La “nueva” legislatura:  los dos interbloques  y la polarización

La “nueva” legislatura: los dos interbloques y la polarización

Por Norberto G. Asquini

La Cámara de Diputados de La Pampa llega con cambios en su dinámica para 2018 y de cara a los dos últimos de la actual composición. Ahora parecen perfilarse en su interior los dos polos que se enfrentaron en las elecciones de 2017, y que lo harán en 2019. Con más fuerza en el PJ con sus aliados con la conformación de un interbloque; con intenciones de hacer lo mismo por parte de Cambiemos y tener alguna coordinación con los radicales, a pesar de la resistencia de estos que temen perder espacios políticos.

Fin a la tregua

Si el año pasado la Cámara de Diputados cerró su funcionamiento con la aprobación en general del Presupuesto y el pacto fiscal por parte de las tres bancadas mayoritarias (PJ, Frepam y Cambiemos-Pro) y algunos aliados (fueron 28 votos sobre 30), esto no significó que haya “puentes tendidos” entre las distintas bancadas, sino solamente posturas que coincidieron en torno a un paquete de proyectos. Si hubo cooperación en este punto, esto no significó que se disolviera el conflicto permanente que hubo durante los meses previos entre el PJ y Cambiemos-Pro, uno como oficialismo provincial y el otro como nacional. Ahora la tregua de fin de año entrará en tensión durante 2018.

Cerrando el campo peronista

Este año lo que se puede observar es que la polarización que se dio entre el PJ y Cambiemos en La Pampa durante las elecciones pasadas se empieza de alguna manera a institucionalizar, y el ámbito parece ser la legislatura. Los dos campos, el peronista y el no peronista, empiezan a definirse, aunque todavía le falte mucho a la oposición provincial para convertirse en un bloque unido.

Por el lado del PJ, la coalición instrumentada para las legislativas de 2017 por el gobernador Carlos Verna para frenar la ola electoral macrista comenzó a tomar formato gubernamental en los últimos días del año. El heterogéneo Justicialismo, que en su bancada contiene a seis sectores, pareció subliminar las diferencias internas e ingresó en la misma sintonía que el Ejecutivo. A la vez, se conformó un interbloque con los dos monobloques aliados, el de Pueblo Nuevo de Daniel Robledo y el Frente Renovador de Darío Hernández, a los que se les dio un lugar en la gestión provincial, al primero en la Secretaría de Culto y al segundo en una subsecretaría de Desarrollo Territorial. De esta manera, se cerró políticamente el círculo del peronismo de cara a 2019 incorporando expresiones disidentes y frente a una posible unidad de Cambiemos en la Legislatura. En ese sentido, las posturas críticas y autónomas de Facundo Sola en el PJ habían echado dudas sobre su acompañamiento en algunas votaciones y esto fue uno de los disparadores en pensar la necesidad de consolidar el quórum propio con la conformación de un interbloque que le diera mayor cohesión al oficialismo. Del lado del campo opositor al gobierno de Macri, solamente Eduardo Tindiglia del FPV quedó afuera del interbloque, en un espacio cada vez más marcado por su marginalidad en el escenario político pampeano.

El interbloque opositor

La última novedad se dio del otro lado de la polarización, en la oposición al PJ. Hay dos Cambiemos pampeanos, habíamos dicho en una columna anterior, y esto queda patente en la Legislatura. Hay un bloque de Cambiemos-Propuesta Federal (el Pro) junto con el bloque unipersonal del Mofepa; y está el del Frepam, conformado por los siete legisladores radicales, más el diputado socialista. En 2015 ambos bloques fueron en la misma boleta y apenas pisaron la Legislatura se separaron, con denuncias cruzadas sobre quién fue el responsable de esa decisión. En 2017 las elecciones legislativas, y la alianza nacional detrás de la figura de Macri, los volvió a unir en una lista para diputados nacionales. El resultado cambió el escenario: el candidato del Pro ganó la interna de Cambiemos. Ese espacio es el que se muestra como el más opositor a la gestión de Verna y defensor de Macri. Ahora Cambiemos-Pro pidió a los radicales la conformación de un interbloque para comenzar a coordinar esfuerzos para “bajar” de una vez la alianza nacional a La Pampa, como ocurre en el Congreso Nacional y en otros distritos provinciales.

