo nuevo” versus “lo viejo”, esta vez apuntándole al PJ; y el oficialismo con Ariel Rauschenberger con el eje del “pampeanismo” versus el ajuste nacional.

Son dos proyectos de poder bien definidos. En estas elecciones se eligen legisladores y el contexto empuja las preferencias, pero se vota pensando también a futuro. “Pongamos un caso, una docente que vota por Cambiemos en La Pampa porque no quiere al kirchnerismo, ¿está pensando que de haber un gobierno de Cambiemos en La Pampa no va a tener el mismo sueldo ni paritarias como en la actualidad”, analiza en ese sentido un dirigente justicialista.

Otra decisión estratégica pasa por si nacionalizar o provincializar el discurso, dos caras de una misma moneda en las legislativas. En las ejecutivas es otra cuestión. Verna va en ese sentido a provincializar la campaña, una estrategia con marca propia y que siempre le ha dado resultados. Pretende “alambrar la provincia” y que los diputados nacionales defiendan los intereses de La Pampa. Y mandó a trabajar esta vez “en serio” la campaña.

El PJ la provincializa apuntando a las consecuencias que en La Pampa deja la política económica de Macri, pero a la vez se nacionaliza con el mensaje de frenar el modelo macrista. Cambiemos nacionaliza con el discurso de apoyar a Macri para sostener su gobernabilidad y “el cambio”, y provincializa con el argumento de ganarle al PJ pensando en la gobernación de 2019.

En el medio, el kirchnerismo. Cambiemos quiere nacionalizar el voto pegando la era K al peronismo pampeano, aunque se esté lejos de la expresidenta. El PJ quiere mantenerse lejos de CFK, sobre todo con un peronismo tan fragmentado y disperso a nivel nacional, y cuando se debe tratar de no espantar los votos moderados o independientes. En el vernismo analizan que defender a CFK nada le aporta PJ pampeano y que el kirchnerismo es la periferia del peronismo. Parte de los votos que respaldaron la lista K pueden ir a otra opción. Casi es suma cero.

¿Cómo leerán el votante independiente o autónomo, el blando o posible, ese al que quieren llegar ambos sectores, todos estos mensajes?

Profesionalizar la campaña

Habíamos hablado en una columna anterior, al decir de Mario Riorda, que La Pampa había ingresado a la política del siglo XXI. Lo moderno y lo tradicional se entremezclan, si bien en 2017 lo nuevo tuvo un papel central. En el PJ piden para revertir el resultado de las primarias profesionalizar la campaña, y hacia eso se encaminan. Ya no se puede poner en manos de un grupo de dirigentes definiciones estratégicas y técnicas. No puede haber dos funcionarios eligiendo la foto de los candidatos para hacer una gráfica o decidiendo qué postear en las redes sociales porque así manejan su Facebook personal.

Cambiemos, mejor dicho el PRO, apostó a lo que sabe, porque tiene experiencia de años y de consultores. Mensajes segmentados a público determinado o el uso de redes sociales e internet para publicitar por sobre los medios gráficos tradicionales (que hicieron campaña por los perdedores de la primaria, dirigentes tradicionales que pusieron recursos allí), fueron parte de su campaña.

Es político, y es personal

Lo territorial tendrá su peso. Verna reunió a los suyos en General Pico. El núcleo vernista, en el bastión vernista. Se analizó que hubo errores de cálculo en agosto. Las encuestas marcaban que había una importante desaprobación a la gestión de Macri. Los votos parecieron mostrar otra cosa. El traspié en Pico fue el peor que se tuvo. Y para Verna dar vuelta ese resultado ya es algo personal. Pongámoslo en perspectiva histórica: si en La Pampa el voto total de Cambiemos superó al del PJ, y apenas había un antecedente semejante en un lejano 1985, en General Pico nunca en elecciones democráticas el PJ había sido superado. Y menos en la era Verna. Esta vez Cambiemos sumando sus tres listas sacó 18 mil votos contra 12 mil del PJ. Maquieyra obtuvo 11.500 sufragios y Rauschenberger 9.500. Algo fallo. Eso es lo que el gobernador busca revertir.

