Verna en el país  de la reforma  permanente

Verna en el país de la reforma permanente

Por Norberto G. Asquini

La firma del pacto fiscal entre el presidente Mauricio Macri y los gobernadores mostró de forma contundente los nuevos tiempos de la política nacional. Frente a la avanzada de Nación y sus reformas, la nueva etapa privilegia el diálogo entre Nación y las Provincias, y La Pampa no se ha quedado afuera de esta tendencia. “Negociación y gobernabilidad, pero sin dejar de reclamar lo que nos corresponde”, indican desde el entorno del gobernador Carlos Verna.

 El nuevo escenario de poder

Después de las elecciones del 22 de octubre el gobierno de Cambiemos se vio legitimado, y con el suficiente poder, para avanzar en su “reformismo permanente”. Es el nuevo país en el que se debe “ceder un poco”. Así profundizó sus dos agendas: por una parte las reformas que según su proyecto apuntan a mejorar la competitividad de la economía (la impositiva y la laboral), y por otra en la relación económica entre Nación y las Provincias.

La nueva distribución del poder marco el campo de juego al que tuvieron que enfrentarse los gobernadores por estos días. Una negociación a contramarcha y bajo presión, aunque no tanta como la que recibieron los sindicalistas de la CGT a los que “le fueron al hueso” para que apoyaran la reforma laboral.

Los gobernadores peronistas quedaron en un posición desventajosa frente a Macri tras la ola electoral. Ante la propuesta del acuerdo fiscal que los hace socios de la reforma, y de un eventual ajuste, intentaron presentarle una contrapropuesta, pero fue difícil fortalecerse en la unidad frente al escenario actual. La inferioridad de condiciones para plantarse se hizo evidente. El ministro Ernesto Franco al hablar frente a los diputados provinciales durante la semana había tenido casi una postura de resignación, fatalista, ante las imposiciones del gobierno nacional que parecían irreductibles.

Las fisuras de los gobernadores

Tenemos en ese colectivo de gobernadores que se sentaron en la mesa con el macrismo un poco de todo: apartados los encolumnados de Cambiemos, están los mandatarios endeudados con Nación o derrotados electoralmente por el macrismo. Verna no está en ninguno de esos pelotones. La provincia no tiene deudas y el pampeano ganó en octubre. Pero desde el reducto provincial fue difícil resistir frente a las fisuras en el bloque de gobernadores. De hecho, el acuerdo firmado con Macri plasmó el retroceso de la llamada Liga de Gobernadores peronistas que antes de las elecciones había asomado como polo de poder frente a la Casa Rosada y a la fragmentación del PJ.  Solamente la separatista San Luis se resistió a la firma del acuerdo.

Si los gobernadores tienen un federalismo político, el macrismo parece concebir al federalismo desde lo económico. Maneja otra relación con las provincias diferente a los tiempos kirchneristas. El nuevo reparto de los fondos de coparticipación y la caída del Fondo del Conurbano a favor de la Provincia de Buenos Aires y la gobernadora María Eugenia Vidal (que recibirá 65.000 millones hasta 2019) es la muestra más palpable de esta nueva política. ¿Cuándo un presidente le dio tantos fondos a un gobernador bonaerense de su mismo partido? Ni con Menem, ni con Kirchner pasó.

En este nuevo marco político, los gobernadores parecen tener más incentivos para cooperar que para confrontar. Cedieron los juicios iniciados por coparticipación y otros puntos, pero obtuvieron “plata fresca”. Salieron con la sensación de que no habían perdido. “Se logró lo que se podía, y más de lo que esperábamos”, indicó una fuente de Hacienda consultada tras la firma. Algunos mandatarios lograron más fondos de lo que pensaban, como Santa Fe, cuyo gobernador amagó irse enojado y fue contenido por los funcionarios de Macri. Otros lograron que no se aplicaran medidas que iban en contra de la industria local como Mendoza. Y La Pampa consiguió parte de lo que buscaba, como que no le toquen la caja previsional de la provincia.

