Verna y los que se  le quieren animar:  ¿realidad o fantasía?

Verna y los que se le quieren animar: ¿realidad o fantasía?

Por Norberto G. Asquini

El anuncio del gobernador Carlos Verna de que no irá por la reelección en 2019 conmocionó a la sociedad pampeana, y con las horas comenzó a despertar expectativas en el arco político opositor, y no tanto, sobre el panorama que se les puede llegar a abrir con la renovación electoral. Hay un nuevo escenario de cara a los próximos comicios, pero eso no significa dejar de lado algunas realidades.

Los que quieren sacar número

Sin la presencia del mandatario, figura central de la política provincial y conductor del peronismo pampeano, encabezando la lista del Frente Justicialista en 2019, en la oposición intentan hacer cuentas de cómo los favorecerá esa situación. La reelección de Verna era una cuestión casi saldada hasta el momento del anuncio, no solo por su capital político sino por la caída en el nivel de aprobación del presidente Mauricio Macri y de la marca Cambiemos por la crisis económica actual.

Para los competidores del PJ la no reelección de Verna despeja el campo para que algunos se atrevan a soñar. El candidato de Cambiemos-Pro, el secretario de Deporte Carlos Mac Allister, se reunió con Macri y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, por separado para analizar la situación. La orden que recibió fue que siguiera adelante con sus intenciones, ya que consideran, más allá de una economía que hace agua, que habría posibilidades con un PJ sin su figura convocante.

El viernes pasado se dio lo que el espacio macrista consideró la “primera batalla” de cara a las elecciones en el acto de inauguración del centro deportivo de La Adela. El gobierno provincial quiso estar presente en una obra levantada con fondos nacionales (“una de las pocas que llegaron a La Pampa”, chicanean) y coparle la fiesta al macrismo. Mac Allister pudo asomar la cabeza en el acto. Los palos fueron todos a Macri, lo que no impidió el abrazo entre Verna y el secretario nacional. El PJ ya eligió quién será su competidor en 2019, y ese será el presidente.

Otros que comenzaron a vislumbrar alguna posibilidad en este nuevo escenario son los radicales. Golpeado Cambiemos por la situación actual de inflación, disparada del dólar y ajuste, los dirigentes habían comenzado a despegarse de esa marca. Tanto desde la alianza Altolaguirres-Marino, o dirigentes como Daniel Kroneberger, ya hablaban de “un frente más amplio” que Cambiemos. Esto no significa que se alejen del macrismo: la alianza con el Pro es hoy y a futuro tácita, aunque renieguen de ella, y la unificación se va a concretar cuando lleguen los plazos electorales. La alianza Altolaguirres-Marino tiene como objetivo principal encabezar la alianza opositora para mejorar el reparto de los cargos para su sector. No convencidos de poder hacerle frente a Verna, la meta era ganarle a Mac Allister. Ahora surgió la posibilidad de que su competidor interno, el ex diputado Francisco Torroba, se pueda presentar para hacerles frente. La fragilidad interna de los radicales es tan manifiesta que apenas asomó en los medios el nombre de Torroba, sus rivales empezaron a analizar cómo los puede llegar a afectar. Además, los radicales se esfuerzan en mostrar encuestas que los dan ganadores. Sin candidato del PJ todavía, cualquier dato o número es inocuo a esta altura.

PJ: Los que buscan su lugar

En el PJ habíamos dicho que se mantendrá la unidad. Esto no significa que haya algunas maniobras internas. Los sectores mayoritarios, más “orgánicos”, como el vernismo o el marinismo, esperan por los acuerdos encabezados por el gobernador. En Compromiso Peronista, donde los interlocutores son varios, es más complejo y alguno de sus dirigentes habría mostrado intención de presentarse a la gobernación, aunque sin apoyo de la línea. Enfrentar hoy al bloque gobernante y su estructura es casi una ilusión.

