Guillermo Quartucci: “Favaloro era alguien que estaba colaborando con la dictadura”.

Foto El Diario

Guillermo Quartucci, quien fuera profesor de historia del instituto José Ingenieros de Jacinto Aráuz en 1976, declaró este martes por la mañana durante más de dos horas contando las circunstancias de su detención. Recordó que fue apresado, mientras daba clases, por dos hombres con armas largas. Del colegio fue trasladado a la comisaría y después al puesto caminero de esa localidad. De noche, logró zafar una mano de las esposas que tenía puestas, abrió una ventana y salió corriendo. Guiándose por la Cruz del Sur y después de seis días logró llegar a Bahía Blanca, donde recibió ayuda de una familia. Una vez sus perseguidores pasaron a dos metros de donde él estaba escondido. Mientras estavo detenido, estaba convencido de que sería fusilado.

El docente reveló que hubo familias araucenses que se confabularon para denunciar a los profesores que fueron detenidos por policías y militares, y mencionó al matrimonio conformado por Irma Rodríguez y Gregorio Martínez, a un Godoy, a un farmacéutico Munuce, a un veterinario García y a un hombre de apellido Rostán, Ricardo Rostán. Él empezó esa campaña de desprestigio, en la que también tuvo que ver la defensa de (René) Favaloro, alguien que estaba colaborando con la dictadura: “En el pueblo lo tenían por los aires, pero colaboró con la dictadura; en cambio a nosotros nos persiguieron. Con leer el libro ‘Memorias de un médico rural’ puede verse que estaba de acuerdo con la política genocida y contra los ataques al ser nacional”, expresó el testigo. Y aclaró: “Pero en Arauz también había gente extraordinaria”.

S
u testimonio terminó con un aplauso de los presentes en la sala del Colegio de Abogados.

El ex fiscal Cañón, en el juicio contra los represores de la Sub Zona 14
Una presencia con fuerte contenido simbólico. El ex fiscal Hugo Omar Cañón estuvo este martes entre el público en la audiencia del juicio contra los represores pampeanos de la Sub Zona 14.

Cañón presenció testimonios de víctimas y testigos del copamiento del Jacinto Arauz y su colegio secundario, en plena dictadura.  El interés de Cañón contrasta con la indiferencia por el juicio en la provincia de los legisladores provinciales y de los funcionarios del gobierno provincial. El gobernador Oscar Mario Jorge dijo al principio que asistiría a alguna de las audiencias, pero hasta ahora brilló por su ausencia.

El testimonio más atractivo fue el del docente Guillermo Quartucci, que protagonizó una fuga novelesca y logró exiliarse en la dictadura. Cañón siguió atentamente el relato.

Cañón se desempeñó a lo largo de 40 años en la Justicia provincial y federal. Lo designaron Fiscal General Federal en el mes de abril de 1986, cargo que desempeñó hasta el 1° de mayo de 2009. Preside la Comisión Provincial por la Memoria, junto al Premio Nóbel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel y es vicepresidente de la Fundación: “Encuentro para el estudio de las Políticas Públicas”.

A lo largo de su vida se ha destacado por la defensa de la legalidad, el estado de derecho y la vigencia plena de los Derechos Humanos.
Esta actividad le ha sido reconocida internacionalmente, recibiendo distinciones como el premio Justicia Universal otorgada por la Asociación Argentina Pro Derechos Humanos de Madrid en el año 2000.

En 1986 pidió a la Cámara Federal de Apelaciones de Bahía Blanca, el avocamiento y juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura militar, iniciándose las investigaciones por hechos del Ejército y la Armada en la jurisdicción. Cuando desde el estado se pretendió coartar esa vía de Verdad y Justicia, cuestionó tanto las leyes de impunidad como el indulto a los militares dispuesto por el ex presidente Carlos Menem.