¿Una nueva etapa de diálogo?

El nuevo escenario político abre para La Pampa una nueva etapa de diálogo con Nación, entreviéndose una relación más moderada que la confrontación que se había dado entre las dos jurisdicciones en 2017, pero no por eso menos tensa. La negociación, ahora, se trasladará al Congreso, donde se van a discutir la mayoría de las iniciativas que quiere llevar adelante el macrismo.

El politólogo Julio Burdman habla de cómo se puede dar esta relación Nación-Provincia o entre el presidente Macri y los gobernadores peronistas, en la nueva etapa política que se abre tras las elecciones que cambiaron el mapa del poder en el país.

Los ciclos presidenciales y gubernamentales se dan juntos. Y se analiza que en 2019 Macri irá por la reelección, y con posibilidades de repetir si mantiene su aprobación. Los gobernadores quedaron condicionados por esto. Los nuevos, que tienen una reelección por delante, saben que dependen para sostener su gestión de tener una buena relación con la Casa Rosada, ya que pueden gobernar también por ocho años. Solo piensan en pelearle 2019 los que ya cumplieron su ciclo de gestión.

Por eso los gobernadores, indica Burdman, necesitan llevarse bien con la Casa Rosada, que es quien firma sus cheques. Y quieren que al presidente le vaya bien porque sus ciclos están sincronizados. “Estos gobernadores peronistas van a ayudar a Mauricio Macri a gobernar -indica-, como los gobernadores radicales ayudaron a Kirchner o los peronistas a Menem en su momento”. Una gobernabilidad cruzada, aunque esto no significa que cada tanto Verna muestre sus dientes.

 

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Paradojas, ratones  y Pandoras en las  filas de Cambiemos

Paradojas, ratones y Pandoras en las filas de Cambiemos

Por Norberto G. Asquini

Después de las elecciones del 22 de octubre, hay que preguntarse: ¿se ha reconfigurado la oposición pampeana al PJ? A nivel país hay una fuerza nacional que se consolidó legitimada por las urnas, distinta a los partidos tradicionales, con posibilidades ciertas de reelección en dos años y que algunos analistas tildan de “nuevo ciclo político”. Esto impacta en todo el país y en La Pampa ha surgido en ese sentido dentro de esa masa heterogénea y recelosa que llamamos Cambiemos, y que va aglutinando al arco opositor por la inercia de la marcha macrista, una serie de elementos novedosos y a la vez paradójicos.

El dedo que va adelante

Cambiemos es una marca política nacional que se impuso en las legislativas 2017, de la mano del presidente Mauricio Macri. En el país, y en La Pampa, está asociada al macrismo más allá de la alianza con otros partidos. Y en nuestro territorio a la figura del “Colo” Mac Allister. Y es la fuerza que tiene la llave para 2019: al peronismo pampeano y su mito de la invencibilidad, solo se lo puede llegar a vencer si se lo encuentra dividido, si hay una profunda crisis económica provincial o si se cuenta con el respaldo de un gobierno nacional. La tercera condición es la única que asoma.

En la alianza Cambiemos, el radicalismo quedó como socio secundario en una coalición en la que el macrismo define cómo, cuándo y por qué se hacen las cosas. Lo hace a nivel nacional, y los radicales temen que llegado el momento esa metodología se traslade a la provincia. Si en 2019 se mantiene el escenario político actual, si Macri va por la reelección, el PRO no solamente tendrá a su favor el antecedente de la primaria ganada en 2017 y la buena elección de octubre, sino también el dedo de Macri de su lado y la propiedad de la marca Cambiemos.

En La Pampa, la UCR puede decir que tiene la “estructura territorial”, pero lo que demostraron los votos de Cambiemos es que la dirigencia se vio sobrepasada por un votante que no la tiene en cuenta. Hubo radicales que le sacaron el cuerpo a la campaña porque no encabezaba uno de ellos, e igualmente los votos se volcaron a Martín Maquieyra, aunque no alcanzaran.