Algunos aliados comenzaron a presionar. El Frente Renovador avisó que tendrá boleta propia si no se hace un frente electoral que contemple su nombre, o que de llegar a integrarlo puedan presentar una lista para competirle al PJ. Afirman que la interna del justicialismo provocaría que los demás espacios quedarán relegados de un acuerdo global. Todos comienzan a levantar sus acciones en el nuevo escenario, aunque sea una ficción política, al menos para negociar mejores lugares.

El cierre de este frente parece ser una incógnita, pero tendrá como garante la figura del gobernador. Los consultados indicaron que ante la ausencia de Verna encabezando la boleta primero se deberá acordar al interior del justicialismo y después la incorporación de los aliados. La cuestión central será el nombre del sucesor. Para el vernismo deberá salir de su línea que es la mayoritaria, con un dirigente que tendrá la bendición del actual mandatario. El dilema es si Verna pueda transferir a ese dirigente el nivel de apoyo que tiene su persona en la sociedad pampeana. Para el marinismo, se debería garantizar la boleta con el nombre que tenga más apoyo, aunque no sea vernista. Y podrían proponer una encuesta (una idea que ya había lanzado esa línea con anterioridad) para determinar quién puede ser el referente que la encabece.

La única verdad es la realidad

Hablamos de las expectativas que pueden llegar a tener los sectores ante la no reelección de Verna. Pero los sueños se deben contrastar con la realidad. Todo análisis hoy es prematuro. Que el gobernador que tenía más del 40% de apoyo en las encuestas que manejaban no solo en el gobierno sino también en la oposición, no vaya a encabezar la boleta, es para algunos una muestra de debilidad en el PJ. Pero no es suficiente para considerar que sea una crisis.

El mandatario mostró en los últimos días que continúa activo y que será central para garantizar el acuerdo y la campaña. Para muchos, más que votar a un candidato nuevo, la disputa electoral en 2019 se reducirá a la comparación entre Verna y Macri. En Casa de Gobierno los funcionarios son optimistas en que el tratamiento para su enfermedad será menos complejo de lo que se esperaba y que no pasará tanto tiempo fuera del cargo. Su presencia pública en los últimos días dio muestras de que no perdió el poder político y que lo seguirá ejerciendo: retó a los demás gobernadores que parecen estar más “cerca de Macri que de Perón”, se opuso al Presupuesto 2019 con ajuste y le enrostró la situación económica al presidente y a su equipo, y defendió el sueldo de los empleados públicos y activó la clausula gatillo en contraste con lo que ocurre a nivel nacional. Verna demostró que seguirá pisando fuerte en la política aunque no sea candidato.

 

Foto Municipalidad de La Adela

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Verna, la salud y el  futuro: racionales  y apocalípticos

Verna, la salud y el futuro: racionales y apocalípticos

Por Norberto G. Asquini

El doble anuncio del gobernador Carlos Verna sobre su enfermedad y sobre que no va presentarse para ir por la reelección sacudió el tablero político pampeano. Hay que preguntarse cuánto se tambaleó verdaderamente. Si algunas miradas interesadas buscaron enseguida una visión apocalíptica sobre el futuro político del PJ, desde el poder prima una visión mucho más racional: hay más incentivos para la unidad que para la aventura y Verna seguirá siendo el garante de este orden.

Las dos visiones sobre un anuncio

El anuncio de Verna fue un golpe por todas las implicancias que tiene de cara a 2019. Enseguida, desde la oposición, más allá de los mensajes de acompañamiento, varios dirigentes se restregaron las manos pensando en cómo la situación puede mejorar sus chances. Algún diputado del PJ comentó en los pasillos de la Legislatura durante la última sesión que “ahora viene sangre”. El periodismo, más sensacionalista que analítico, habló de una “carnicería” o arrojó veinte posibles sucesores, y de todas las vertientes, por si le acierta a alguno.

Pero no hay que adelantarse. Hay dos visiones sobre lo que sobrevendrá en la política pampeana: a esa que llamaremos la apocalíptica con sus dos vertientes (la que espera la caída del peronismo o la de los intereses personales que a río revuelto buscan mejorar su posición dentro del PJ) y la racional que se le contrapone. Esta segunda es la que baja desde el segundo piso de Casa de Gobierno y derrama en las intendencias.