Inició los Juicios por la verdad en Bahía Blanca y en los últimos años estuvo al frente de la Unidad Fiscal que investiga los crímenes de lesa humanidad, habiendo presentado el requerimiento de elevación a juicio en la causa ejército y la citación a indagatoria y detención de marinos en la causa Armada.

Ha escrito diversos artículos y notas sobre su especialidad, siendo coautor de los libros: “Impunidad y Derechos Humanos en América Latina” (University of Haifa y Ediciones Al Margen) y “La lucha contra el terrorismo y sus límites” (dirigido por Baltasar Garzón).

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Juicio Subzona 14: Este Martes 28, Guillermo Quartucci contará su fuga de leyenda de Jacinto Arauz.

Este martes 28 de Septiembre de 2010, Guillermo Quartucci, el profesor que protagonizó una fuga de leyenda en 1976 del puesto caminero de Jacinto Arauz, estará a partir de las 9 frente al Tribunal Oral Federal de Santa Rosa. Fue el único secuestrado que logró fugarse de La Pampa, al menos durante la dictadura militar. Estuvo caminando seis días hasta llegar a Bahía Blanca y finalmente exiliarse en México.

El miércoles 14 de julio, apenas comenzada la fría mañana, se produjo el operativo conjunto entre el Ejército, la policía provincial y la Federal en el pueblo. Unos doscientos uniformados lo rodearon, se dirigieron al Instituto José Ingenieros para detener a los “sospechosos” acusados de haber violado la Ley 20.840 sobre actos de subversión y allanaron las viviendas de más de diez docentes y alumnos. El rector Carlos Samprón y los docentes Guillermo Quartucci, Angel Alvarez y Víctor Pozo Grados fueron detenidos mientras daban clase. Varios soldados ingresaron con armas a las aulas y los esposaron delante de los alumnos. Los subieron a un vehículo, les vendaron los ojos y los trasladaron primero a la comisaría y luego, durante esa misma mañana, al puesto caminero, ubicado a unos mil metros de la entrada del pueblo, sobre la ruta 35.
En el puesto caminero los prisioneros fueron reducidos e interrogados, algunos con aplicación de picana, como Carlos Samprón, Angel Alvarez, Víctor Pozo Grados y el mecánico Samuel Bertón. En ese lugar, mientras los detenidos ilegales esperaban atados y encapuchados por el “interrogatorio“, Quartucci alcanzó a escapar. 