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Subzona 14: la  memoria y la  cola de la política

Subzona 14: la memoria y la cola de la política

Por Norberto G. Asquini

El segundo juicio oral por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la Subzona 14 durante la dictadura arrancó en un clima de época cruzado por la confrontación de diferentes concepciones políticas que disputan sobre la memoria colectiva. En el primer proceso de 2010 se vivió un contexto similar, pero era un momento político muy distinto.

Esta disputa se juega en dos planos: dentro del juicio entre cuatro paredes y afuera en la sociedad, en los medios que cubren sus alternativas como son los posicionamientos públicos de los protagonistas -además del debate propiamente dicho- y en cómo la gente percibe y se posiciona frente al tema. La batalla por la memoria colectiva y sus formas no es una cuestión teórica, sino que se desarrolla aquí y ahora. La consideración sobre el juicio deja paso de esta manera a la cuestión jurídica para pasar al terreno de un debate más amplio sobre los DDHH y las posturas políticas actuales.

El protagonista y lo turbio

El protagonista central de este juicio es el excoronel Luis Enrique Baraldini, que le da a este debate una relevancia mayor de la que tuvo el de 2010, más allá de la cantidad de hechos que se tratan que llegan a los 240 por sobre los 28 del anterior. Baraldini fue el jefe operativo del grupo de tareas y el ícono, la cara visible, del terrorismo de Estado, indica el secretario de DDHH, Antonio Curciarello. Fue quien tuvo el poder de detener y torturar, y lo usó, en La Pampa. Otro excoronel, que le escapó al enjuiciamiento por su estado de salud, Fabio Iriart, fue su jefe y el mandamás en toda la Subzona 14. Iriart fue, como sucesor del excoronel Ramón Camps, el verdadero artífice de la represión, como precisa Juan Carlos Pumilla. Y Baraldini su ejecutor. La firma de Iriart estaban en las órdenes escritas, las botas de Baraldini son las que se recuerdan en los allanamientos o en las salas de tortura.

Pero el peso de Baraldini no es solo histórico. La política ha metido la cola directamente en el juicio y en su desarrollo. Hay intereses en juego detrás de cualquier cuestión técnica y la figura de Baraldini sirve como argumento para sus reclamos a quienes a nivel nacional piden por la liberación de los represores presos o procesados. Los defensores de Baraldini son su yerno, dirigente del PRO pampeano, y un ex carapintada, acusado en su momento de supuestamente matar a un soldado durante un levantamiento militar. El juicio es atacado y su proceso se quiere enturbiar: la defensa de Baraldini acusó y denunció de secuestro a los jueces porque no le dieron la prisión domiciliaria, presiona hasta con malos tratos al personal y en la última escalada habló de que se trata de “una causa política” y mostró las elogiosas consideraciones que los dueños de los dos diarios santarroseños le hicieron al exmilitar en 1979.

El peso del clima de época

En esta avanzada de la defensa no solamente hay más preparación y otro ánimo que en el juicio anterior. Tiene su peso el clima de época que se está viviendo. Las circunstancias políticas y sociales actuales son muy diferente al primer juicio histórico de 2010. En ese entonces la política de derechos humanos estaba vigente, y más allá de su uso político por parte del gobierno kirchnerista, se había convertido en una política de Estado. Con la asunción de Mauricio Macri estos aires fueron cambiando. Si bien hubo tendencias puestas en marcha por la gestión anterior que no se pudieron revertir porque se consideraron avances y fueron apropiadas por la sociedad como valores -un Estado de amplia presencia, políticas de inclusión y ampliación de derechos, sensibilidad con temáticas como la violencia de género o la trata de personas-. Y con la política de DDHH ocurrió algo similar. Desde el gobierno nacional no se la clausuró, pero hubo frenos. No fueron casualidades las voces de funcionarios que intentaron poner en tela de juicio estos procesos, la negación del número de 30 mil desaparecidos, de que no se trató de un genocidio o de concebir la represión ilegal como una “guerra sucia”.

Hay un proceso general en ese sentido de retracción. No es que no haya juicios en marcha. A mediados de año había una docena en provincias como Mendoza, Entre Ríos, Jujuy, Córdoba o San Juan, si bien en su mayoría venían de mucho antes. Pero se advierte, como lo hace la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, que durante el último año “se han profundizado” las postergaciones en la elevación a juicio oral y la conclusión de los expedientes por crímenes de la dictadura. En la gestión de Macri hubo menos juicios, menos fallos y más demoras en las causas. Algunas voces, como la del periodista Horacio Verbitzky, afirman que el gobierno nacional se propone acelerar la regresión en materia de DDHH después de las elecciones de octubre.