Poder de fuego y campaña

La situación personal y política de Verna abre incógnitas, pero no parece asustar a quienes están en su entorno. El vernismo ya pasó por dos catástrofes, o algo similar, en 2007 y 2011 (momento en que se pensaba que el dirigente no volvía más a la política), y sobrevivió.

El gobernador ya les avisó que no va a quedarse al margen de todo el proceso del armado electoral el viernes cuando retomó su agenda con normalidad. La pregunta a esto es: ¿Puede perder poder de fuego por su salud y por ya no ser el candidato del PJ? Seguramente, pero no será un pato rengo. Verna les dijo a los suyos que va a garantizar las negociaciones, y que a su sucesor lo elegirá él. Siempre, vamos a decirlo, que su salud se lo permita. “Mientras el cuerpo le dé, el gobernador ya dijo que se va a poner al frente para acordar las listas y también el lugar de los sectores y partidos aliados”, es la información, y el deseo, de uno de sus más cercanos.

Durante el viernes se barajaron listas de los posibles candidatos a sucederlo en la gobernación por el oficialismo, o de aquellos que podrían querer serlo. Pero querer no es poder. El vernismo tiene a Verna, y a su favor el factor emotivo que tendrá el tema de su salud en el votante durante la próxima campaña, y los recursos, tanto de los ministerios como de los intendentes. Y el PJ es un partido de gobierno.

Que el vernismo no tenga debajo de Verna a un o una dirigente fuerte en votos o en conocimiento, no significa que el resto de las líneas sí. La ecuación actual al interior del PJ es que ningún dirigente tiene más votos que otro. Ninguno asoma más que otro. De allí que el elegido a suceder al mandatario deberá reunir dos condiciones: el dedo de Verna -con el acuerdo de Rubén Marín, su socio estratégico- y un nombre con consenso hacia dentro del peronismo.

Otra vez, sin margen para la aventura

Otra cuestión latente será el momento en que designe a su sucesor. ¿Deberá esperar o tendrá que presentarlo en sociedad cuanto antes para evitar desgaste y disputas?

Para los apocalípticos, están los dirigentes o espacios que frente a la situación actual, que pueden considerar de debilidad en el peronismo, podrían tomar vuelo para disputar la gobernación al vernismo, o quienes van a confrontar para mejorar su posición dentro de las listas. Podría haber varios díscolos, y tienen nombre y apellido. El vernismo, no sin intención, dejó trascender un dato: uno de estos dirigentes quiso armar una reunión con parte de su sector en el sur provincial el fin de semana y no tuvo quórum.

En una configuración del PJ como la actual, no hay demasiadas posibilidades para lanzarse a la aventura. Los márgenes se acotan. Como dijimos, el panorama interno está disperso y nadie cuenta con votos suficientes para hacer fuerza por sí mismo. Habrá, por supuesto, pujas con los demás espacios (el marinismo ha sido un protagonista central) y hasta especuladores (el robledismo en 2015 recién arregló con Verna cuando Jorge no le dio lugar), pero la visión que parece primar es la racional. Rubén Marín puede querer mejorar la situación de los suyos, pero siempre ha jugado en un marco de racionalidad. Lanzarse a la interna, estiman los que adscriben a esta visión, podría llevar a poner en juego la provincia. Igualmente, la política es un caja de sorpresas, no descartemos lanzamientos de posibles postulantes a la gobernación.

En esa vertiente apocalíptica algunos comienzan a sospechar de los movimientos de los demás. Como la idea de que el marinista Mariano Fernández cuando se haga cargo de la gobernación pueda mejorar desde allí su lugar para estar mejor considerado en 2019. El vernismo lo conoce y afirma que ha sido leal a Verna en todo sentido. Y no ha usado la situación de quedarse a cargo de la gobernación para mejorar su posición.

Verna, a pesar de su salud y ya sin reelección, seguirá siendo central en esta historia. Mientras la salud se lo permita, el poder seguirá pasando por su dedo. Por ahora, la dirigencia peronista tiene en ese dedo la seguridad que los mantiene unidos, o al menos sujetados.