La heterogeneidad y fragmentación del radicalismo es evidente al interior del bloque del Frepam. Es fuerte la posición general de diferenciarse de Cambiemos-Pro para no quedar como segundos en la coalición opositora (o por sus diferencias con los integrantes actuales de esa fuerza). Por ese motivo hay algunas resistencias a la conformación de un interbloque, cuando no a la reunificación. En su momento esta coordinación había sido anunciada por el presidente de la UCR, cuando pensaba que ganaba la interna al Pro, idea que pareció abandonar con el golpe recibido en las PASO y la buena performance electoral de Cambiemos.

Dilemas de unos y otros

Sin embargo, hay también incentivos para trabajar en conjunto, al menos legislativamente, y esto es lo que están pensando algunos radicales. A favor de un interbloque está el argumento de que no significa unificación, solo coordinación de agenda y una relación estratégica para enfrentar al PJ sin perder espacios. Pero también hay argumentos en contra, como el quedar atrapados apoyando todas las medidas del gobierno nacional o perder autonomía fagocitados por Cambiemos. Los diputados del Frepam deberán discutir si conforman ese interbloque o no en los próximos días.

En esa discusión estará el diputado socialista Luis Solana, quien deberá definir también qué posición toma ante una decisión de sus socios políticos. Ha sido crítico al gobierno nacional, en posturas que lo acercan al PJ; pero también es parte de ese campo no peronista provincial y compartió listas con Cambiemos en 2015. Hay que ver cuál de los dos polos es el que finalmente elige, o si permanece en un espacio neutral deglutido por la “grieta” pampeana.

Desde una posición más fuerte, Cambiemos-Pro entiende que se debe comenzar a construir la alternativa provincial desde ahora para 2019, y que el primer paso es en la Legislatura.

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Avanzar o defenderse,  las estrategias de los dos  Cambiemos pampeanos

Avanzar o defenderse, las estrategias de los dos Cambiemos pampeanos

 

Por Norberto Asquini 

En 2018 el Cambiemos pampeano seguirá dividido, pero cada ala sostendrá una estrategia propia para llegar con ventaja a las elecciones del año siguiente. Son dos caminos: uno del macrismo, el Cambiemos oficial del Pro y sus aliados, que avanza empujado por el resultado de las elecciones del 22 de octubre; el otro el radical, todavía esquivo a la marca, agazapado y buscando sostenerse. Ambos comparten un espacio y a la vez lo disputan, uno a la ofensiva, el otro defendiéndose.

Los que avanzan

El 29 de diciembre el Pro tuvo una reunión encabezada por Javier “Colo” Mac Allister donde se diagramó el año político. Hay una línea que se bajó: el candidato en 2019 lo va a poner el presidente Macri y ya hay un elegido que será “amarillo”. Y otras indicaciones: Mac Allister tiene ventaja y no se va a desgastar negociando anticipadamente porque sabe que el radicalismo lleva cualquier entendimiento hasta último momento. La rosca y el internismo alimentan la lógica de esa estrategia.

“¿Con quién vamos a hablar si están todos divididos?”, se pregunta uno de los operadores del Pro sobre el radicalismo. La UCR pampeana está fragmentada y a la defensiva. Tiene una estrategia general que se diluye en las tácticas sectoriales. El objetivo general es intentar fortalecerse frente a Cambiemos-Pro para enfrentarlo o negociar en mejores condiciones en 2019. Pero esto choca, y se contradice, con los movimientos sectoriales, ya que cada tribu intenta posicionarse y fortalecer frente al macrismo, pero también frente a los otros radicales. De ahí las puestas en escena con el escudo de la UCR. El aferrase a una identidad partidaria pulverizada por la marca Cambiemos achica más de lo que suma, pero al menos contiene algo de lo propio.

La fractura y las tribus

En la UCR hablamos de tribus y no de líneas porque ninguna tiene ni un dirigente indiscutido ni poder hegemónico sobre las otras. Ya no hay colores, solo apellidos. No hay territorios amplios sino alianzas personales. Los Altolaguirre y Berhongaray en Santa Rosa, Francisco Torroba con sus seguidores, Juan Carlos Marino con sus punteros, Daniel Kroneberger y sus intendentes amigos, y después cada dirigente local. El mapa está salpicado de referencias, pero nadie predomina. La bancada de diputados provinciales del Frepam muestra esa división de sectores en los que unos bloquean a los otros, aunque esa discusión quede puertas adentro. Sus dirigentes están desarticulados, divididos y desorientados.