La ley de hierro te dejó atrapado

Con el resultado nacional del 22 de octubre, Cambiemos ha moldeado una nueva oposición en La Pampa. Macri cohesionó al no peronismo y fragmentó al peronismo. En La Pampa Cambiemos no es el oponente tradicional no peronista al PJ, sino que puede sumar de desde otros sectores, y con la marca nacional unifica el voto opositor.

El radicalismo puede patalear ante esta situación. Puede haber críticos frente a las reformas macristas o el papel que juega la UCR en la coalición gobernante como los dirigentes reunidos en Setúbal, pero la razón política que prima es la del presidente partidario José Corral: “Los radicales somos Cambiemos”. Aunque relegados, son parte del gobierno nacional. Afuera está la intemperie. Una “ley de hierro” a la que no pueden escapar. Son, en tanto son Cambiemos. La identidad actual de la UCR nacional es ser parte de Cambiemos. ¿Se puede volver a ser UCR en La Pampa, se puede seguir siendo Frepam frente a Cambiemos? “No, si no se quiere salir terceros en 2019, si no se quiere dejar de ser parte de la UCR nacional, que es socia menor del PRO pero con cargos”, me responde uno de sus dirigentes. Pero también aclara: “También el PRO nos necesita para ser competitivo”.

La dirigencia radical puede tener un discurso crítico sobre esta alianza, pero no lo puede manifestar. En La Pampa fue la segunda fuerza y la primera opositora, pero está en duda que siga siéndolo. Hay en esto una crisis de identidad a resolver: se tiene una ropa que es incómoda, pero que no se puede sacar sin sufrir las consecuencias. Diputados que deben debatir si votan a favor o en contra de proyectos contra las medidas de Macri o deben disimular sus posiciones; dirigentes que compartieron campaña con peronistas disidentes que apoyaron la lista como Aragonés en Pico o Bravo en 25 de Mayo; los que todavía se dicen críticos al PRO como Ulises Forte en Pico y que quedaron deslegitimados por los votos de la interna. Y del otro lado, la gente que pide Cambiemos.

Paradojas y síndrome del ratón

La UCR provincial, la dirigencia partidaria, vive en un mar de paradojas. Más acostumbrada al internismo crónico, está en la disyuntiva de ser parte de una opción de poder o de mantenerse en su histórico síndrome de “cabeza de ratón”. “Si no son protagonistas, aunque sepan que pierden, no quieren ser parte”, indica un dirigente macrista. Lo local encierra una paradoja nacional: solo podrían volver a ser la principal fuerza de oposición en La Pampa si le va mal a Macri. Resurgir si pierde a su principal aliado, para seguir siendo segundo del PJ. Volvemos a las ratoneadas.

Otra paradoja es la del “comando de la derrota radical”. Se aplicó una estrategia que finalmente llevó a la peor performance de la UCR en una elección legislativa, si vemos sus resultados: se forzó una interna, se la perdió ante el PRO, se dejaron heridas abiertas y por primera vez no pudo ingresar un legislador propio al Congreso. Esas heridas están ardiendo: los intendentes del interior acusaron a los Altolaguirre de llevar al partido a esta situación y subordinarlo aún más al PRO; los Altolaguirre dispararon contra los intendentes. Esos cruces fueron una medida de la frustración actual. El presidente del partido tuvo que salir, a dos años de la elección y todavía perdidoso, a decir que la UCR va a tener un candidato a gobernador. Una excusa para surfear los cuestionamientos a su actuación. Y vamos con una paradoja más: el elegido para ser precandidato es el senador Juan Carlos Marino, que ya probó en 2015 que los números no le dan. Extraña renovación la de los Altolaguirre: le pelearon la interna a Francisco Torroba con la excusa de renovar la dirigencia y ahora impulsan a Marino. Pero además, ¿por qué el votante de Cambiemos que apoyaría la boleta de Macri elegiría una versión devaluada de un candidato macrista? Y Mac Allister es Macri.