Según el libro “El Informe 14“, de Quartucci los militares indicaban que había logrado escapar mientras se encontraba “esposado, lo que demuestra su peligrosidad y habilidad”, se lo tildaba de “elemento de izquierda” y se hacía un curioso perfil sobre su actividad: “Viaja desde Bahía Blanca lo que demanda un gasto 70 al 80 por ciento de lo que percibe mensualmente en el instituto, debiendo además abonar una pensión en Arauz por los días que permanece dictando sus cátedras, estas circunstancias llaman poderosamente la atención por cuanto se deduce que no obtiene ningún beneficio económico por el dictado de sus clases lo que da la pauta que esta actividad es un escudo de ocultamiento de los verdaderos fines que persigue”.
Los periodistas Norberto Asquini y Juan Carlos Pumilla, en su libro “El Informe 14“, recordaron que Quartucci estudió Letras en la Universidad del Sur en Bahía Blanca. Egresó en el ’68 y en 1975 estuvo en Japón invitado por la Universidad de Tokio. Cuando regresó se encontró cesanteado por la intervención del fascista Remus Tetu. Surgió entonces la posibilidad de irse a México para un posgrado en estudios japoneses con una beca de tres años a partir de septiembre del ’76. Mientras esperaba, le ofrecieron, en marzo, dar clases en el Instituto de Jacinto Arauz hasta julio. El director era Carlos Samprón, a quien conocía de un colegio secundario bahiense. Quartucci viajaba desde Bahía Blanca entre miércoles y viernes, para no gastar en una pensión el magro sueldo que recibía y se quedaba en la casa de los Samprón. Pero el 14 de julio del ’76 un operativo copó el pueblo y los militares detuvieron a docentes del Instituto José Ingenieros. Ese miércoles, Quartucci llegó al pueblo en un ómnibus para dar su primera clase del día y se enteró que habían llegado militares. A las 11 entró al aula del tercer año y apenas comenzó la clase entraron dos soldados con armas largas que lo sacaron a los empujones. En el pasillo lo pusieron contra la pared y lo palparon de armas. Luego lo llevaron a un vehículo con la inscripción Gobernación de La Pampa en la puerta. Allí, un uniformado le sacó los anteojos, los guardó en el bolsillo del gamulán, le colocó una venda de toalla en los ojos y le ató las manos por detrás con la bufanda. Fue trasladado hasta la comisaría y recluido en una habitación. Quartucci contó que “luego entró un sujeto que empezó a interrogarme, al principio de manera amable, pero que fue subiendo el volumen hasta empezó a golpearme y a darme puñetazos muy violentos en la cabeza y el estómago, y hasta desenfundó una pistola cuyo caño me lo pasó repetidamente por la cabeza y la cara. La situación se prolongó por varios minutos que se me hicieron interminables. El individuo tenía muchísima información sobre mí, además de hablar con corrección y desenvoltura, lo que evidenciaba su preparación y la buena educación recibida. Le interesaba especialmente mi actuación en la UNS y mi relación con Samprón, acreditado allí como un ‘peligroso marxista’“. El docente no habló y lo llevaron a otra habitación. Allí hubo otro interrogatorio, pero sin violencia. “Después, me dijeron que tenía que firmar mi declaración de varias hojas a máquina, para lo cual me sacaron la venda. Plagada de falsos dichos, estaba obviamente diseñada para incriminarme como ‘subversivo’ y ‘comunista'”. Lo volvieron a vendar y lo metieron en un calabozo. “Nunca se me requisó el dinero, ni la documentación, ni el manojo de llaves que tenía en el bolsillo del pantalón, ni el reloj”.

-Allí fue llevado al Puesto Caminero. ¿Qué recuerda de esos momentos? ¿Sufrió torturas?
-Después de la comisaría me subieron a un vehículo. “Con este llevamos cuatro”, informó el conductor por la radio. Me sentó en la cabina delantera junto a él y a alguien que también había sido secuestrado. Echó a andar a toda velocidad. En un momento le pedí que me sacara la venda por el escozor en los ojos. Me dijo: “Para qué, si dentro de un rato te la va sacar San Pedro”. Entonces que me di cuenta de que el nuestro era un camino sin retorno. Llegamos donde años después supe que era el Puesto Caminero de la ruta 35. Allí nos metieron en un cuarto. Desde una habitación vecina, llegaban las voces de por lo menos tres personas que decían enfáticamente: “Ahora, cuando llegue el ‘Gringo’, van a saber lo que es bueno estos zurdos“, y todos festejaban con carcajadas. Fue ahí cuando pensé que la alternativa, con todo el riesgo que significaba, era escaparme o morir. Además, el hecho de que me hubieran dejado los lentes en el bolsillo del gamulán y todos los efectos personales encima, reafirmaba mi conclusión de que nos iban a aplicar la “ley de fuga”. Yo era muy delgado entonces: pesaba sólo 65 kilos. Mis manos eran chicas, por lo que no me costó quitarme la esposa de la mano izquierda. Salió limpiecita, sin un rasguño. Rápido, me levanté un poco la venda y me puse los lentes para ver a mi alrededor. Estábamos en un cuarto en penumbras, sólo iluminado, a través de la puerta, por la luz de la habitación contigua. En la pared de la derecha estaba sentado el docente Alvarez; en la de la izquierda, Samprón, ambos maniatados y vendados, y frente a mí, oculto por una mesa, alguien a quien no podía ver, pero años después supe que era el pastor valdense Gerardo Nansen.