La memoria atrapada en el ahora

Este clima de época le fue quitando espesor de la agenda pública al proceso de memoria, verdad y justicia -los juicios propiamente dichos-. Y el clima electoral no ayuda. Se debe advertir que en un momento en el que todo tema se politiza y polariza, la “grieta” juega su poder reduccionista en cualquier problemática donde confronte el gobierno macrista y el kirchnerismo. Como ocurrió con cuestiones como los paros docentes hasta los subsidios en los servicios, los juicios pueden caer en ese debate, más allá del peso jurídico e histórico sobre los hechos investigados, que relativice su desarrollo y su conclusión.

A pesar de la magnitud del juicio por la cantidad de víctimas y de acusados, este debate tiene diferencias con el primero. El de 2010 fue en un clima de promoción de los juicios, condena al Terrorismo de Estado y de reivindicación de las víctimas. Si bien toda la sociedad no acompaña estos juicios, hubo una amplia cobertura sobre los casos tratados. En 2010 todo el debate estuvo más concentrado en apenas unos meses al ser menos hechos. Esta vez se prolongará durante un año, atentando esa extensión con la atención puesta en el juicio.

La promoción de los DDHH como política de Estado, la búsqueda de memoria, verdad y justicia, son avances que no deberían caer en la politización electoral presente. Como el caso Santiago Maldonado, su desaparición no debe servir como argumento de un sector para plantarse frente a otro, sino que debe ser una preocupación de todos que una fuerza de seguridad pueda llegar a emplear estas metodologías en democracia. En las nuevas generaciones este proceso de memoria, verdad y justicia se ha hecho carne y es parte de sus valores. Sin embargo, esto no significa que en la sociedad todavía se dispute, como parte de la contienda política actual, sus significados.

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¿La Pampa entró en la política del siglo XXI?

¿La Pampa entró en la política del siglo XXI?

Por Norberto G. Asquini

Los resultados de las elecciones del domingo 13, un ensayo de las generales que vendrán dentro de dos meses, dejaron latente la incógnita de cuánto pesan las estructuras políticas a la hora de definir el respaldo a una lista y cuánto representa el voto autónomo. Y también si el triunfo de Cambiemos parece romper la regla de la invencibilidad del peronismo pampeano.

El domingo 13 observamos un masa de votos que se movió independiente de las estructuras tradicionales y que le dio el triunfo en las PASO a la lista del macrismo encabezada por Martín Maquieyra. Un resultado que rompió la física política provincial en varios sentidos: el PJ fue derrotado en cantidad de votos tras 32 años -si bien tuvo el candidato más votado- y la UCR derrotada en una interna luego de 34 años. Y por primera vez una “tercera fuerza” en la provincia se consolida luego de tres elecciones seguidas. Maticemos nuestra perspectiva: fueron elecciones legislativas y con primarias donde el voto es más disperso, nacionalizado y testimonial, ya que en las ejecutivas pesan otros intereses y arrastres y es más pragmático.

Voto autónomo, voto moderno

Las PASO, criticadas por muchos, fueron bien usadas en La Pampa. Un laboratorio que permitió al votante decidir al interior de cada fuerza por sobre las estructuras. Y sobre todo por la participación de un votante autónomo, independiente, espontáneo, silencioso. ¿Cuál fue el apoyó al macrismo: un voto oculto o vergonzante, el fanatismo anti-K, el opositor al PJ? Un voto que “salió de abajo” para darle la victoria a la lista del presidente Macri. Pudo haber un voto anti-CFK o en apoyo a las expectativas que puede generar el gobierno nacional, pero el analista Carlos Fara observa que también hay cuestiones estructurales de largo plazo. Se observó en lo comunicacional, pero también en lo político: hubo un claro enfrentamiento entre dos siglos, la política del XX y la del XXI. Ganó el último de manera contundente, y lo seguirá haciendo. Es el de la sociedad (y la democracia) líquida de Zygmunt Bauman que bien analiza Jaime Durán Barba. Y el consultor ecuatoriano, tan descalificado por muchos, acierta en describirla y abordarla en sus libros, y mal no le ha ido. Es el nuevo votante, volátil, de la era de las tecnologías y las redes que tiene una nueva lógica y concepción del mundo. “El peronismo es territorial y la política se va convirtiendo en medios y redes”, continúa Fara. Habría que preguntarse, ¿el siglo XXI ha llegado a La Pampa?

