UCR-PRO y la ruptura  con menos sorpresas  de la política

UCR-PRO y la ruptura con menos sorpresas de la política

Norberto G. Asquini

“Solo se blanqueó lo que siempre ha ocurrido”, afirma un dirigente del PRO al autor sobre el nuevo distanciamiento de esa fuerza y la UCR en La Pampa, tanto en los hechos como en palabras. En los hechos porque nuevamente los diputados electos este año parece harán bloques separados, como hasta ahora. En palabras, porque los cruces de unos y otros, al menos de algunos de los principales dirigentes, no dejaron duda de las diferencias políticas y personales.

Es una alianza imposible, porque ambos no tienen piel con el otro. Pero también en lo informal sigue siendo una alianza virtual: los mantiene unidos a pesar de todo que a nivel nacional el frente ex Cambiemos-Juntos por el Cambio se mantendrá unido frente al peronismo en el poder. En la provincia la ruptura es también una circunstancia: los une un mismo electorado, un competidor a enfrentar y esa misma alianza nacional. La dinámica es separarse dos años para terminar ir yendo juntos a elecciones. Casi como en el mito de Sísifo, la piedra vuelve siempre al mismo lugar por más que la quieran alejar.

La vida los separa

A nivel nacional se está reconfigurando la coalición antiperonista, ahora la principal fuerza opositora en el Congreso. Habrá bloques separados entre el PRO, los radicales y los “lilitos”, unidos por un interbloque. Al interior de cada partido también hay disputas de poder para posicionarse hacia adelante, y que se hicieron notar en la elección de las autoridades de cada bloque. Mauricio Macri sigue siendo el principal dirigente, pero no el único. María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, entre los principales, de su tropa y Gerardo Morales o Alfredo Cornejo de los radicales, pelean espacios y liderazgos.

En La Pampa el nuevo distanciamiento se dio por una serie de malentendidos e interpretaciones que tienen como basamento diferencias de origen. Nunca pudo cuajar una alianza con mínimos consensos que pudiera construir una coalición. La oposición en La Pampa va tejiendo pacientemente su propia frustración que estalla cada cuatro años.

No hubo sorpresa en lo que pasó. Solo se blanqueó una situación que ya había ocurrido en 2015 cuando eran Propuesta Frepam y los bloques legislativos se dividieron tras la elección. Se mantuvo una situación de tensión en los siguientes cuatro años, que se disparó con la interna de febrero de este año. En medio, nunca hubo interés entre ambos de unidad.

Rupturistas y consensos

En los últimos días se intentaron los primeros acercamientos para ver si se iba a conformar un solo bloque de Juntos por el Cambio-ex Cambiemos, o como se quiera llamar ahora esa alianza en el posmacrismo. Se quería encontrar una fórmula: el PRO pretendía un solo bloque y el radicalismo un “interbloque”, o sea en lo formal bloques separados que coordinan proyectos y posturas frente al PJ. Como lo tuvieron en 1999 con el Fregen en tiempos de la Alianza.

El problema son las palabras. Hubo una reunión de radicales en Guatraché promovida por los “rupturistas” con el PRO. Se dijeron cosas. Y no cayeron bien en el macrismo que enseguida disparó contra cualquier acuerdo.

Los medios se hicieron eco de los rupturistas cuyas palabras resonaron más fuerte. Pero hay distintas posturas al interior de los y las radicales. Están los más críticos a la alianza con el PRO, y están quienes pretenden construir acuerdos mínimos. Están los que quieren bloques legislativos unificados, como en General Acha o General San Martín (en Acha con intendente radical, en San Martín con uno del PRO), o bloques separados, como en Santa Rosa o en Guatraché, punta de lanza del rupturismo (justo en tierra donde Macri gana y gana). Depende de cada realidad. En medio, dirigentes de sectores minoritarios que torpedean con sus declaraciones cualquier acercamiento al no tener la responsabilidad de construir puentes.

Internismo y justificaciones

Pero, ¿cómo conformar una coalición con otro partidos cuando hacia adentro el internismo es una fuerza movilizadora de rencores y disputas dentro de la UCR? “Poli” Altolaguirre disparó contra los radicales que ocupan lugares de la oposición en organismos estatales. Por supuesto, le apuntaba a un torrobista. En General Pico Patricia Testa renunció a su banca por cuestiones personales y por la mala relación con otro concejal de su mismo partido, y ahora los no torrobistas quieren expulsarla.