-¿Cómo logró escapar?
-Junto a mí había una puerta cerrada. Tanteé el picaporte y ví que se abría hacia un pasillo. Yo podía ver perfectamente favorecido por la oscuridad. Años después, leí las declaraciones del entonces comisionado de Arauz, Adolfo Forestier, en el sentido de que además de esposado, vendado y con todos mis efectos personales encima, estábamos encerrados con candado. ¿Quién le dijo a él estas cosas? ¿Lo mantenían al tanto de sus movimientos los represores? ¿Hizo algo como intendente para proteger a gente de su comunidad? Tan no fue verdad que estábamos bajo candado, que cuando se escuchó un vehículo que se acercaba y las voces empezaron a gritar que era el “Gringo” que venía a fusilarnos, decidí que había llegado el momento de escaparme: me puse de pie, abrí la puerta, atravesé un pasillo, me metí en una habitación vacía, abrí la ventana que daba al campo, y me escapé. Mi objetivo, aunque en ese momento pareciera descabellado, era llegar a algún lugar para contar lo que había sucedido y evitar que fusilaran a los demás. Eran exactamente las 9 de la noche. Corrí hasta que me tragó la oscuridad. Al cabo de un buen rato, casi sin aliento, me paré para orientarme y, por la Cruz del Sur, supe hacia dónde estaba Bahía Blanca. Ni se me ocurrió ir hacia Arauz, pues durante el interrogatorio me había dado cuenta que habíamos sido entregados por gente del pueblo.

-¿Cómo fue el periplo hasta Bahía Blanca?
-No voy a hablar de mi travesía de seis noches hacia Bahía porque eso lo relataré en el libro que estoy preparando. Sabía que sería una locura caminar por la ruta, por lo que la primera noche decidí hacerlo por las vías del tren, que van paralelas. Ahí fue cuando logré sacarme la esposa de la mano derecha, no sin trabajo: me salió sangre. La segunda noche abandoné las vías y me metí a un camino local de tierra. Vi entonces que se acercaban dos vehículos, en el de adelante iban dos soldados con un faro en el techo que apuntaba incesantemente en todas direcciones. Era obvio que me estaban buscando. Me zambullí en una zanja y pasaron junto a mí, sin percatarse de que yo estaba agazapado. La tercera noche pasé por un mal momento, pues, muerto de la sed como estaba, cuando oí agua que corría, me precipité a beber, pero me caí desde una barranca al cauce de agua del que después supe era el Sauce Chico, cerca de la 35, en el Paraje Choiqué. Quedé empapado y hacía mucho frío. Seguramente me enfermaría. En un caserío cercano había una casa con las luces encendidas. Desesperado, golpeé a la puerta. Había dos matrimonios festejando frente a una mesa rebosante de comida y botellas. Se quedaron perplejos ante lo que supongo era la aparición de un ser que parecía salido de las cavernas. Me dijeron con franqueza que habían pasado militares preguntando por un fugitivo y que los comprometía. Me ofrecieron comida, pero sólo acepté una botella de agua pues tenía el estómago completamente cerrado. Seguí mi camino a pie. Así fue como finalmente llegué a Bahía el martes 20 de julio, como a las 2 de la mañana y con 7 kilos menos de peso.

-¿Lo fueron a buscar allí otras fuerzas de seguridad?
-A la casa de mis padres fueron a buscarme tres policías de Bahía. Mi hermano, que en ese momento estaba allí, los conocía, era una persona bastante apreciada por trabajar en un banco muy popular. Se portaron con mucha corrección, pero dejaron una guardia permanente. A un conocido de mi familia lo secuestraron y lo mantuvieron desaparecido durante una semana. El que sí fue terrible fue el operativo que se montó en la cuadra de mi hermano, que fue cerrada. Se hizo a las dos de la mañana, con un gran despliegue de fuerzas militares que rodearon la casa, incluso colándose por los techos de las casas vecinas. Intentaron derribar la puerta de entrada, pero mi hermano les abrió. Hubo amenazas con pistolas y armas largas, con lujo de violencia. Ni mis padres ni mi hermano sabían dónde estaba yo. En realidad, con lo que sucedía en esos momentos en el país, todos pensaron que me habían desaparecido. Yo, mientras tanto, estaba escondido en un lugar de Bahía donde jamás podrían encontrarme. El 22 de julio supe por La Nueva Provincia que mis compañeros habían sido “blanqueados” y yo estaba prófugo. Y me puse a pensar en cómo llegar a México. Pero esa es otra historia. Sin lugar a dudas tuvo un final afortunado, pues el 16 de septiembre, luego de pasar en Argentina por una serie de situaciones que ni yo ahora me las creo, por lo inverosímiles y arriesgadas, aterrizaba en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México, donde me esperaban con la beca.