Y finalmente, la fortaleza de Cambiemos

Mac Allister, guste o no, con resistencias o no, quedó en la actualidad como el dirigente político opositor con mayor proyección en la coalición pampeana. Y a pesar de que el PJ lo frenó en seco, aunque haya sido por 76 votos. Los números no le darían hoy a ningún radical para enfrentarlo. A diferencia del internismo crónico radical, Cambiemos cuenta con una conducción centralizada y sin discusión hacia adentro y con apoyo de la Casa Rosada. El radicalismo es un montón de tendencias que se engarzan y se repelen. El macrismo es un equipo, en el que juega arriba uno solo, pero el resto acompaña. Puede ser un método criticado, pero le ha sido efectivo.

La estrategia de la derrota dejó abierta la caja de Pandora para los dirigentes radicales. La interna y la lista posterior de Cambiemos habilitó a que ahora las alianzas puedan ser transversales entre macristas y radicales. Que haya listas en Cambiemos que no sean solo PRO o solo UCR puras, sino acuerdos que enfrenten a los mismos radicales. El argumento, más de autodefensa que objetivo, de la identidad radical se va desmoronando una vez más como las excusas de un estudiante secundario que no estudió para el examen.

Y abramos otra caja de Pandora política: hasta ahora como segunda fuerza en la provincia, como principal de la oposición, la UCR disimulaba sus desavenencias. Si a nivel nacional les iba mal, la trinchera pampeana lograba unificar posturas hacia adentro, más o menos forzadas. Ahora el juego está abierto.

Las tensiones existen y persistirán entre la UCR y el PRO. Pero el PRO es Cambiemos y la UCR debe serlo. La llave de la marca la tiene el macrismo y a la dirigencia de la UCR le queda persistir en el síndrome de la “cabeza de ratón” o intentar ser parte de una verdadera opción de poder. Con todo lo que ello implica, y aunque se resista. Hoy parece ser así, pero quedan dos largos años.

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Pueblo por pueblo:  bastiones en crisis,  la fe y las piedras

Pueblo por pueblo: bastiones en crisis, la fe y las piedras

Por Norberto G. Asquini

¿Quiénes fueron los intendentes que “cumplieron” durante las legislativas del 22 de octubre en La Pampa? ¿Cómo le fue al PJ y a Cambiemos en dónde gobiernan? Analicemos pueblo por pueblo las performances de una elección más que reñida.

En el PJ la “remontada”  histórica de más de 20.000 votos con respecto a las PASO se observó en Santa Rosa y General Pico, ya que entre ambas ciudades sumó 11.500 votos más de diferencia de los que tuvo en agosto, y fue lo que le dio la mínima ventaja. En el interior de la provincia el justicialismo incrementó otros 8.000, quedando empatado con Cambiemos en unos 50 mil votos para ambos.

El voto más urbano

En Santa Rosa el PJ remontó 6.340 votos para superar a Cambiemos (un 28% más que en agosto) y en General Pico 5.212 (44,3% más). Cambiemos bajó en ambas ciudades: 1.804 votos menos en Santa Rosa (cayó un 6%) y 1.467 en Pico (bajó el 8%). En ambas la diferencia fue exigua, un empate técnico, 181 votos a favor del PJ en Santa Rosa y 19 a favor de Cambiemos en Pico, ambas fuerzas derrotadas en las ciudades en las que se consideraban más fuertes. El gobernador Carlos Verna dio cuenta de que la interna del PJ influyó en los números de General Pico, por las diferencias entre sus “espadas” políticas locales. Una caída histórica para el peronismo piquense. En Santa Rosa el que la sufrió fue el intendente Leandro Altolaguirre, que había dicho durante la votación que el resultado iba a legitimar su gestión, y ahora el PJ piensa en sus posibilidades de volver a gobernar la ciudad en 2019.