La falta de autocrítica (Altolaguirre después de tres años de una presidencia en la que la UCR solo tuvo pérdidas, afirma que todo es culpa del PJ) y el germen del internismo (los radicales son minoritarios en Pico frente al PRO y ahora quieren expulsar a la dirigente mejor posicionada) recorren las filas radicales. El debate interno tampoco se armoniza porque si bien hay dirigentes de peso político, no hay líderes que aglutinen consensos. Solo pertenecer a un partido orgánico ha evitado el estallido.

En el PRO hay también diferencias internas. Pero hay figuras que concentran las decisiones como “Colo” Mac Allister (sin cargo y sin hacerse ver mucho, pero presente) y el diputado Martín Maquieyra en el norte, con base en General Pico, y un bloque en diputados más homogéneo que el anterior.

A esta altura de la columna, y después de analizar la situación, un dirigente radical advierte que “no somos los únicos divididos o con problemas, el peronismo también los tiene”. Hay una diferencia sustancial que da por tierra con las justificaciones: el peronismo tiene el poder que ordena y disciplina. La lógica de “el que pierde acompaña”.

Queda claro que los opositores que quieren construir, y que los hay, de un lado y del otro, se encuentran con que enfrente (o mejor dicho, a su lado) están los que dinamitan con sus palabras cualquier posibilidad superadora. Sísifo en el mito es el héroe absurdo, por más voluntad que ponga, nada va a cambiar en su vida. Ese parece ser el estado que arrastra la oposición al PJ desde hace años.

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El ziliottismo naciente  y la búsqueda de  la épica propia

El ziliottismo naciente y la búsqueda de la épica propia

Por Norberto G. Asquini

Los gabinetes inaugurales sirven para reflejar las continuidades o los cambios en el rumbo de los nuevos gobiernos con respecto a los salientes. El anunciado por el gobernador electo Sergio Ziliotto, si bien tuvo poco de factor sorpresa ya que se conocían la mayoría de los nombres de los ministros, da cuenta de la continuidad con la gestión vernista, con un condimento de renovación.

Los gabinetes del PJ pampeano han sido el reflejo de su predominio en la política provincial. El criterio de su integración desde la década del 90 ha sido el peso partidario más que la compensación a otros sectores o la ampliación de alianzas. Los gobernadores han elegido principalmente personas de confianza o de su círculo íntimo, con conocimiento de las áreas que van a ocupar.

Con una elección ganada con el 52% de apoyo, que legitima electoralmente al nuevo mandatario, y con la garantía de Carlos Verna como actor central, Ziliotto conjugó en su gabinete históricos funcionarios vernistas con el enroque, rotación y ascenso de funcionarios integrantes del “Club de los 40” y la incorporación de nuevos “técnicos”. Si Verna en 2015 compensó luego de una interna a algunos sectores más allá del núcleo de ministros vernistas, esta vez se privilegió un equipo de gabinete todavía más homogéneo. A pesar de las malas caras de otros sectores.

El ojo puesto en mañana

¿Cómo mira la sociedad al nuevo gobierno de Ziliotto? El ojo está puesto en qué se va a hacer, pero también en qué se va a mantener. ¿Será más de lo mismo o un salto adelante? En una provincia de certezas políticas, donde la continuidad es estructural, hay que tener en cuenta qué fue lo que votaron las y los pampeanos: mantener y defender lo conseguido, sostener la gobernabilidad. Para quienes votaron por el PJ, esa certeza da tranquilidad, para la oposición resignación al no cambio.

Los liderazgos peronistas siempre combinaron novedad y tradición. Es lo que se llama pragmatismo. El gabinete de Ziliotto encarna el corazón del vernismo como línea predominante del justicialismo y la continuidad de La Pampa peronista. Pero también es el primer gobernador del ciclo pos generación del 83. De ahí que más allá de las permanencias, tiene ante sí el desafío de ser la transición hacia otra época política en La Pampa. Ahí estará la búsqueda de una épica propia como ismo embrionario del PJ, más allá de mantener lo dado.

