Opinión: Con la intención de Aportar II.

Les decía que la historia de nuestro país fue elaborada en base a determinados aportes ideológicos que privilegiaron la identidad de algunos y dejaron afuera a muchos, entre ellos los aborígenes, mestizos y esclavos.

Hace unos días les mostraba a mis alumnos el video sobre “Algo habrán hecho por la historia”, con los fundamentos de Felipe Pigna y el aporte logístico de Mario Pergolini, donde aparece recreada la figura que hemos visto todos quienes pasamos por la escuela: el Cabildo del 25 de mayo de 1810. En una de las secuencias aparece la figura del negro esclavo ofreciendo empanadas a los presentes, supuestamente interesados en saber “de que se trata” –de acuerdo a la explicación del historiador, movilizados por dos hombres fuertes, integrantes de las milicias defensoras de la ciudad: French y Berutti-; aclara Pigna que el esclavo solo podía vender artículos que no eran de su propiedad, y empanadas eran muy difíciles encontrar en la ciudad de Buenos Aires.

Conviene aportar alguna idea al respecto sobre la presencia de los esclavos en los territorios del entonces Virreinato del Río de la Plata, quienes eran personajes comunes ocupados en el servicio doméstico de los ilustres vecinos. También en esas tareas podían encontrarse mestizos, de esos grupos aparecen los gauchos, afectados al ámbito rural por excelencia: la estancia, y en tareas artesanales o todo tipo de actividad sea en el puerto o afines.

Además quedaban algunos grupos de aborígenes integrados y adaptados a la sociedad colonial, donde la supremacía era del grupo hispano y los futuros patriotas, el grupo de los criollos. Aquellos sobrevivían en sus comunidades afectados también al trabajo en las haciendas, en las artesanías y perdiendo su identidad en la unión con otros grupos que originaban mulatos, mestizos y zambos.

Las guerras de la independencia afectaron de manera muy fuerte el número de la población de esos orígenes, con las levas forzadas diezmaron a muchos pobladores activos lo que puede explicar la ausencia de ellos en los primeros censos, algunos estimados y elaborados por Bartolomé Mitre, quien con su proyecto nacionalista comenzó a dejar los rasgos de un país sumergido en luchas internas, y organizado sobre la fuerza del ejército nacional.

Por eso coincido de manera permanente que la historia oficial omite a estos actores quienes fueron importantes en la construcción de nuestro país, siendo activos en el trabajo y en la guerra, pero pasivos en la participación política por los argumentos legales que no los consideraban en un rango equiparado a ciudadanos.-

Aclaración: escribir estos párrafos tienen la intención de movilizar intereses y empatías de cualquiera de nosotros, por eso estoy dispuesto a críticas, agregados. Gracias, Mario Higonet.-

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Opinión: Con la intención de aportar.

Por Mario A. Higonet.

Coincidiendo con el festejo del bicentenario se me ocurre como útil el brindar definiciones que ayuden a dar respuestas del porque. . .

Lo he manifestado en reiteradas oportunidades que la identidad argentina se ideó y creó a fines del siglo XIX, a las puertas del centenario; claro, con la urgencia de hacerlo ante la presencia de millones de inmigrantes que iban llegando para satisfacer la demanda de mano de obra.

Entonces aparecieron palabras para armar el calendario escolar, como revolución, patria, héroes, símbolos, etc. que se incorporaron al lenguaje cotidiano de los nuevos alumnos quienes comenzaban a transitar en los pasillos de la escuela pública, al amparo de los maestros nacionales y/o normales.

Era necesario hacerlo para que hablemos todos un lenguaje popular sustento de una historia donde algunos personajes aparecían destacados y ciertos hechos eran usados como puntos de referencia de esa historia argentina.

La simbología fue también un recurso adecuado para fortalecer esa gran idea general, entonces banderas, escarapelas, escudos y canciones patrias también fueron elementos ideales para el objetivo máximo, de un país que comenzaba a transformarse en moderno, dejando atrás los espacios de la barbarie mientras la civilización lo incorporaba al escenario del capitalismo internacional.

Hoy la escuela intenta recuperar esos rasgos perdidos en la globalización de un mundo cada vez más virtual, donde las identidades nacionales han perdido su prestigio quizá por la debilidad institucional de algunos cuerpos antes erigidos como rectores de la sociedad tradicional.-

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Opinión: Más allá del triste episodio de Tsunami.

Lamento profundamente la agresión a la joven de Alpachiri en adyacencias de la disco Tsunami y entiendo el dolor de su familia. Pero, para opinar hay que ser objetivo y no permitir que el árbol nos tape el bosque. Por la edad de los chicos agresores son nacidos en los ’90, una década en la que se implantó ferozmente la sociedad de consumo, donde la clase media compraba pavadas en cuotas mientras, la mayoría, los excluidos, los parias del capitalismo observaba las vidrieras, frustrados, impotentes, desocupados y a los cuales les decían, los bombardeaban, por los (mal llamados) medios de comunicación metódicamente: “Valés lo que tenés”.

Por consecuencia directa estos chicos no valen nada, no son nada, la vida tampoco les importa porque lo realmente importante que el capitalismo les viene diciendo desde que nacieron es que tienen que tener el último celular, la ropa de determinada marca, y ser todo lo snob posible, y preferentemente no tener la piel oscura, porque quizás aunque los dejen entrar al boliche, si tienen dinero, obviamente, dentro los miren de soslayo y se separen de sus pasos los blondos nenes bien con miedo al contagio, no del color, sino de la pobreza, el peor estigma que dejó el neoliberalismo. Y lo peor, es que esos chicos que se sienten diferentes por pertenecer a la sociedad de los elegidos por el sistema son tan victimas como los expulsados del mismo sistema salvaje, inhumano, insensible y cruel.