El voto estratégico, independiente o autónomo, tal vez más urbano, como quiera considerarse, pesó en las dos principales ciudades, esta vez a favor del PJ que sacó más ventaja, pero Cambiemos mantuvo casi su caudal, aunque fueron 3.600 votos los que se le escaparon entre las dos elecciones y pudieron haber definido la general. El PJ literalmente “sacó agua de entre las piedras” rastreando casi casa por casa sus apoyos en toda la provincia.

Los bastiones en crisis

Pero si en Santa Rosa y General Pico las elecciones estuvieron empatadas, y hubo festejos cruzados, en el interior el PJ descontó también con su levantada. El PJ apenas perdió en 13 de las 57 localidades que gobierna, el 22,8%. En las PASO había perdido en 24, y esta vez once intendentes remontaron las derrotas de agosto.

Algo que mostraron estas elecciones fueron bastiones electorales del PJ en crisis. General Pico fue el ejemplo más concreto. Pero hubo otros como Quemú Quemú, que pese al fuerte acompañamiento que ha tenido del gobierno provincial no pudo dar vuelta la elección y sufrió una de sus más duras derrotas en 30 años. El apoyo gubernamental no se pudo plasmar en el apoyo de los quemuenses y Cambiemos superó al PJ por 400 votos. Ingeniero Luiggi fue otro duro golpe para el justicialismo, gobernada por Oscar Zanoli. Esas dos localidades, junto con General Pico, fueron bastiones históricos del PJ y del vernismo y distritos que históricamente empujaron el escrutinio hacia el triunfo peronista.

Los que cumplieron y los que no 

Las otras pérdidas para intendentes del PJ a manos de Cambiemos fueron Lonquimay, Hilario Lagos, General San Martín, Jacinto Arauz, Agustoni, Colonia Baron, Colonia Santa María, Unanue, Doblas y Anchorena. Varios jefes comunales son nuevos, pero otros que gobiernan desde hace décadas ya comenzaron a pensar en retirarse tras la debacle.

Hubo quienes cumplieron y remontaron con creces, sobre todo en las localidades grandes del interior: los que descontaron más de 300 votos de diferencia con respecto a las PASO fueron Toay (más de 700), 25 de Mayo (+650), Eduardo Castex (+600) y Macachín (+300), los cuatro jefes comunales habían perdido en agosto. Ahora el resultado pareció legitimar al toayense Ariel Rojas para pensar en algún lanzamiento provincial. También levantaron los votos en localidades no gobernadas por el PJ como General Acha (+600), Intendente Alvear (+550) y Victorica (+400). Pero hay que matizar, la performance en todas las localidades había sido muy baja para el justicialismo en las PASO, de ahí la recuperación.

Igualmente la remontada del PJ se dio en todos lados. Los apoyos subieron en 74 localidades y en apenas cinco bajó el caudal de votos con agosto: Vertiz, Monte Nievas, Bernasconi, Abramo y Luan Toro.

El voto de fe a Cambiemos

Pasemos a Cambiemos. El PJ remontó en casi todas las localidades, pero esto no significó la caída, como estimaban algunos analistas y dirigentes, de los respaldos hacia Martín Maquieyra. Sobre todo se pensaba en alguna fuga del votante radical herido con la interna o crítico al macrismo. El voto fue útil, opositor al PJ, y en este sentido, hubo un “voto de fe” de buena parte de los electores del interior hacia Cambiemos y el macrismo como opción de poder frente al peronismo. Timbre para los radicales provinciales que le sacaron el hombro a la campaña. De hecho, desde el macrismo vieron con malos ojos que un legislador nacional no haya acercado a su familia a votar en su propia localidad.

Los intendentes radicales cumplieron: salvo en Santa Rosa y Quehué, los otros 15 jfes comunales ganaron todos y superaron la buena elección que habían realizado en las PASO. Lejos de la acusación de “vernistas” que le endilgó el intendente Altolaguirre a sus pares. Solamente en los municipios gobernados por partidos vecinales el resultado cambió: en Victorica, a pesar de ser el intendente Hugo Kenny radical y haber coqueteado con Cambiemos -y también con el PJ- esta vez ganó la lista justicialista. El jefe comunal pareció soltarle la mano a la candidata radical de Cambiemos, Gloria Cazanave, que perdió en su localidad por 200 votos. En Quetrequén y Falucho también ganó el PJ.

