Historias: Unión de Campos peleando el torneo.

El buen momento que está pasando la U de General Campos sorprende a propios y extraños.  El equipo dirigido por Maximiliano Zitelli, con una buena base de jugadores locales, está demostrando que con trabajo y esfuerzo se pueden lograr frutos.  Si bien el equipo Tambero aún no ha logrado el Apertura de la Zona Sur, está muy bien encaminado para conseguir el logro.  A falta de cinco jornadas Unión lidera la tabla de posiciones de la Zona Sur con 16 puntos. 
Lo sorprendente es que el conjunto de General Campos no ha logrado nunca un torneo sureño aunque sí a realizado campañas que lo tuvieron como principal animador.  Tal vez el torneo más recordado y dónde más cerca estuvo la U de alcanzar el título fue en 1982, dónde con un equipo de jugadores locales sumados a algunas figuras del ámbito regional, logró jugar la final del torneo frente a Sportivo y Cultural, perdiendo la posibilidad de colocar su nombre por primera vez en lo más alto del fútbol de la Zona Sur.

Un repaso de aquella campaña.
El torneo comenzó el 14 de marzo de 1982, Unión tuvo fecha libre.  Los ganadores de aquella jornada inaugural en la Zona A (Unión (General Campos), Pampero (Guatraché),  Deportivo Alpachiri, Juventud Unida (Alpachiri), Huracán (Guatraché), Deportivo Colonia San Juan y Colonial (Santa Teresa)) fueron los dos equipos guatrachenses y el equipo de Santa Teresa. 
En la segunda batalla Campos debutó goleando en su cancha a Juventud Unida de Alpachiri por 4-0 con tres tantos de Sergio Dieser y el restante del joven Luis “Cachito” Pantanetti.  En la tercera fecha empato como local frente al equipo de Santa Teresa que culminaría último en la Zona A.  Todavía los equipos estaban acomodándose, cualquiera le ganaba a cualquiera.  Campos marchaba invicto y expectante.
En la cuarta jornada visitó la colonia San Juan para enfrentar al deportivo local, fue victoria 3-2 con anotaciones de Sergio Dieser, Miguel Ángel Dieguer y de Luis Pantanetti.
Luego se sucedieron tres victorias consecutivas, frente a Pampero en Guatraché (3-1), frente a Huracán (3-2) y goleando al Deportivo Alpachiri a domicilio (5-2).  Así cerró la primera rueda con cinco victorias y un empate, el mismo inicio que en la actual temporada de 2011.
El 25 de Mayo comenzó la segunda ronda con Campos descansando en la punta en soledad.  En la novena jornada goleó a Juventud Unida por 4-2 con anotaciones de Sergio Dieser, Hugo Navarrete, Aldo Vignatti y Roberto Pereyra.  Luego viajó nuevamente para enfrentar en el miniclásico a Colonial Santa Teresa, Sergio Dieser y dos tantos de Carlos Candia le dieron el triunfo por 3-1 frente al local.
El 12 de Junio el equipo Tambero pierde el invicto.  Como local es derrotado por el sorprendente Deportivo Colonia San Juan, que para ese tramo del torneo ya había aceitado el equipo realizando un sprint final de varias victorias consecutivas que lo llevaron a ocupar el segundo lugar en la tabla de posiciones de la Zona A.  Osvaldo Schiel y Sergio Dieser anotaron los dos goles del honor en la derrota por 4-2.
A la siguiente jornada Unión se recupera con un resultado histórico.  Golea a Pampero por 6-0 con cuatro tantos de Luis Pantanetti, uno de Sergio Dieser y el restante de Hugo Navarrete.  Ese fue el resultado más abultado de la historia a favor de Unión frente a la Estrella de Guatraché. 
A falta de dos jornadas, Unión se había asegurado el N°1 de la Zona A.  En Guatraché empató con el globo 2-2 con goles de Hugo Navarrete y de Luis Pantanetti.  Mientras tanto, Sportivo y Cultural, en la Zona B también lograba la pole posición.  Ya había finalistas.
El 18 de Julio de 1982, a menos de un mes de concluida la Guerra de Malvinas, la U cerraba su participación en la Zona de Grupos empatando de local frente al Deportivo Alpachiri con goles de Roberto Pereyra y de Sergio Schechtel.
Así quedaron las posiciones de la zona: Campos 19, San Juan 14, Alpachiri y Huracán 12, Pampero y Juventud Unida 10 y cerró Colonial de Santa Teresa con 7.  Unión ganó 8, empató 3 y perdió uno solo.