La nueva agenda del peronismo

Las únicas manifestaciones en contra del gabinete fueron de sectores feministas y de derechos humanos, militantes en la agenda del cambio de políticas. La permanencia y continuidad del peronismo, el histórico o tradicional, en los últimos 36 años es un hecho en La Pampa. Pero esto no significó estancamiento. Durante la década larga del kirchnerismo en el poder, hubo cambios en su interior. Así como los gobiernos kirchneristas lograron conjugar la agenda social del peronismo con la de los “nuevos derechos” del siglo XXI , el justicialismo local no quedó ajeno a estos avances adoptándolos como propios. Aún de aquellos sectores que quedaron enfrentados al kirchnerismo como el vernismo, que los incorporaron a la agenda política y pública en los últimos años, sobre todo frente al macrismo en el poder.

Hay políticas de estado en La Pampa que son inamovibles como la defensa de los recursos hídricos, en clave de derechos ambientales. Hubo también en materia de género avances como la conformación de una Secretaría o la ley de paridad en cargos legislativos. El apoyo de Ziliotto como diputado a la despenalización del aborto, justamente hoy el próximo gobernador, es una muestra de esos cambios. Pero también se debe observar que el avance de las mujeres en los lugares de primera línea es una construcción política permanente frente a estructuras patriarcales y no algo dado por el solo hecho del género.

En materia de derechos humanos esos avances se reflejaron en la creación de un área o el respaldo activo a los juicios contra delitos de lesa humanidad en La Pampa. Las críticas al funcionario que ocupará la subsecretaría por su participación en una gestión puntual se nos aparece anecdótica. El responsable del área en la próxima gestión será el propio ministro, que además amplió la estructura de DDHH para abarcar una mayor cantidad de casos.

Hay una tensión permanente entre discursos y prácticas, y entre prácticas políticas tradicionales y prácticas con perspectiva de género. El próximo gobierno deberá mostrar cómo resuelve esa tensión en sus acciones y decisiones.

Maquiavelo afirmó en su obra que la fórmula del príncipe para elegir a sus secretarios es que deben ser capaces y fieles. Ese es el comienzo de un buen gobierno. Bajo esta premisa, sucinta y contundente, es que, finalmente, debemos evaluar la composición del próximo gabinete.

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El viento de la polarización  arrastra a todos en la  política pampeana

El viento de la polarización arrastra a todos en la política pampeana

Por Norberto G. Asquini

Los resultados de las elecciones de octubre mostraron que la bipolaridad llegó para quedarse a la política argentina en forma de coaliciones. Dos bloques que se enfrentan, y enfrentarán. En La Pampa el largo año electoral dio cuenta de esa tendencia, pero con un dato concreto: todavía el peronismo domina con comodidad el escenario de las ejecutivas y la oposición lo sigue de lejos.

El votante independiente es cada vez más independiente, al menos en las ciudades principales de la provincia, y hace valer su voto. Sin embargo, el desdoblamiento de los comicios pampeanos entre provinciales y nacionales mostró que las y los votantes pampeanos se comportan en bloque. La polarización nacional entre peronismo y antiperonismo se traslada a la mayor parte de la geografía política argentina y repercute sobre todo en las provincias del centro. En La Pampa, la polarización fue alta entre la coalición que encabezó el PJ y la que tuvo como principal fuerza a la UCR: en mayo el voto de ambas sumó el 84,4%, en las PASO el 82,8% y en las generales de octubre el 87,7%. No hay lugar para terceros.

Sin embargo, ocurre un fenómeno que se observó este año que se dividió en dos turnos electorales: en las ejecutivas la mayoría tiende a votar la gobernabilidad y continuidad del peronismo, y los votantes de la oposición al PJ se disgregan en varias opciones más allá que tenga una principal. Y en las presidenciales y legislativas nacionales el voto opositor se congrega en el polo antiperonista, aunque igualmente hay un claro ganador: más del 50% adhirió a la lista del peronismo.

La tendencia nacional

La Pampa fue parte de una tendencia que surcó toda la franja centro del país: surgió un votante que en octubre le dio su respaldo a la boleta de Macri, no porque fuera bueno su gobierno, sino porque estaba en contra del kirchnerismo. Igualmente, el Frente de Todos, el peronismo, ganó en primera vuelta y por el 48% de los sufragios. No fue por diferencias de casi 20 puntos como algunos pronosticaban. Macri, a pesar de pasar su peor momento económico, pudo salvar la ropa subiendo varios puntos más a los que obtuvo en las PASO. Por un lado, el castigo se hizo notar contra el gobierno macrista y fue contundente; por otro, para resguardo institucional, el gobierno de Alberto Fernández tendrá una oposición unificada con la que deberá hacer equilibrios.