En ese mar de intereses, hay algo claro: hay una línea que fracturó en dos y reagrupa esos sectores, una con el eje Torroba-Kroneberger, el otro Altolaguirre-Berhongaray-Marino. De uno y otro sector se espera que se lancen en cualquier momento, más tarde o más temprano, precandidatos a gobernador.

El partido los identifica y agrupa, pero hacia adentro el radicalismo es tan heterogéneo como difuso. En cada mitad en la que está dividido conviven diferentes islas. Quedan pocos que no quieran Cambiemos, aunque lo hagan con algún malestar y con críticas más o menos veladas. Otros directamente ya juegan, fatalistas, de lleno a una alianza con el Pro. Muchos miden cuándo será el momento de consolidar la alianza provincial, porque saben que una vez adentro pueden ser devorados por ese monstruo nacional del que son una parte pero no los dueños, o porque no quieren convivir con los macristas actuales. 

Un paraguas y los caminos

Algo está en claro. El radicalismo pampeano sabe que es parte de Cambiemos, pero va a posponer esa definición en defensa propia a esa convivencia forzada. Pero hay un tren en marcha y se va quedando atrás. Quienes quieren mostrar un juego distinto quedan presos de las contradicciones, como el presidente de la UCR pampeana Hipólito Altolaguirre afirmando que no hubiera apoyado la reforma previsional. Es el titular del partido cuyos legisladores lo hicieron. Solamente los sectores periféricos, sin responsabilidades ni cargos, buscan diferenciarse.

A nivel nacional Macri blindó su reelección, al decir de Ignacio Zuleta, al bendecir el acuerdo de la UCR porteña que se integró a Cambiemos, y el radicalismo eligió como presidente al gobernador mendocino Alfredo Cornejo, un referente de Cambiemos al que se lo quiere postular para vice de Macri. Las lecturas de este segundo hecho mostraron la resignación de cualquier pretensión de conducir. La UCR es parte de Cambiemos sin chistar, y hasta votando las leyes  y aplaudiéndolas.

Mientras tanto el radicalismo de La Pampa tiene el paraguas del Frepam, o de la UCR. Todos especulan cómo serán las negociaciones o si no las habrá con el Pro. Para los radicales en 2019 hay dos opciones: negociar cargos importantes con Mac Allister como gobernador, o enfrentarlo en una interna. Esta segunda los debilitaría, ya no parece que los dos sectores lleguen a un acuerdo, y uno podría ir con Cambiemos-Pro. El macrismo ve tres opciones: Mac Allister candidato a gobernador; Mac Allister enfrentando una lista radical dentro de Cambiemos junto a Macri y un sector radical; o Mac Allister candidato de Cambiemos con Macri a la cabeza y los radicales como Frepam sin la boleta del presidente. O lo que sería lo mismo, la UCR quedando tercera.

Los choques pampeanos

Cambiemos-Pro y el radicalismo en La Pampa tienen el mismo presidente y la misma alianza nacional pero por ahora es imposible su unidad. En la Cámara de Diputados los legisladores radicales le esquivan a cualquier entendimiento. Se vio esto en el cruce entre el diputado Ricardo Consiglio, radical, y Josefina Díaz, de Cambiemos. Consiglio fue invitado a una reunión por Verna por el Presupuesto 2018. Díaz criticó el encuentro.

Tampoco hay una agenda común. Los representantes de Cambiemos salieron públicamente en diciembre a dar su apoyo a Macri y a la reforma previsional. En la mesa estaban todos los del Pro y sus aliados (como el diputado que cortaba rutas y amedrentaba conductores en 2008 y ahora pide represión a los agitadores), menos los radicales, que habían sido invitados, salvo un colaborador de Marino. El radicalismo le saca el cuerpo a Cambiemos, a diferencia de otros distritos, y esto es observado desde Casa Rosada.

El radicalismo quiere quedar afuera del abrazo del oso de Cambiemos. Pero mientras esté Macri de presidente y con reelección a favor, y el escenario le sea favorable, no hay escapatoria posible. Solo le quedará negociar las condiciones.