 

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Verna y el golpe,  o hacer realidad el  peor de los temores

Verna y el golpe, o hacer realidad el peor de los temores

Por Norberto G. Asquini

La noticia fue un tsunami para La Pampa: el gobernador Carlos Verna citó este jueves a los medios y le habló a la sociedad pampeana sobre su enfermedad y la decisión de que no afrontará su reelección. Lo que disparó una revolución en el ámbito político provincial por sus enormes implicancias, aunque cualquier análisis sobre lo que vendrá por ahora es demasiado prematuro.

Si algo caracterizó la trayectoria política de Verna fue que no temió dar noticias que le cambiarían por completo el libreto a la sociedad. En 2007 decidió bajarse de la reelección y “desensillar” durante dos años hasta lograr la senaduría. Y en 2011 sorprendió a todos con su renunciamiento a ser candidato a gobernador. Si algo también lo caracteriza, es que ejerció el poder duro y puro, como ya lo hemos dicho en otras ocasiones. A pesar de las críticas a derecha e izquierda que se le pudieran hacer, en los últimos 15 años ha sido el dirigente central de la política provincial, hasta en momentos en que parecía quedar desplazado o en segundo plano. Tener el poder, dejarlo, disputarlo y ganarlo.

Todo eso se conjugó este jueves 6 de septiembre cuando realizó el anuncio. Conmovió hasta a los dirigentes y funcionarios más cercanos, que no sabían de su enfermedad, y se enteraron en vivo y en directo. Horas antes, cuando convocó temprano a la conferencia de prensa, le dijo a su interlocutor sin adelantarle el tema: “Escuchala, no te vas a olvidar de esta”.

El anuncio revolucionó al ámbito político y al periodístico, que comenzó a elucubrar posibles reemplazantes y escenarios futuros cuando todavía queda mucho camino. No hay que adelantarse a los tiempos complejos que sobrevendrán, ni tampoco descartar la centralidad que tiene hoy la figura del gobernador en decisiones futuras. Pero el aviso dejó pensando a muchos, porque el político piensa en político, y en poder, en cualquier circunstancia. Hasta la oposición, entre los que hubo mensajes de acompañamiento hasta los que por lo bajo comenzaron a calcular cómo puede llegar a favorecerl a sus candidatos.

La decisión de Verna es un golpe de efecto para el PJ por todo lo que supone: el adelantamiento de los tiempos, no solo electorales sino también políticos. Hasta ahora el peronismo y sus aliados habían ido cerrando filas y descansaban en la segura reelección de Verna y su conducción. Ahora se abre un abismo de dudas. Deberá haber una renovación forzada tras la salida obligada de uno de los últimos grandes dirigentes de la generación del 83. De alguien central para la actual política provincial.

Esto también es un golpe en todas las direcciones. Hacia arriba, porque es uno de los gobernadores más duros con el presidente Mauricio Macri y ha enfrentado su política económica. Para La Pampa, porque es quien debe afrontar la pelea con la Casa Rosada para ponerle freno a los ajustes presupuestarios. Y para al peronismo nacional porque es un referente con sus posturas en el fragmentado escenario interno.

Verna hizo realidad para la sociedad pampeana, y no solo para el PJ, el peor de los temores. Porque los rumores, infundados pero que corrían como supuestas verdades, de enfermedades y renuncias de gobernantes en el mundo político y periodístico han sido moneda corriente. Desde los tiempos de Rubén Marín en adelante. Versiones siempre desmentidas por la realidad. En los últimos años, cuando se asociaban esas dos palabras a Verna, se descartaban por todos los antecedentes. Contra toda lógica y racionalidad, esta vez es cierto.

Con una voz que connotaba su consternación, uno de los dirigentes del vernismo consultados por el autor de la columna destacó “la entereza” que tuvo Verna de tomar la decisión de informar su enfermedad y su decisión política a la sociedad pampeana. Hasta en su momento más difícil, Verna es un animal político. Les guste o no a quienes esto están leyendo.