La final
Sportivo llegó invicto a la final, con ocho victorias y dos empates en diez partidos jugados.  Con Luis San Sebastián como figura descollante acompañado de Rubén Goss.  También se destacaban Hugo Magario y Alberto Pereyra.
El partido inicial se jugó en General San Martín un 25 de Julio.  El rayado había finalizado la Zona B el 12 de Junio, por lo que estuvo más de un mes parado esperando la definición.  En su campo, el local batió a Unión por  2-0 con tantos de Rubén Goss y Luis San Sebastián.
Siete días de tensión se vivieron en ambas localidades.  El 1° de Agosto, en General Campos se jugaba la revancha, los locales creían que “se podía revertir el resultado”.  Sportivo confiaba en la diferencia lograda en la ida.
El partido terminó empatado en uno.  “Cachito” Pantanetti marcó el tanto de Campos, Rubén Goss el del título para Sportivo.  A los 27 minutos de la segunda etapa el árbitro finalizó el cotejo por incidentes.  La parcialidad local fastidiada por los fallos del árbitro y con la impotencia de ver escabullirse el título tan ansiado, irrumpió con furia dentro del terreno de juego.  Sportivo fue el campeón.

La Liguilla
Luego Unión jugó la liguilla a los tres mejores de la Zona B, el ganador jugaría la final de la Liga Cultural contra los equipos de Santa Rosa.  El sorprendente Colonia San Juan ganó la liguilla para luego caer frente a Belgrano de Santa Rosa en la final de la Cultural.  Campos salió segundo a solo tres unidades de San Juan.  Mario Higonet, volante de Pampero, había reforzado al equipo en este instancia.

LA CAMPAÑA
PRIMERA RUEDA

Fecha Libre
Unión (Gral. Campos): 4-0: Juventud Unida
[Sergio Dieser (3) y Luis Pantanetti]
Unión (Gral. Campos): 2-2: Colonial (Sta. Teresa) [Sin Datos]
Deportivo Colonia San Juan: 2-3: Unión (Gral. Campos) [L. Pantanetti, Sergio Dieser y M. A. Dieguer]
Pampero (Guatraché): 1-3: Unión (Gral. Campos) [Sergio Dieser, Osvaldo Schiel y Luis Pantanetti]
Unión (Gral. Campos): 3-2: Huracán (Guatraché) [Hugo Navarrete (2) y Rubén González]
Deportivo Alpachiri: 2-5: Unión (Gral. M. Campos) [Sergio Dieser (2), Luis Pantanetti (2) y Roberto Villegas]

SEGUNDA RUEDA
Fecha Libre
Juventud Unida: 2-4: Unión (Gral. Campos)
[Sergio Dieser, Hugo Navarrete, Aldo Vignatti y Roberto Pereyra]
Colonial (Sta. Teresa): 1-3: Unión (Gral. Campos) [Sergio Dieser y Carlos Candia (2)]
Unión (Gral. Campos): 2-4: Dep. Colonia San Juan [Osvaldo Schiel y Sergio Dieser]
Unión (Gral. Campos): 6-0: Pampero (Guatraché) [Sergio Dieser, Hugo Navarrete y Luis Pantanetti (4)]
Huracán (Guatraché): 2-2: Unión (Gral. Campos) [Hugo Navarrete y Luis Pantanetti]
Unión (Gral. M. Campos): 2-2: Deportivo Alpachiri [Roberto Pereyra y Sergio Schechtel]

FINAL
Sportivo y Cultural: 2-0: Unión (Gral. Campos)
Unión (Gral. Campos): 1-1: Sportivo y Cultural [suspendido a los 27 minutos del segundo tiempo]

GOLEADORES
Sergio Dieser (11), Luis Pantanetti (11), Hugo Navarrete (5), Roberto Pereyra (2), Carlos Candia (2), Osvaldo Schiel (2), Miguel Ángel Dieguer (1), Rubén González (1), Roberto Villegas (1), Aldo Vignatti (1) y Sergio Schechtel (1).
Total: 40 goles (faltan datos de dos anotaciones)

Por Julio C. Santarelli

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Historias: El día que Alfredo Ramos ¿le sacó el invicto? al Zorro.

“Montando al Zorro”: La historia del Zorro, gran leyenda de las jineteadas, realización de Juan Ignacio Dominguez y música original de Raúl Fernandez.

Desde el año pasado se puede ver en cines y DVD la película que resurge el mito del invencible caballo de Micaela Cascallares, que supo tener un invicto de más de 100 montas y una trayectoria que llegó a más de siete provincias, en donde bajó a los más afamados jinetes entre ellos Alfredo Ramos, aunque existen diferentes versiones sobre lo que ocurrió el día en que el guatrachense montó al tordillo invicto hasta ese momento. No son pocos los que insisten que Ramos fue el único jinete que le sacó el invicto al mejor caballo argentino de la historia de jineteadas.

NOTA PUBLICADA EN EL PERIODISTA DE TRES ARROYOS EN EL AÑO 2000.