Hay un dato significativo: en 50 localidades Cambiemos levantó los votos conseguidos en las PASO por las tres listas que habían competido, aunque haya perdido finalmente en varias de ellas contra el PJ. En otras 29 bajó el caudal de votos, sobre todo en localidades medianas, aunque igualmente se impuso en nueve de estas. Párrafo aparte es General Acha: desde 2013, elección en la que ganó sorpresivamente allí Javier Mac Allister, esa ciudad se ha mantenido fiel al macrismo, y nuevamente Cambiemos se impuso al PJ que tuvo una gran remontada. La fidelidad del voto a la boleta “amarilla” fue casi exacta a las PASO, apenas tuvo uno de menos.

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El PJ pampeano en  la mirada nacional: la  ola y el navegante

El PJ pampeano en la mirada nacional: la ola y el navegante

Por Norberto G. Asquini

 ¿Qué significó el resultado del PJ pampeano a nivel país? ¿Cómo debe ser leído en el nuevo escenario político nacional y dentro del peronismo en particular? Un escenario en el que el presidente Mauricio Macri arrasó en las urnas y quedó legitimado con más del 40% de los votos para afrontar las reformas que tenía previstas. El hecho ocurrido poco después de sacarle los fueros al ex ministro Julio De Vido y su detención mostró con toda su crudeza la marcha de ese nuevo rumbo para el país.

Repercusiones del 76 

La elección legislativa en La Pampa cerró con un margen de solo 76 votos a favor del PJ. Si bien la “maquinita” electoral justicialista, ayudada por las nuevas tecnologías de estos tiempos, ya tenía cerrado ese dato el domingo 22, fueron los tres apoderados y funcionarios provinciales (“los tres mosqueteros” para el PJ, los “tres más odiados” por Cambiemos, casi como título de película) que en una selfie anunciaron oficialmente el resultado con una broma con el hashtagg #LTA.

¿Qué marca ese 76? El ajustadísimo resultado fue celebrado como victoria rotunda por el PJ porque tuvo que remontar 22 mil votos, y los superó. Pero también porque “frenó”, o al menos contuvo, en la provincia la ola nacional de Cambiemos. Para el macrismo fue una sacudida por las expectativas creadas en las PASO. Pero no hay que olvidarse que el escenario dejó un equilibrio electoral cortado en dos mitades (o la mitad + 76), con opciones para Cambiemos de pensar que hay posibilidades de alternancia en 2019. Aunque ya el radicalismo se está encargado de hacer derrapar cualquier sueño opositor.

Verna, el que la supo navegar

A nivel país, el peronismo mostró lo que ya se adelantaba en cualquier análisis. Mario Wainfeld lo considera un archipiélago sin puentes. Fragmentado y dividido entre el kirchnerismo, los gobernadores y los disidentes. Hubo gobernadores derrotados y referentes golpeados en el PJ, el kirchnerismo mostró que como alternativa de poder está lejos y Cambiemos terminó de nacer como oficialismo.

El gobernador Carlos Verna fue el navegante de esa ola nacional. Tal vez en su remontada solo lo pudieron superar, en cantidad de votos, los Rodríguez Saá en San Luis. Ambos fueron los dos únicos gobiernos provinciales del PJ que dieron vuelta la elección. Quedaron entre los nueve peronismos provinciales que ganaron (otras tres provincias no macristas son gobiernos distritales). Cambiemos se quedó con 13, pero con los cinco distritos más importantes. Tal vez el triunfo del PJ en La Pampa no fue tan holgado como Tucumán y San Juan, quienes levantaron cabeza, pero sí fue mejor que Salta o La Rioja, por no mencionar a Provincia de Buenos Aires, que ganaron las PASO y perdieron las generales. Y mejor todavía que los “grandes derrotados” como Córdoba o Entre Ríos.