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Liderazgos, puros  y agenda encallada  en la política local

Liderazgos, puros y agenda encallada en la política local

Por Norberto G. Asquini

Hay por estos días en la política pampeana una certeza: la agenda está encallada. Todos miran acercarse las definiciones para 2019, pero al interior de las distintas fuerzas están expectantes a lo que pueda ocurrir y el escenario nacional no ayuda a avanzar entre la “tormenta de frente” y el cuadernogate.

La línea pura del vernismo

Vamos primero al Frente Justicialista, o sea el PJ y toda el arco aliado que congrega y congregará. “Estamos todos mirando al gobernador a ver qué hace, cómo juega, cómo mueve, qué define”, afirma uno de los dirigentes del PJ más consultados por el autor.

Por ahora el gobernador Carlos Verna no da ninguna señal sobre qué piensa sobre 2019, más que su reelección y el desdoblamiento electoral. El horizonte es noviembre para empezar a conversar, y en contante y sonante. ¿Para qué adelantar los tiempos? Si como indica un funcionario, finalmente en 48 horas se definen todos los cargos.

Igualmente no todos están de brazos cruzados. En el gobierno vernista hay una línea pura que trata de endulzar los oídos del mandatario con su propuesta. Son el “ala dura” de la gestión que quiera una fórmula enteramente vernista para la gobernación. Para ellos, con la centralidad y el liderazgo de Verna, todo debería teñirse de verde en 2019, aunque se ofrezcan lugares abajo a los distintos espacios. Es homogeneizar aún más una futura gestión. “Hay quienes piden más de lo que tienen”, es el pensamiento de uno de los que llevan adelante esta estrategia. Para el interlocutor, las decisiones de Verna son en este momento y a futuro indiscutibles: ningún sector está en condiciones de disputarle una interna, ha pagado a todos su lugar para que acompañen, y finalmente si alguien quiere competirle, el mandatario podría llegar a bajarse de su candidatura condicionando todo el presente, y con todo lo que ello implicaría. En este tema de los renunciamientos, ya tuvo dos en su momento (2007 y 2011), para que no queden dudas de que Verna no es alguien que se maneje con la lógica del resto de la dirigencia. Por eso algunos en la oposición hacen cuentas esperando que finalmente no participe, como para tener chance; mientras otros en el oficialismo las hacen repartiéndose de antemano cargos que llegarían con una reelección segura. Al menos en las condiciones actuales.

Los que apuran definiciones

Pero están quienes observan que los tiempos se van acelerando y por los menos tiene que haber algunas reglas básicas para encarar lo que viene. Uno de ellos es el marinismo. Ya adelantó al vernismo su intención de conversar en ese sentido. Determinar cómo se va a encarar el escenario, por ejemplo, en la compleja Santa Rosa. Verna sin dar señales ha dejado correr varios precandidatos, pero finalmente es él el que definirá el escenario. Si presenta un candidato propio o si apoya a alguno de los que están o se incorporen, desequilibrará la situación de indefinición actual. El marinismo quiere saber cómo se encarará electoralmente la capital provincial, aunque sea a grandes rasgos, una ciudad que todo el PJ quiere recuperar y se ve con altas posibilidades de hacerlo. Los naranjas quieren saber si irán juntos, con un candidato de qué sector o si cada uno deberá correr su carrera aparte. Si todos largan sin reglas establecidas, entonces se podría pensar en Espartaco Marín o  Mariano Fernández como posibles candidatos. O en algún nombre “tapado”.

En ese marco del “todos juegan” de la perinola política (un juego de épocas muy pasadas para los millennials y centennials) hay varios precandidatos con pretensiones que van posicionándose mientras los demás observan. El diputado Jorge Lezcano, Fabián Bruna, el camporista Luciano Di Nápoli, Juan Grotto y hasta el renovador Darío Hernández son de esa partida.

El factor ordenador y la división opositora

En este marco provincial, el PJ corre con una ventaja, y es la de tener un liderazgo, un factor ordenador que la oposición no tiene. Por supuesto, se le suman al justicialismo otras variables como los recursos estatales y el conocimiento de gobernar desde hace tres décadas la provincia para inclinar la balanza a su favor. La dependencia interna del PJ con respecto a Verna ayuda a encarar bajo el manto de la unidad el escenario preelectoral.