-¿Pudo regresar alguna vez a Jacinto Arauz o charlar con sus ex compañeros?
-Pasaron más de 30 años desde aquel operativo de pesadilla que nos marcó a fuego, a todos. Yo estaba de paso, pero mis colegas se habían entregado con todo entusiasmo a trabajar por la comunidad. Samprón era un director de lujo para un pueblo de miras muy estrechas. Su “pecado” como rector, y el de nosotros que lo secundábamos, fue introducir la novedad de la autodisciplina y el fomento del pensamiento crítico entre los estudiantes. En un medio cerrado y mezquino como aquel, donde los foráneos eran objeto inmediato de sospechas, nuestra presencia molestaba y fuimos los “subversivos” para el grupo de “cruzados” -encabezados por la directora de la escuela primaria-. A Arauz viajé de incógnito en una ocasión en el 2000, para volver a ver con mis propios ojos el escenario de los sucesos del ‘76. Me llevaron en auto desde Bahía, y recorrimos pausadamente los lugares cercanos a la Ruta 35 y el pueblo. En 2004, después de toparme en Internet con la Causa de la Subzona 14 reabierta, viajé a Argentina para dar mi declaración y me puse en contacto con una persona de Arauz. Noté cierta reticencia de su parte, lo cual me pareció natural, dado que sobre mi “presunta” fuga se habían difundido varias versiones, originadas sin duda en los mismos represores y en quienes nos habían entregado. De lo que se trataba era de “salvar la cara” frente a la total ineptitud con que manejaron el caso. Estas versiones pretendían poco menos que hacerme responsable de la suerte corrida por mis colegas y del operativo posterior a mi fuga que significó el allanamiento ilegal de casi todas las casas del pueblo. También en agosto de 2004 visité por primera vez en casi treinta años a Samprón, quien me habló de la terrible paliza y torturas que sufrieron, después de mi fuga, a manos de la patota encabezada por el “Gringo”. “Se volvieron locos“, me dijo. Quartucci contó además que mientras estuvo radicado en México lo esperaba en Japón una beca de tres años en literatura japonesa tramitada mucho antes de ocurridos los hechos de Jacinto Arauz. El docente indicó que “a fines de septiembre de 1976, instalado ya en Ciudad de México, llegó a mi domicilio de Bahía Blanca una carta fechada el 24 de ese mes enviada desde el Instituto José Ingenieros, firmada por Aldo Idoeta, representante legal de la escuela, donde se me informaba que por la aplicación de la ley 21.381 quedaba inhabilitado para trabajar en la docencia privada. La carta era acompañada por la resolución, fechada en Buenos Aires el 14 de septiembre, y firmada por el contralmirante (Enrique) Carranza, delegado militar ante el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación. ¡Estaban despidiendo a un desaparecido!”. En 1980, el especialista en literatura japonesa viajó hasta Japón para hacer un curso. Hasta allí fue perseguido por la dictadura militar argentina que no había logrado atraparlo. Quartucci relató a los autores: “Durante los ocho años de la dictadura no puse un pie en Argentina. En el exterior, no todo fue fácil: también allí me persiguieron, en 1980 y nada menos que en Japón. La Embajada Argentina pidió mi extradición al gobierno japonés. El embajador argentino entonces era el teniente coronel Carlos Jaime Fraguío“.