Una mirada comparativa

¿Cómo analizar la estrategia de Verna desde este resultado y comparándolo con los otros gobernadores del PJ? 1) Su estrategia de confrontar al gobierno nacional funcionó. Otros dos de los señalados como “duros” frente a la Casa Rosada, como los Rodríguez Saá o Insfrán en Formosa, también lo hicieron y ganaron. No así Alicia Kirchner en Santa Cruz, un caso irremontable. Los que coquetearon con el presidente perdieron, como Juan Schiaretti en Córdoba o Manuel Urtubey en Salta, cuya candidatura a presidente naufragó en la ola, dos casos paradigmáticos. Los liderazgos claros y firmes se sostuvieron, los de cuño dialoguista no. 2) Verna unió a todo el peronismo detrás de su figura y su boleta, otros sufrieron que el kirchnerismo dividiera votos como Salta y Chaco o que hubiera más listas como en Provincia de Buenos Aires. Donde el peronismo fue unido, potenció sus chances, indica Ignacio Fidanza.

3) El PJ pampeano mostró que a pesar de las acechanzas, continúa vigente y sabe recuperarse. No es gratuito el resultado y tampoco sostenerse 34 años en el poder. La vieja profecía incumplida y siempre agitada por algunos sectores de la muerte del peronismo, puede bordear la realidad pero por ahora está lejos de concretarse.

Pensar para adelante

Verna está entre los que pueden opinar sobre el futuro del peronismo. Con su victoria y la consolidación de Cambiemos, ya está en marcha la reelección de Macri como presidente. Tiene al alcance de la mano un período de 8 años de poder.

A pesar de la alta fragmentación, los votos del peronismo están intactos, indica Julio Burdman, aunque divididos en distintas expresiones. Cambiemos logra unificar exitosamente el campo no peronista, pero al PJ le falta un liderazgo unificador.

El campo está minado para la oposición a Macri. Las terceras fuerzas fueron barridas. El peronismo perdió por tercera vez consecutiva en PBA y cada vez tiene allí menos votos -si no contamos a Sergio Massa-. CFK es la opción con más respaldo en las urnas, pero ratifica una paradoja: tiene un piso alto de votos, pero también un techo muy bajo. No se cumplen los pronósticos de su final político, pero su estrella no brilla como cuando estaba en el poder, acosada por problemas judiciales y merodeando la posibilidad de la prisión. Su presencia le da además la posibilidad de potenciarse a Cambiemos. “Con Cristina sola no alcanza, pero sin Cristina no ganan”, advierten desde los sectores K al PJ hacia 2019. Los gobernadores avanzan en otro sentido, sobre todo en el Congreso nacional, con un esquema para recuperarse y fortalecerse desde el interior y sumando a muchos que, como Massa, se habían alejado y ahora buscan retomar el camino. El ciclo K para ellos están concluido. CFK puede ser candidata potencial o la voz pública de parte de la oposición, pero los que gobiernan territorio en el PJ son los gobernadores, y son la contraparte de Macri. En 2018 serán ellos los protagonistas.

Pasaron las elecciones y hay un nuevo escenario político donde Cambiemos se ha consolidado. Algunos observan que las olas suben y bajan. Solo hay que saberlas navegar. El PJ pampeano, sorteando la ola de Macri y esquivando la costa cada vez más lejana de CFK, navega en solitario y manteniéndose a flote.

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Gobernadores,  Ganancias y  gobernabilidad

Gobernadores, Ganancias y gobernabilidad

Por Norberto G. Asquini

El gobernador de La Pampa, Carlos Verna, participó el jueves del encuentro de mandatarios provinciales opositores que están cerrando filas para plantarse frente a la serie de reformas que se vienen en el país tras la “ola electoral” de Cambiemos en las legislativas del domingo 22.