Que quede claro; ningún niño nace malo, es el perverso sistema el que los transforma y los llena de odio y resentimiento y esto solo va a cambiar con una sociedad que refleje un país con inclusión, educación y oportunidades para todos.

Que también quede claro; esto no se soluciona con más policías, represión y más cárceles que sirven al sistema de alfombra, donde esté, esconde lo que el mismo crea y le repugna ver.

 

Osvaldo Rosembach

Santa Teresa (L.P)

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Opinión: Festejos del Bicentenario.

El día de ayer estuve presente en los actos por los 102 años de mi querido pueblo Guatraché, cuyo epicentro fue la plaza central y contó con la presencia de autoridades locales, vecinos comprometidos más las entidades educativas, quienes llevaron las insignias patrias. El recuerdo protocolar tuvo su presencia en la entonación del himno, y luego se procedió a festejos particulares de la identidad de la localidad.

Estaba atento a la coincidencia de dos eventos comprometidos en la identidad argentina, aunque diferenciados en la cronología de fundaciones distintas y en la sucesión de hechos que están generando nuevos debates entre los historiadores nacionales.

¿Por qué hago esta referencia? En las vísperas del bicentenario de nuestro país, se discute entre entendidos en la historia la importancia de un suceso registrado como iniciador de la historia argentina el 25 de Mayo de 1810, mientras que algunos entienden que la misma debiera tomar como registro la fecha del 9 de julio de 1816, cuando se considera haber declarado nuestra independencia.

También se agregan debates en torno a los grados de independencia con los imperios coloniales, y la lucha interna por la dependencia con la ciudad rectora de nuestro país, la ciudad puerto de Buenos Aires. Fue el motivo de muchas luchas internas, algunas reconocidas entre unitarios y federales, y luego entre nacionalistas y caudillos regionales.

Mientras tanto en nuestra provincia se coincide entre algunos colegas, en cuanto a la necesidad de ir construyendo una historia con identidad pampeana, y los festejos de los centenarios colaboran en cada construcción particular. Es bueno que la gente pueda tener el conocimiento –al menos mínimo- del lugar donde procede, en especial aquellos que se consideran nativos, y armar desde lo general su genealogía particular, en muchos de estos casos derivados de la inmigración masiva a fines del siglo XIX.

La historia de nuestra provincia tiene mucho camino por construir, y sería bueno –lo he propuesto– se incluya junto a los aspectos geográficos en los contenidos curriculares de las escuelas, que están armando también sus nuevos programas de una educación con pretensiones federales.

Para finalizar, el concepto de nación incluye estas particularidades de historias pequeñas resumidas en un contexto de historia general y/u oficial, la advertencia de las diferencias coinciden en la construcción de una identidad y la posibilidad del reconocimiento institucional, para su proyección en la calle del día a día.-

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Opinión: Malvinas, sigue la Deuda Abierta.

Por Mario Alejandro Higonet.

El jueves 01 del corriente mes por la noche, en la localidad de General Manuel J. Campos se realizó el acto en homenaje a los caídos en Malvinas, con la presencia de dos ex combatientes directamente vinculados con la gesta del 82, residentes en esa localidad.

La escasa participación de la gente y la ausencia de las instituciones educativas me hizo sentir una profunda pena, quizá minima a la sensación de quienes fueron los mas perjudicados por esa estupidez de unos pocos, tildados como responsables de una reorganización nacional y originaria de un quiebre en nuestra sociedad.

He leído varias opiniones directas o alusivas a ese frustrado intento de recuperar las Islas Malvinas, en ese momento totalmente inoportuno e irresponsable, y son mayores las coincidencias en cuanto al daño causado a los jóvenes obligados a participar en la contienda con la poderosa Inglaterra.

Fueron ellos quienes pusieron el cuerpo a las balas y a los atropellos de oficiales del paupérrimo Ejército Nacional, preocupados en la obediencia debida. Quizá por haber enfrentado con sus cuerpos y armas obsoletas sufrieron la carga de ser “responsables de una derrota” en una batalla desigual. Por eso es posible entender el rechazo o las espaldas de la sociedad en su regreso a casa –sólo sus familiares reconocieron su heroísmo y “patriotismo” (no puedo darle otra definición)- donde debieron comenzar a construir otra etapa de su vida.

Fueron ellos los que padecieron las consecuencias oscuras de enfrentar la deshumanización y el vapuleo a la persona, y muchos terminaron optando por la tragedia del suicidio, al no encontrar mínimas respuestas o cobijo en la sociedad que intentaron defender.

Siguen siendo ellos quienes esperan la respuesta popular  y el reconocimiento institucional –algunos los ha habido producto de sus movidas y/o en el reclamo a los derechos humanos-, aunque sea en la presencia y la motivación de cada celebración recordatoria a ese 2 de abril de 1982. Sigue siendo necesario el uso de la memoria, no selectiva en el recordatorio de los triunfos, quien debe poner nuestro ánimo a su favor para que sus hijos no sientan vergüenza de pertenecer a los “Héroes de Malvinas”.-

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