 

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Se abrió la lista en  el PJ para pelear  por Santa Rosa

Se abrió la lista en el PJ para pelear por Santa Rosa

Por Norberto G. Asquini

El resultado de las legislativas del 22 de octubre pasado en Santa Rosa empujó en el PJ a varios dirigentes a empezar a asomarse para disputar en 2019 el cargo de intendente de la capital provincial, mientras otros hacen cuentas sobre lo que puede llegar a ocurrir en la principal ciudad de la provincia. Queda todo un año para las definiciones, pero las actuales condiciones del peronismo santarroseño, disperso y hasta atomizado, pero a la vez victorioso en las urnas frente a Cambiemos, hacen que haya varios postulantes con intenciones de lanzarse para no llegar tarde a la hora de discutir las candidaturas.

Están los que quieren y los que pueden ser, los que tienen verdaderas posibilidades y los que deslizan su nombre para posicionarse y mejorar su lugar en la interna para luego negociar cargos a futuro. Están los que tienen que largar mucho antes por la debilidad de su espacio y quienes son mirados como candidatos con posibilidades concretas, pero no se atreven a dar el paso. Los que quieren perfilarse y los que son considerados casi número puesto.

Es que Santa Rosa se convirtió para el PJ en los últimos tiempo en una plaza esquiva, refractaria, adversa, pero a la vez necesaria. Producto de malas gestiones justicialistas, pero también de la propia fragmentación interna. Sus votantes le dieron la espalda en 2015 cuando votaron al radical Leandro Altolaguirre para intendente por una gran diferencia y hasta perdió ese mismo domingo Carlos Verna para gobernador. Pero le dieron el triunfo en la última legislativa de 2017 a su boleta de diputados nacionales y eso abrió un mar de posibilidades de cara a 2019. El PJ con ese resultado piensa y quiere recuperar la ciudad.

Nombres que giran y los demás

Entre los dirigentes que se van apuntando -en una lista sin orden ni jerarquía- hay quienes tienen pretensiones desde siempre en el vernismo como los funcionarios Lisandro Ranocchia y Javier Schlegel, aunque quedaron en el camino en 2015. Está el subsecretario de Trabajo Marcelo Pedehontaá con su espacio interno y su trabajo territorial en la última campaña. Durante la última semana de diciembre hubo declaraciones del diputado Jorge Lezcano considerado siempre un candidato natural, con armado y que ya ha disputado el cargo con su línea. Otro diputado, Darío Hernández, ya viene avisando desde hace tiempo que quiere ser el elegido con su partido, aliado ahora al PJ. Desde un sector jorgista están quienes impulsan su propio precandidato y hasta se anotó un dirigente avisando por los medios. Y están quienes son mirados por muchos como potenciales candidatos en Santa Rosa por su proyección: desde el vernismo el ministro Pablo Bensusan o en el marinismo Espartaco Marín o Mariano Fernández. Hay quien afirma que más allá de que muchos utilicen su candidatura para mejorar sus chances en una negociación futura usándola como prenda de cambio, los que tienen posibilidades concretas por peso y entidad políticos propios hoy guardan silencio, o que los funcionarios son los que menos quieren mostrar sus aspiraciones por el lugar que ocupan en la gestión.

El dedo y la contradicción

En lo que coinciden los dirigentes del PJ consultados es que será el gobernador Verna, y sobre todo si va por la reelección en 2019, el que defina el candidato a intendente de Santa Rosa. Desde Casa de Gobierno se derrama el poder. Y esa decisión llegará a dedo no solo por ser Santa Rosa una ciudad estratégica y necesaria para ganar la provincia, sino porque no hay un referente que aglutine todas las voluntades internas detrás de su candidatura. Verna deja jugar a todos para ver cómo avanzan, pero también sabe que el elegido será un postulante que tenga votos, indican algunos analistas, y no será tiempo de aventuras o desconocidos. La decisión del mandatario es la única manera de evitar una interna que termine nuevamente en desastre. Otros hacen sus propias deducciones y afirman que el mandatario podría darle ese lugar a otra línea y no al vernismo en su estrategia de sumar a todos los sectores.

Santa Rosa, como objetivo político para la dirigencia justicialista, tiene una contradicción propia: puede convertirse en un lugar para alcanzar la gloria, pero puede ser la perdición política para cualquiera. El cargo de intendente es el que más proyección puede darle a un dirigente, pero a la vez es un hierro caliente para el que lo asuma con el que puede perder todo su capital político. Altolaguirre asumió con toda la euforia y hoy no puede dominarla. Los baches en las calles, las cloacas derramándose y sus constantes conflictos con distintos sectores son una muestra.