La oposición está presa de la división, una situación que es promovida además por haber quedado atrapada por la agenda económica nacional que le juega en contra. No tiene un factor ordenador, un liderazgo que puede imponerle reglas más o menos claras. En 2015 lo tuvo a Francisco Torroba, respaldado por su imagen pública y los resultados electorales previos. Definió una alianza y los lugares que iban a ocupar cada sector, aunque haya resbalado en Santa Rosa.

Esta vez parecen todos atrapados en ver qué puede ocurrir. El dedo de Macri ya no es un reaseguro. Ninguno es más que otro, aunque haya dirigentes que destaquen más. El secretario de Deporte de Nación, Carlos Mac Allister, por ahora espera que cambie el rumbo nacional y visita la provincia en un silencio preventivo organizando la tropa propia. El radical Juan Carlos Marino trata de ser noticia en todo momento, queriendo cerrar detrás suyo a la tropa radical para enfrentar a Cambiemos-Pro. Hay quienes lo impulsan enardecidos contra el macrismo, quienes lo resisten y lo resistirán, quienes recuerdan que ya perdió en dos oportunidades y es el “candidato de la derrota” y quienes por descarte lo observan como la única opción para confrontar con Mac Allister. Debajo de estas postulaciones, salvo algunos dirigentes provinciales, todo es un mar de incertidumbre y espera.

La agenda nacional, no ayuda

Si la agenda provincial está encallada, una definición que el autor de este análisis toma de un columnista porteño, la nacional no ayuda mucho más. El cruce permanente entre la crisis económica y el escándalo del cuadernogate no deja pensar con tranquilidad qué escenario podría quedar para 2019. Aunque se intuya.

El presidente Macri no logra estabilizar la crisis financiera actual mientras las perspectivas económicas para los próximos meses no son las mejores en un horizonte de ajuste, lo que pone contra las cuerdas a Cambiemos y le da aire al PJ. Pero a la vez, el peronismo está conmovido y sacudido por el escándalo del cuadernogate, un caso de corrupción sin antecedentes en el país.

Para muchos dirigentes pampeanos, es mejor cruzarse de brazos y esperar unos meses más. Otros ven que hay que apurar los tiempos para empezar a definir aunque sea los trazos gruesos de una estrategia. Dilemas del momento.

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Cambiemos, y el temor  al sálvese quien pueda  en los pueblos de La Pampa

Cambiemos, y el temor al sálvese quien pueda en los pueblos de La Pampa

Por Norberto G. Asquini

Entre los dirigentes provinciales de Cambiemos hay una preocupación que surgió en las últimas semanas: el desdoblamiento del desdoblamiento. La posibilidad de que en los pueblos se conformen juntas vecinales del mismo espacio para neutralizar en lo local la influencia de la elección provincial y que se retraiga así votos a la lista para gobernador y diputados provinciales.

Estrategias defensivas: pros y contras

Por ahora son temores de la dirigencia provincial ante cierta especulación de algunos actores locales frente al actual escenario tanto provincial como nacional. Todo el espacio opositor al PJ está en estado deliberativo frente al vértigo político y económico de las últimas semanas. El dólar, las tarifas, los cuadernos K, todo hace más difícil cualquier decisión. El malestar es moneda corriente y se estiran los tiempos de las definiciones.

En algunas localidades, hubo radicales que comenzaron a analizar la posibilidad de conformar juntas vecinales para enfrentar al PJ por los cargos municipales. Una estrategia defensiva y de preservación. Estos partidos municipales tienen la ventaja local de separar las lógicas locales de la confrontación provincial y del escenario nacional, y evitar así dividir votos propios. Sobre todo cuando puede haber una interna en Cambiemos en lo provincial. Es una manera de resguardarse de los vaivenes nacionales y de las acciones por ahora en baja de una lista no peronista en la Provincia.

Pero a la vez, una decisión de este tipo le quita votos a Cambiemos al no tener el empuje de lo local y debilita la lista a gobernador y diputados provinciales, y permite además que se potencie el voto al PJ al dejarle el campo libre.