Del encuentro participaron los pocos peronistas ganadores: Sergio Uñac de San Juan y Juan Manzur de Tucumán, promotores de la reunión, Gildo Insfrán (Formosa), Hugo Passalacqua (Misiones) y Verna. La catamarqueña Lucía Corpacci no asistió pero envió a su ministro de Gobierno, Gustavo Saadi. Tampoco estuvo Alberto Rodríguez Saá, que mandó como representante por San Luis a José María “Tati” Vernet, ex gobernador de Santa Fe. Por Santiago del Estero estuvo el vicegobernador, José Emilio Neder. Verna, ganador al fin tras una elección reñida, se permitió hacer una broma en medio de la preocupación: “Ganar la elección es lindo pero ganarles un diputado por 70 votos es mucho más lindo”.

El listado se completó con los perdedores: Juan Schiaretti (Córdoba), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Rosana Bertone (Tierra del Fuego), Domingo Peppo (Chaco), Sergio Casas (La Rioja), el socialista Miguel Lifschitz (Santa Fe) y Alicia Kirchner (Santa Cruz). En tanto el salteño Juan Manuel Urtubey pegó el faltazo y envió en su nombre al vicegobernador Miguel Isa.

Los gobernadores reconocieron la “ola electoral” de Cambiemos que sacudió al país y que dejó legitimado al presidente Mauricio Macri para encarar una serie de reformas como la fiscal y tributaria, cambios en la situación de las cajas previsionales, el impuesto al cheque, el reparto de la coparticipación y la obra pública. El lunes Macri anunciará en un acto su proyecto en el Centro Cultural Kirchner con el viento de cola del resultado electoral y allí estarán presentes los mandatarios, entre ellos Verna.

Fondos y Ganancias

La idea es unificar la agenda de las provincias frente a lo que consideran un avance sobre los fondos que recibe cada distrito, algo que ya se había adelantado con la presentación ante la Corte Suprema de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal por el Fondo del Conurbano. Los mandatarios quieren que ese tema se resuelva por consenso en una mesa de discusión entre todos los distritos.

También hubo planteos en particular por temas relacionados con la obra pública, el envío automático de la coparticipación y la implementación de la ley de participación público privada.

El objetivo fue pensar cómo plantarse ante Macri, hoy legitimado por las urnas, ante la pérdida de fondos nacionales. Se habló en el encuentro de coordinar esfuerzos en el Congreso entre los legisladores frente a las reformas y se analizó los avances que tuvo Nación sobre los fondos que se transfieren a las provincias -un repaso que fue desde Carlos Menem hasta Cristina Fernández-. Uno de los planteos que tomaron en cuenta los mandatarios para contrarrestar los avances de Nación lo hizo Verna. La idea es parte de la presentación que ya había realizado el gobierno pampeano ante la Justicia: modificar el Artículo 104 de la Ley 20628 de Impuesto a las Ganancias, que hoy permite a Nación detraer con destinos específicos significativas sumas de dinero de la masa coparticipable en detrimento de las provincias. La propuesta será elaborada en los próximos días por los ministros de Economía de los distritos.

Gobernabilidad cruzada

Otra cuestión que se trató es que todo el trabajo parlamentario en estas cuestiones que se tratarán en el Congreso estará coordinado por el senador Miguel Angel Pichetto, en quien los gobernadores depositan su representación, en lo que también es una clara señal interna ante el desembarco en el Senado de CFK.

Hubo una cuestión que se planteó además y que está en relación a los fondos y frente a los dos años que quedan de gestión tanto para Macri como para los gobernadores. Es el tema de la gobernabilidad. El presidente está fortalecido y legitimado por las urnas, pero en el Congreso todavía deberá negociar para conseguir leyes ya que no tiene mayoría propia. En tanto, los gobernadores deben afrontar lo que queda de sus mandatos como oposición y con el avance de Nación sobre las Provincias con la discusión de lo que reciben y además reclamando ajustes en sus déficits. La idea es, resumida en un frase, “ayudame que yo te ayudo”. Se viene una etapa de negociaciones y los gobernadores ya comenzaron a tender puentes. Son los nuevos tiempos que marca la política nacional tras el 22 de octubre.

 

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