Lanzados a la aventura

El PJ ganó la ciudad el 22 de octubre dándose una estrategia en común y salvando así la distancia y los resquemores internos. La profusión de posibles pretendientes, más allá de las posibilidades ciertas de convertirse en candidatos, habla de la atomización interna. En este escenario es que cualquiera puede lanzarse.

También la realidad mostró que se le puede ganar a la actual gestión aunque sea en un terreno político con un electorado muy crítico, autónomo, descreído, inaprensible, que va y viene en sus respaldos. El estado desastroso de la ciudad es otro hecho que suma para el análisis global. El PJ podrá hacer campaña subido a las dificultades propias de la gestión de Altolaguirre, pero también, apunta un consultado, debe hacer una autocrítica de su propia responsabilidad en gobiernos pasados y dar soluciones ciertas a futuro. Las promesas ya no corren en un territorio tan complicado.

Muchos dirigentes del PJ santarroseño tienen aspiraciones, las muestran o las callan, saben que ser intendente de la capital cotiza a futuro pero también que es un desafío enorme que puede triturarlos. Una aventura que no es para cualquiera.

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El año político 2017:  altibajos y sorpresas  que marcaron La Pampa

El año político 2017: altibajos y sorpresas que marcaron La Pampa

Por Norberto Asquini 

 El año político en La Pampa tuvo de todo. Altibajos y sorpresas, principalmente. Novedades que dejaron desconcertados, pero también la vigencia de algunas tendencias. Y la instalación de una polarización provincial que dividió el mapa político en dos, PJ y Cambiemos, alentada por la consolidación del presidente Mauricio Macri, y que para sostenerse dependerá de cómo le vaya en su gestión en los próximos meses.

La permanencia y la confrontación

El año fue sacudiéndose entre las certezas, las posibilidades y las incertidumbres. La política, como la vida, no es una calesita sino una montaña rusa, canta Bon Jovi, y así se la vivió en La Pampa.

La confrontación durante casi todo 2017 fue la norma en la relación entre los gobiernos de Carlos Verna y Macri. No hubo tema en el que no se cruzasen. La crítica permanente de un lado y la falta de envío de fondos nacionales del otro fueron noticia corriente. A mediados de año, el gobierno del PJ manejaba encuestas donde la aprobación del presidente era baja, y el radicalismo se preparaba para competirle en las elecciones como principal oposición, con ciertas posturas críticas al macrismo.

Desde este escenario Verna cerró filas con todas las líneas internas del justicialismo y otras vertientes peronistas: el marinismo y el jorgismo, hoy difuminado, los espacios socios como el lezcanismo y los dos aliados del massismo, y el kirchnerismo camporista hoy domesticado. Quedaron afuera el kirchnerismo combativo y el kirchnerismo testimonial, uno presentando una lista por dentro del PJ y el otro por fuera quedando reducido a la mínima expresión. Se le dio forma electoral a una coalición de gobierno compuesta de ismos aglutinada por un conductor y un enemigo enfrente. Se designó un candidato de consenso, y Ariel Rauschenberger fue señalado por el dedo del gobernador, en una primaria que parecía un trámite.

El día que todo pareció cambiar

El espacio opositor al PJ no se resolvió hasta que llegaron los tiempos electorales. Para entonces Cambiemos era el sello del PRO, que buscaba instalarlo, y que chocaba con la reticencia del radicalismo. Finalmente el macrismo decidió apoyar la alianza con una lista de unidad y un candidato radical encabezando, y resignar para 2019 su protagonismo. Pero el radicalismo hizo todo mal: a la pelea por preservar una identidad partidaria cada vez más diluida le sumó la profundización de su internismo crónico entre dos sectores antagónicos. Se presentaron dos listas con Francisco Torroba y Martín Berhongaray, y el PRO impulsó la propia con Martín Maquieyra.

Lo que ocurrió el 13 de agosto en las PASO fue la gran sorpresa electoral, impulsada por la expansión del voto a favor de Cambiemos a nivel nacional. El PRO le ganó a los dos sectores radicales, hoy claramente divididos, y los votos de Cambiemos superaron ampliamente al PJ. Todos quedaron desconcertados por un resultado que barrió con todo lo dado.