El politólogo Facundo Cruz analizó que la distribución geográfica del voto fue prácticamente calcada entre las PASO y las presidenciales. Los votos totales crecieron pero las proporciones se mantuvieron. Y también fue calcada la distribución regional del voto (metropolitano vs periférico). En 2015 el FPV se estancó entre una elección y otra, igual que el FdT en 2019. Cambiemos/JxC creció mucho entre agosto y octubre en ambas regiones (más aún en 2019). Pero no le alcanza: PJ unido deglute tercera vía, afirma.

Y nos da otro dato con estadísticas: se confirma como tendencia en el proceso electoral de este año, tanto a nivel nacional como provincial, el bicoalicionismo, la manifestación electoral de la polarización.

Ejecutivas versus legislativas

Estas son conclusiones entre las PASO de agosto y las presidenciales de octubre, si bien el voto fue lineal: los apoyos iban a la boleta de presidente y vice y arrastraban a la de diputados. Casi no hubo corte. Ahora, comparemos las elecciones provinciales y las nacionales. Dos extremos de un largo año.

El dato de octubre fue la extrema polarización que arrasó con el resto de la oferta electoral entre Fernández-Fernández y Macri. Fue una elección histórica para el peronismo de La Pampa que llegó a los 111 mil votos (50%), y superó a los resultados de mayo que también habían sido contundentes llegando a 107 mil votos y el 52%. El triunfalismo del peronismo tras las PASO, de hecho CFK se comenzó a mostrar más, hizo surgir cierto “votante ausente” en la oposición. El voto peronista se mantuvo,  y hasta creció. Pero la oposición sumó  a quienes no habían asistido en las primarias, habían sufragado en blanco o apoyado a otras listas: pasó de 64 mil votos en mayo (31,8%), a 68 mil en agosto (32,8%) y a 83 mil en octubre (37,7%).

Las ejecutivas son ampliamente ganadas por el peronismo, que este año estuvo intratable; mientras que las legislativas es terreno más fértil para la oposición. Sin embargo, en las ejecutivas, que son las que valen, se fortalece el PJ, y en la oposición se dispersa ese voto sacándole competitividad.

Vamos a los votos locales

El voto de Santa Rosa fue más K y más anti-Macri. Esta vez la campaña fue puerta a puerta. “El voto se sostuvo y creció en los barrios, donde hay más necesidades que en Pico y el peronismo siempre llega hasta ahí”, indicó uno de los “coroneles” de la campaña del PJ. Si en mayo para gobernador se alcanzó los 33 mil votos, en octubre se logró 38 mil. Santa Rosa y Toay se han convertido en el núcleo del voto peronista en La Pampa.

Donde la oposición mostró su mejor cara fue en General Pico. En mayo el PJ había obtenido 18.300 mil votos a gobernador, y ahora estuvo en 17.800. Apenas bajó. Pero mientras en mayo la oposición se fragmentó restándole fuerzas, y muchas, a Cambiemos (11.100 votos), esta vez se unió ya refractaria al kirchnerismo detrás de una lista y apoyó a Macri alcanzando los 16.400 votos. Si no hubiera sido por Roberto Lavagna que obtuvo unos cuántos apoyos, 2.900, podría haber sido otra la historia local para Juntos por el Cambio. El resultado igual no le gustó al gobernador Carlos Verna porque apenas estuvo 3 puntos arriba en su bastión. Hubo quienes achacaron el resultado a los que “no militaron” arrastrados por el triunfalismo que dejó la primaria o porque en esta larga transición de gestiones no hubo referencias. Sin embargo, hay que matizar: al calcular mayo y octubre, el peronismo mantuvo el nivel de votos.

La polarización y las coaliciones ya son un sello del escenario político nacional. Y también del provincial: por primera vez el PJ fue cabeza de una alianza y la oposición suma cada vez más partidos en su frente, más allá de la frustración de las urnas. La política pampeana se va tiñendo de las tendencias nacionales.

 

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El 27O en La Pampa:  los dos bloques y  la nueva geopolítica

El 27O en La Pampa: los dos bloques y la nueva geopolítica

Por Norberto G. Asquini

Las elecciones de este domingo sirvieron para ratificar el resultado de las PASO. Alberto Fernández será el próximo presidente y se termina el ciclo de Mauricio Macri en medio de la crisis económica. No hubo demasiado misterio.