La neutralidad sirve en lo local, y dispara al corazón mismo de Cambiemos al quitarle competitividad en lo provincial. Esta posibilidad se analiza en intendencias gobernadas por radicales, que quieren retener el gobierno local y observan que podrían perderlo ante la situación económica, una lista debilitada de Cambiemos en la provincial y un PJ unido. Es la lógica del “sálvese quien pueda”. No es nuevo que los intendentes no quieran internas en sus propias filas y que no pongan tanto énfasis en apoyar las listas propias nacionales y provinciales, si con eso mantienen a sus votantes.

Lugares en los que se analiza

Para algunos dirigentes radicales, la conformación de juntas vecinales es un temor fundado y se los ve preocupados. En una interna de Cambiemos, la UCR perdería votos con ese escenario local de neutralidad. Para otros referentes del mismo partido, estas manifestaciones separatistas son apenas contadas y muestras de una disconformidad que no tendrán efecto en la realidad. Por supuesto, los radicales apuntan a que desde el PJ se está alentando esta estrategia para reducir el caudal opositor provincial y sacar diferencia en 2019. Esta idea de las juntas vecinales, ¿muestra una rebelión de las bases de la UCR? Para algún dirigente no, ya que la realidad política pueblo por pueblo es muy variopinta. Pero esto no logra esconder el dilema de la dirigencia radical de cómo contener a esos descontentos.

Los radicales de Guatraché lanzaron la advertencia más seria. No quieren a Cambiemos y prefieren una junta municipal. Desde la dirigencia provincial afirman que es una cuestión muy localista y específica: la UCR se ve amenazada por el Pro (ese Departamento ha sido un bastión amarillo en las últimas elecciones) y temen perder la intendencia. No es ninguna novedad que algunos radicales del interior no quieren abrir las listas a los macristas, y menos luego de las performances locales de 2017, en las que fueron superados por el candidato amarillo Martín Maquieyra.

Las conversaciones para ver la posibilidad de juntas vecinales se han dado en lugares como Eduardo Castex o Jacinto Arauz, lo que no significa que vayan a constituirse. Y desde el PJ un alto funcionario deslizó al autor que podrían llegar a conformarse en Embajador Martini, Larroudé, Monte Nievas o Quehué. Todas intendencias radicales. El justicialismo no es inocente en esto.

Cambiemos quiere la marca nacional

Por su parte, desde Cambiemos-Pro han sido enfáticos: quieren la marca Cambiemos en todos los lugares posibles. Un alto dirigente de ese sector afirmó al autor que no se va a autorizar a ninguno de los partidos que integran esa coalición (los de Propuesta Federal) a firmar para dar el aval de conformar juntas vecinales. Saben que es una estrategia “destructiva” hacia adentro y que fortalece al PJ: todavía apuntan a la “traición” del intendente Hugo Kenny en 2017, ya que en esa localidad cayó Cambiemos, y los votos perdidos en esa apretada elección dejaron afuera del Congreso a la segunda de la lista, precisamente una radical oriunda de Victorica.

El dilema Cambiemos también se mete de lleno en las juntas vecinales que gobiernan localidades grandes de la provincia. En Victorica se quiere conformar Cambiemos para competirle a la Alianza, aunque el radicalismo local se resista. En Intendente Alvear está la disputa interna en el Frente Vecinal Alvearense entre el intendente Francisco Traverso, del radicalismo, y el ex Eduardo Pepa, del macrismo. El primero quiere repetir y el segundo piensa en un posible regreso al cargo. ¿Se mantendrá el Frente o directamente se llamará Cambiemos? En General Acha la Unión Vecinal llega con las acciones en baja y podría haber un solo candidato de Cambiemos para enfrentar las elecciones de 2019.

Por ahora, todo es teoría. Los dirigentes locales de la oposición al PJ hacen números, y observan que estos no les dan en su localidad mientras la economía macrista no repunte. Todos esperan que el país mejore a fin de año. Si no, cualquier decisión electoral va a ser más que complicada.

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