Dos proyectos frente a frente

La incertidumbre fue la marca del PJ en las semanas siguientes. Verna se puso la campaña al hombro para traccionar los votos necesarios para dar vuelta la elección del 22 de octubre y el aparato justicialista hizo lo demás. Del otro lado estaban los referentes del macrismo, con Javier Mac Allister a la cabeza que sacaba chapa de candidato a gobernador para 2019. El 22-O la ola electoral amarilla barrió con casi todo, pero no pudo hacerlo en La Pampa donde el PJ pudo remontar más de 22 mil votos. Fue un empate técnico definido por solo 76 votos de diferencia. Pero hubo uno que triunfó y otro que quedó segundo.

El resultado mostró, como indicamos en una columna de esos días, dos Pampas, dos proyectos políticos antagónicos que quedaron frente a frente por una polarización provincial alentada por los aires nacionales. Un equilibrio de fuerzas en el voto a voto que mostraron la vigencia de La Pampa peronista y la novedad de Cambiemos. El PJ dejó clara la persistencia de su proyecto de gobierno desde 1983, y la oposición mostró los dientes para pelear la alternancia en 2019. El PJ tiene su fortaleza en Verna con su conducción y la posibilidad de su reelección en dos años, y también la debilidad de contar solo con él como figura central para volcar la balanza. Cambiemos tiene como fortaleza ser parte de un proyecto nacional y haber mostrado ser opción de poder con votos, pero la debilidad de estar atado a la suerte de Macri y su heterogeneidad, donde la interna radical siempre juega a favor de la frustración.

Diciembre y otra vez cambio

Si habrá sido cambiante el escenario político de 2017, que llegamos a diciembre con nuevas incertidumbres. Tras las elecciones Macri quedó legitimado para llevar adelante su “reformismo permanente” y apuró a los gobernadores a firmar el pacto fiscal. Verna fue uno de los que lo hizo, aceptando condiciones como el apoyar en el Congreso las reformas, pero frenando imposiciones y sacando alguna ganancia en lo que para otros mandatarios fueron pérdidas. De la confrontación entre ambas gestiones, se pasó a la estrategia del diálogo.

Llegó el momento de votar en el Congreso y el macrismo avanzó sin miramientos con la reforma previsional. En Diputados, mientras las calles porteñas eran un caos, el PJ pampeano no la votó, lo que se convirtió en el primer punto de tensión con la gestión nacional. Sí lo hizo con la tributaria. Igualmente, el fin de año se fue sin sobresaltos para el gobierno provincial, ajeno al escenario nacional de la resistencia social a la reforma previsional y de un peronismo hoy fragmentado y enfrentado.

El campo político en La Pampa hoy más que nunca quedó dividido entre peronismo y no peronismo. Una disputa provincial que se ha nacionalizado y que tiene como eje la continuidad o el cambio. El año 2018 será tiempo de gestión para el PJ y de mostrar si Cambiemos puede competirle o no. “No mires atrás, no mires abajo, que todavía esto no ha terminado”, cerraría Bon Jovi.

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Verna y la votación caliente: de la cornisa al cementerio

Verna y la votación caliente: de la cornisa al cementerio

                                                                                                                                      Por Norberto G. Asquini

El gobernador Carlos Verna tuvo que hacer equilibrio durante los últimos días por la cornisa política de la votación en el Congreso de la reforma previsional. Sus legisladores apoyaron media sanción, pero no lo harán en la definitiva. La pregunta es: ¿hasta dónde se puede acompañar la gobernabilidad y hasta dónde se comienzan a pagar los costos políticos de apoyar las leyes de la gestión macrista?

Gobernadores frente al caos
El jueves pasado se intentó sancionar en Diputados la reforma previsional que se trataría
nuevamente este lunes. Una ley antipopular desde cualquier ángulo porque avanza sobre los
bolsillos de los desfavorecidos, pero que el gobierno considera indispensable para su proyecto económico.
Ya se ha escrito, visto y opinado mucho sobre los incidentes y la represión de esa jornada.
Poniendo la lupa en los grupos violentos que buscaron sembrar el caos y los diputados
opositores impidiendo la votación, o en la desproporcionada represión y la cacería aplicada
con saña por las fuerzas de seguridad. Nada, ni siquiera los gestos desestabilizadores de
algunos opositores, justifica la violencia estatal que se observó esa tarde.
En medio de esa batalla quedó Verna, y el PJ pampeano, como ocurrió con la mayoría de los gobernadores peronistas. Los mandatarios no quieren ser "socios del ajuste" pero tampoco sumarse a la irracional embestida antimacrista. Son el PJ de la gestión, los que tienen que gobernar sus distritos y tiene una responsabilidad, no el kirchnerismo en la oposición.