La crisis de las lealtades

Asistimos al estallido de las lealtades partidarias y nos encontramos con bases con un comportamiento propio. Hay un dramático cambio en los electores, que afecta también al peronismo, en el que hay más voto simpatizante, que es contingente, y menos voto leal. Es el aumento de la volatilidad en el polo peronista, donde los símbolos del PJ ya no ayudan, por eso CFK o Massa no los usan.

Es la nueva política, la de estos tiempos, la de un votante al que hay que interpelar con otros ojos distintos a los de la política tradicional. En 2013 Mac Allister explotó las redes sociales en su campaña, en 2015 Maquieyra la amplificó hacia el WhatsApp. Las nuevas generaciones de dirigentes del PJ observan como la peronización de la campaña pudo haber influido en perder el apoyo de simpatizantes. Los actos tradicionales ya son un anacronismo, como las puestas en escena de una lista radical en la que las caras eran siempre las mismas.

Las dirigencias tradicionales sobreestiman el peso de las estructuras y subestiman al votante autónomo. La baja participación, el alto voto en blanco y los votantes antisistema, que los hubo, muestran de otra manera el mismo fenómeno, aunque represente al descreído de toda la dirigencia política y nunca los vaya a votar.

Ahora, el peso de las estructuras

Volvamos a nuestra realidad. Las estructuras políticas, y la política, todavía tienen su peso. Como en el PJ, como partido de gobierno, con una identidad apegada a la lógica del poder o al uso del Estado, pero con una historia común, inserción en instituciones y una conducción fuerte desde el gobierno. El justicialismo, igualmente, se va aggiornando. A pesar de mantener la sigla PJ, el gobernador Carlos Verna construyó una coalición electoral a la que adhirieron diferentes versiones del peronismo y cuya eficacia se verá en octubre.

En lo estructural, la UCR va haciendo agua. Aún en la derrota, se escucha a su presidente hablar de que se cumplió el objetivo de haber ganado la interna propia y que en 2019 van por el PRO. La realidad le pasa por el costado. La UCR mira hacia el siglo XX, y hace gala de su ombliguismo. Tiene su peso territorial e institucional con legisladores e intendentes, pero que en cada elección van disminuyendo, y es acechada por el PRO y la falta de rumbo político.

Y por supuesto, las estructuras también son usadas por el PRO, con los recursos y el apoyo del gobierno macrista, el despliegue mediático nacional, con sus funcionarios nacionales en la provincia y hasta utilizando al Estado para el reparto de beneficios. Una cuestión que indignó a dirigentes del PJ, como si nunca se hubiera utilizado en La Pampa.

¿El PJ es invencible?

El periodista Facundo Matos Peychaux analizó la derrota de varios oficialismos provinciales, como el de La Pampa, gobiernos supuestamente imbatibles y que rara vez pierden elecciones. Y se preguntó qué puede pasar hacia adelante, si bien afirma que estos resultados no son atípicos ni deberían llevar a apresuradas ilusiones de alternancia. Para colmo este fenómeno se dio en cuatro de las seis provincias que son gobernadas por el mismo partido desde 1983 (La Pampa, Neuquén, San Luis y Santa Cruz).

¿Se rompió la regla de la invencibilidad del PJ pampeano? Un voto de contexto anti-K o el deseo de acompañar al gobierno nacional, la aparición de una opción electoral opositora competitiva, el uso del voto opositor en elecciones de medio término como mecanismo de contrapeso y la inexistencia de figuras de peso político fuerte –como no ocurre, por lo general, en las ejecutivas– pueden haber contribuido, en mayor o menor medida a este resultado, analiza el periodista.

Igualmente hay que calmar los triunfalismos opositores. Fue una elección legislativa, y primaria, y los resultados pueden anticipar la ejecutiva como no, pero en estas hay otras motivaciones.

Muchos oficialismos provinciales tropezaron en las primarias. Pero un tropezón no siempre es caída. Al peronismo pampeano, en el gobierno desde hace 34 años, lo sorprendió un resultado. Ganarle una elección ejecutiva es otra cosa.

 

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