Se festejó la vuelta del peronismo al poder por un lado con el apoyo del 48% del electorado, y del otro se asumió una “derrota triunfal”, como la llamó el sitio Letra P, porque no fue por tanto como se esperaba, logrando el 40%. Las encuestas, otra vez, no erraron el ganador, pero pifiaron diferencias.

¿Qué dejaron para La Pampa los resultados? El PJ metió cómodo el diputado y Hernán Pérez Araujo será legislador nacional. Pero no pudo lograr una elección histórica para meter dos representantes en el Congreso. Hubo dos cuestiones: por un lado, el voto macrista, antikirchnerista sobre todo, tuvo una reacción al triunfo del PJ en las primarias y se impuso en toda la región centro (ganó Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y hasta San Luis), pero no pudo en Buenos Aires y La Pampa donde Alberto Fernández cosechó el 50% de los votos. En el norte y en la Patagonia, se impuso cómodo el Frente de Todos.

La elección mostró la polarización entre dos bloques que se perfilan a dominar el escenario político nacional. Por un lado, el peronismo del Frente de Todos y por otro el antiperonismo de Juntos por el Cambio. Alberto Fernández y CFK ahora tienen el desafío del ejercicio del poder y de sacar al país de la crisis, Mauricio Macri salvó la ropa, y también la Ciudad de Buenos Aires, y con los votos que consiguió encaminó su derrotero para seguir siendo la cara visible de la oposición, a pesar de los radicales.

El voto en La Pampa mostró casi el mismo comportamiento que en otras elecciones. Macri ganó en departamentos agropecuarios del este, casi una prolongación de lo ocurrido en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Guatraché, Hucal y Quemú Quemú fueron amarillos, pero también localidades importantes como Intendente Alvear y General Acha, aunque perdieran en el departamento. El resto fue del peronismo.

Hubo dos comportamientos que mostraron cómo ha girado la geopolítica del PJ. En Santa Rosa fue un resultado contundente, aplastante, con el 54% contra 32% en diputados. Un voto K se perfila claramente, aunque haya otros componentes. En General Pico, donde siempre fue el bastión vernista, la diferencia fue de 44% a 41%. El gobernador Carlos Verna mostró su malestar por ese resultado tan exiguo. Están pasando cosas en la ciudad piquense desde hace tiempo. Como en los departamentos del este, ha desembarcado la oposición al PJ, aunque esté lejos para gobernar, como mostró en las elecciones de mayo.

El otro diputado de La Pampa será de Juntos por el Cambio, el ex Cambiemos, Martín Berhongaray. Las otras dos fuerzas por fuera de la polarización, Consenso Federal con el socialismo (6,6%) y el Frente de Izquierda de los Trabajadores (2,3%) casi se mantuvieron en los votos conseguidos en agosto.

Macri levantó sus votos en todos los departamentos. La oposición aprovechó ese voto de la reacción antiperonista para sumar más de 13 mil apoyos nuevos en diputados. Votantes que no habían participado en las PASO, que lo habían hecho en blanco o para otras fuerzas, se volcaron a la opción opositora. Los festejos fueron discretos, no daba para más con un candidato que jugó a las escondidas para no aparecer junto a Macri. La oposición logró el 39,4% de los votos para el Congreso, pero mostró el domingo porqué vive en la frustración permanente. Radicales y macristas se pelearon por los medios si rompían o no la alianza que a duras penas llevan adelante desde 2015 solo para épocas electorales. Un conflicto sin sentido, porque siempre estuvieron incómodos unos con otros.

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A días de la final: actos,  sapos y las certezas  de una elección jugada

A días de la final: actos, sapos y las certezas de una elección jugada

Por Norberto G. Asquini

Queda menos de una semana para el 27O, la elección final de 2019. Está la certeza de un resultado a favor de Alberto Fernández, la visión triunfalista del peronismo y la postura entre resignada y esperanzada de un milagro de los seguidores de Macri. Así se vio en los dos actos de la semana de cierre entre los dos principales competidores.