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Ruta 35: Un muerto en un vuelco cerca del acceso a Jacinto Arauz.

El accidente ocurrió alrededor de las 00:15 de este lunes, sobre la Ruta Nacional 35. Además, en un choque de dos motos, un joven terminó con “lesiones graves”.

La víctima fue identificada como Ricardo Daniel González, de 51 años edad, quien viajaba acompañado por su esposa que estaría fuera de peligro pero con algunas lesiones.

González viajaba a bordo de un Chevrolet Aveo chapa patente NWZ 788 procedente de las Termas de Rio Hondo y con destino a la ciudad de Bahía Blanca.

De acuerdo a lo que se pudo saber de fuentes policiales, al llegar al kilómetro 128 de la Ruta Nacional 35 –entre el acceso a la localidad y el Puesto Caminero– el auto mordió la banquina, el conductor perdió el control y se produjo el vuelco fatal.

Un menor con
lesiones graves
Dos jovenes menores de edad protagonizaron durante la madrugada de este lunes un violento choque, motivo por el cual uno de ellos resultó con “lesiones graves”, según informaron fuentes policiales de la localidad de Jacinto Arauz.

El accidente se produjo alrededor de la 1:40. Una Mondial TD 150 cc., sin patente, que transitaba por el Bulevar Menguelle de oeste a este impactó contra una Zanella 50 cc., que circulaba de norte a sur por calle San Martin.

El conductor de la Zanella terminó con “lesiones graves, por cuyas circunstancias fue derivado al Hospital Padre Buodo de General Acha”, indicó un uniformado de la comisaría local.

(el Diario)

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Santa Teresa: 16 niños recibieron la primera comunión.

Este sábado 25 de septiembre se realizó en la vecina localidad de Colonia Santa Teresa, la ceremonia de primera comunión. Un total de 16 niños recibió por primera vez a Cristo durante la eucaristía.
Ante una Iglesia de Santa Teresa colmada por familiares, amigos y vecinos, Brandon, Matías, Evelyn, Agostina, Ivan, Brisa, Cristian, Romina, Emanuel, Diego, Ludmila, Romina, Alejandro, Joaquin, Ivan y Mailén se acercaron al altar para comulgar ante el Padre.
Luego de la misa los niños recibieron un recordatorio de este paso tan importante dentro de la fe cristiana, para rememorar ese acontecimiento.

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General San Martín: Siete jóvenes deportistas clasificaron a los Juegos Nacionales Evita.

Un total de 7 jóvenes de la localidad que pertenecen a la Escuela Deportiva Municipal, participarán próximamente en los Juegos Nacionales Evita, representando a General San Martín y a la provincia de La Pampa, del 29 de Octubre al 4 de Noviembre en Mar del Plata.

Los deportistas son:
-categoría sub 16-: Magalí Schneider (jabalina), Yesica Gonzalez (jabalina), Pamela Muller (bala).

–categoría sub 14: Agostina Espir (posta 5 X 80), Blas Bertón (salto en largo y posta 5 X 80), Aaron Reske (posta 5 X 80).

–categoría sub 18-: Marcos Starkloff (salto en alto y jabalina).

Por otra parte Marcos Starkloff obtuvo el 6° puesto días pasados en un Torneo Nacional de Federados realizado en Córdoba, alcanzando la marca de 1 metro 83 centímetros en salto en alto.

La atleta Liliana Sanchez participa en el Torneo Nacional de Federados este fin de semana en Santa Fe, donde realiza las pruebas de 100 y 200 metros, y posta combinada.

También los Adultos Mayores participan del 24 al 26 de Septiembre en Santa Rosa de la instancia provincial de los Juegos Deportivos Pampeanos, representando a la Zona VIII.

En total viajaron 38 Adultos, de los cuales 22 son de General San Martín.

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