La estrategia y el cementerio
La estrategia de algunos gobernadores del PJ es de manual peronista, señala el periodista
Mauricio Maronna: se acompaña hasta la puerta del cementerio, pero no más allá. Macri,
envalentonado por la ola electoral favorable de octubre, llevó a un diciembre caliente con su decisión de avanzar con el recorte jubilatorio para darle sustentabilidad económica a su
proyecto político. Aceleró lo tiempos y puso a todos bajo presión. Y en esto arriesga parte de su capital político. De hecho, unió bajo esa bandera a todo el antimacrismo que estaba
golpeado tras las legislativas del 22 de octubre.
Verna integra, dijimos, el PJ de la gestión. La reforma previsional, que es parte del ajuste al
enorme déficit fiscal que se heredó en Nación, va atada al pacto fiscal. Un acuerdo político que fue firmado días antes y que días después avanza a los empujones.
La estrategia de Verna y sus legisladores nacionales en las dos cámaras se fue definiendo en el minuto a minuto del Congreso. No fue lo mismo la votación en el Senado, que daba media sanción, a la de Diputados que definía la ley misma. Los dos senadores del PJ pampeano la votaron en general, llamados mediante, y dieron una señal a la Casa Rosada de que el PJ pampeano no iba a ser un obstáculo para la gobernabilidad. O sea, para no “poner palos en la rueda”. Pero otra cosa fue en Diputados, donde todo se definía. Allí los tres representantes querían, para dar su apoyo, cambios en la letra de la iniciativa, que no fueron otorgados. Allí comenzó la rebelión del interior. “Nosotros vamos a dar gobernabilidad, pero el límite es la nuestra”;, indicó uno de los vernistas del entorno del mandatario.

Juego propio frente al teléfono

Los diputados que responden a los gobernadores peronistas en distintas bancadas, pero un
mismo interbloque, están casi cautivos del macrismo. Sus mandatarios dependen de los
fondos nacionales para gestionar 2018. En ese escenario, Verna tiene juego propio: quedó
atado al pacto fiscal, pero sus cuentas están ordenadas y si vivió dos años sin la caja macrista que le fue esquiva, puede hacerlo otros dos más. De ahí que las llamadas desde Casa Rosada puedan tener algún efecto, pero no todo el deseado.
En ese marco, previo al jueves, algunos diputados del PJ, ante el rechazo social a la ley y la
negativa a su modificación, más otros argumentos como la inconstitucionalidad de su
aplicación, dijeron que no iban a acompañar la reforma. Los tres pampeanos, a pesar de los
llamados de funcionarios nacionales, tampoco lo hicieron.
Tras los incidentes violentos del jueves, la mayoría de los gobernadores fueron convocados el viernes y decidieron apoyar con sus legisladores este lunes la ley. Verna y sus tres diputados se plantaron en que no lo harán. Si hay quórum, bajarán al recinto, pero no acompañarán. Como hay argumentos a favor de votar la ley, aunque no sean muy populares, también los hay y de peso para rechazarla.

Haciendo equilibrio entre dos extraños
Los medios nacionales hablan del enojo del presidente Macri con los gobernadores, sobre todo con los que retacean ahora los apoyos. El mandatario lo considera una traición de aquellos que firmaron un acuerdo y ahora se hacen los distraídos. A Verna directamente no lo invitaron a la reunión del viernes. "Es que les iba a escupir el asado", indica el mismo vocero de su entorno.
El gobernador pampeano no aprueba la oposición irracional del kirchnerismo, pero tampoco se va a arriesgar a ser "socio del ajuste", o al menos pagando tan alto precio. Opositor pero con responsabilidad de gestionar, presionado pero todavía con autonomía propia, hace equilibrio en la dicotomía de un país polarizado donde las dos opciones en pugna le son extrañas.
En una excelente serie televisiva de hace unos años, política y más descarnada que House of Card, que no tuvo demasiado éxito en audiencia, "Boss", el despiadado y pragmático alcalde Tom Kane queda frente una disyuntiva al tomar una decisión de peso: ¿Conveniencia o necesidad?
Ese es el planteo que cerca a los gobernadores peronistas frente a los condicionamientos del
presidente Macri. Verna puede ser que acompañe algunas leyes por necesidad, otras por
conveniencia, pero no lo hará con ninguna que lo lleve a traspasar la puerta del cementerio.

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