Triunfalistas y realistas en el PJ

El jueves 17 de octubre fue el acto del Frente de Todos en Santa Rosa. Ya todos los medios, habidos y por haber, hablaron de lo sabido: el lugar elegido fue un reconocimiento al gobernador Carlos Verna por su contribución al camino de la unidad. Y qué contribución. Hoy bajo la euforia de los aires triunfalistas todos se olvidan de lo que era el peronismo hace un año.

Desde el Frente de Todos asumen que la elección ya está definida y solo queda esperar el resultado del domingo para ratificarlo. Todo ha sido armonía al interior de la coalición y ahora falta esperar qué dinámica tomará una vez en el ejercicio del poder.

En el acto de Santa Rosa, Verna advirtió que más allá de los festejos a futuro “habrá que comerse sapos” y seguir bancando al peronismo. Experimentado conocedor de los tiempos políticos, sabe que el próximo gobierno deberá tomar medidas que no serán todas simpáticas para intentar frenar la descomunal crisis económica actual. Y que esto pondrá a prueba el acompañamiento de sectores y dirigentes más dogmáticos que prácticos. Es la visión realista de lo que viene.

La estrella del acto fue Cristina Fernández, objeto de adoración de muchos. Fue una celebración con tono más familiar que la barbarie que imaginaban muchos antiperonistas en los días previos. Los kirchneristas ponen el acento del triunfo esperado en el “arrastre” y popularidad de CFK. Desde el peronismo federal esto no hubiera sido posible sin la unidad y el aporte de los gobernadores del PJ. Que Alberto Fernández esté a un paso de ser presidente, más allá del voto económico anti-Macri, ha sido por el aporte de unos y otros. Ni CFK hubiera llegado sola, ni los gobernadores hubieran encontrado una alternativa superadora. Esa es la gran contribución de los que apostaron a la unidad.

Sobre el escenario, más allá de la postal nacional, quedaron algunas señales para La Pampa. La centralidad del vernismo, el peronismo pampeano ubicado en el mapa nacional con Sergio Ziliotto y la proyección de Verna -que ya la tenía como referente de los gobernadores críticos a Macri pero que ahora fue ratificado desde lo simbólico- y el lugar que ocupará La Cámpora. En el escenario estuvo la diputada electa K María Luz Alonso, y ningún otro dirigente local o sector representado. El peronismo se va reconfigurando para la etapa que viene.

Esperando un milagro

Desde Juntos por el Cambio, el ex Cambiemos, se hizo su contraacto en La Pampa en paralelo con la “Marcha del millón” de Macri en el obelisco. El presidente, con los números en contra y sin poder romper el techo de las PASO, se lanzó a un acto que le pusiera épica y calor popular a su figura. Tras haber dejado atrás la campaña moderna de la microsegmentación y el big data, se abrazó al proselitismo tradicional como tabla para mantenerse a flote. Espera alcanzar el milagro del balotaje que hagan que una vez más las encuestas erren sus pronósticos. O al menos quedar bien parado y como referencia de la oposición para los tiempos que vendrán.

La campaña macrista esperó a octubre para arrancar cuando más o menos se había domado al dólar. Hay quienes siguen en la resignación de la derrota en la que los dejó las PASO, otros se abrazan al milagro que conjure la vuelta del peronismo. En La Pampa se vivió la campaña con un aire distante hasta el sábado. Hasta ese momento el candidato Martín Berhongaray se abrazó a la táctica del avestruz para no tener que asumir los costos políticos del macrismo. Esa “plancha” en la campaña fue estratégica. Ni medios que lo incomodaran ni mucho acompañamiento de sus pares. Recién el principal candidato del antiperonismo apareció el sábado en el acto en Santa Rosa, cuando las repercusiones de lo que ocurría en Buenos Aires parecían darle un aire de esperanza y cierta euforia a su gente.

La estrategia conservadora de no mostrarse tiene su porqué. Los números que se manejan de encuestas indican que el candidato de Juntos por el Cambio ingresará igualmente al Congreso, ya que los números no han variado mucho desde las PASO. El resultado en La Pampa además es muy cerrado en los números y siempre es un uno y uno en este tipo de elecciones. En el peronismo Hernán Pérez Araujo ya tenía la banca asegurada, y el peronismo hace lo posible para que entren dos en lo que pudiera ser una elección histórica para que lo acompañe Carmina Besga. Ese uno y uno es otra certeza que en el PJ esperan también conjurar con el resultado del próximo domingo.

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