La leyenda de “El Zorro” – EL “MEJOR TORDILLO DE LA HISTORIA” PASA TRANQUILO SU VEJEZ EN EL CAMPO
El gran caballo de las jineteadas envejece tranquilo en un campo de Cascallares. Tiene 28 años, andar cansino, le faltan los dientes y evidencia, producto de los golpes de la carrera, alguna dificultad en el tranco. Está todo blanco, con el cuerpo cubierto de canas, pero aún se muestra con estampa de invencible, la que justifica con números que apabullan. Al cabo de 158 domas no hubo un solo jinete que pudiera permanecer sobre su lomo; en los 82.067 kilómetros que recorrió por siete provincias, incluida la de Buenos Aires, ningún montador fue capaz de someterlo. “El Zorro”, el mejor flete de todos los tiempos, a quién ahora llaman cariñosamente “El Abuelo”, aguarda gallardo, valiente, la llegada de la muerte, único jinete ante el que se rendirá. Pero cuando se vaya quedará su leyenda, aquella que lo acredita como “el mejor tordillo de la historia”. La evocación de “El Periodista”.

Oscura jornada de invierno.
A
lrededor del mediodía salimos para un campo que queda “pasando Cascallares”, según la explicación que me dio Hugo Lelouche, fotógrafo de “El Periodista”, quien tenía a su cargo la conducción del vehículo con el que llegaríamos hasta la “chacra” de Omar Passarotti, el “Negro”, que pasó a la fama por ser propietario del caballo más importante de la historia de las jineteadas, el “Zorro”, quien acaba de cumplir 28 años, una edad que en humanos representa más o menos 112, y se ha convertido en una leyenda viviente. Nos acompaña Mario Ferreti, fotógrafo especialista en domas, conocido de Passarotti y el nexo para la entrevista.
Llegados al lugar, después de un complicado viaje por el barro que se había formado tras las lluvias de junio, que dificultó y por momentos hizo peligrar la marcha del vehículo, nos recibió en el campo el mismo Passarotti. “Andan rompiendo el camino”, abrió el fuego, medio en broma, medio en serio.
Adentro de la casa, al lado de un hogar que calienta la cocina, un matrimonio visita a los dueños del campo. En la pared, decenas de fotos del “Zorro” en distintas jineteadas, acompañadas de versos en su homenaje. También hay de otros caballos destacados de la tropilla de Passarotti, apodada “Los tigres de la llanura”, pero del que más hay es del tordillo oscuro que nació de una yegua del finado Bordaliza, en ese mismo establecimiento, un 12 de marzo de 1972.
“Pensamos que ‘El Zorro’ era un tonto. Lo atamos para palanquearlo y, como no se asentaba ni nada, lo hicimos enganchar con espuelas para que se avivara. Y ahí se avivó de más y fue, como hasta ahora, un indomable”, refiere Passarotti, sentado en la cocina, al calor del hogar a leña, mientras circula el mate entre el matrimonio amigo y los componentes del equipo de este periódico.

Comienza la carrera
T
enía dos años y medio, casi tres, cuando intentaron subirlo por primera vez. Al poco tiempo ya haría su presencia en los campos de doma. Primero lo echaron a “las clinas”, experiencia que repitió en cinco oportunidades, hasta que en 1975 debutó con los bastos, montado por Hugo Campos, de Tres Arroyos. Ahí comenzaría a ser reconocido, un reconocimiento que la misma gente le tributó, hasta que comenzaron a reservarlo para la final y, cuando ya nadie quería subirlo en contiendas decisivas, se transformó en exclusivo “premio especial” y el desafío de todo jinete que se precie de tal, no sólo por la hazaña que ello significaba, sino también por las abultadas recompensas que se ponían en juego cada vez que el cartel anunciaba la presencia del “Zorro”.
Durante 19 años fue “reservado premio especial”. Al cabo de casi dos décadas, según Passarotti, mantuvo el invicto. En 157 jineteadas nadie pudo con el caballo nacido en “La Susana” de Cascallares. En ese tiempo el flete recorrió 82.067 kilómetros por siete provincias argentinas, incluida Buenos Aires. “Al ‘Zorro’ nunca vinieron a montarlo a la casa de él, sino que fue el ‘Zorro’ a la casa de los montadores”, se ufana el tordillero de su caballo.
El debut como “reservado premio especial” lo hizo con un gran jinete, “Tucuta” Schan. El de San Manuel, reconocido hombre de doma, no aguantó la fuerza del animal, sus 640 kilogramos de músculo y en el segundo salto ya estaba volando hacia arriba, por el aire como a cinco metros, para caer sentado y perder hasta los tacos de la bota. Al desafío, con el correr de los años, se sumaron montadores de la talla de Ismael Santamaría, “Chito” Maldonado, Luis Romero y hasta el “Coti” Iparraguirre, porfiado si los hay, que lo subió tres veces y en la última “salió dando rulos por el aire”.

La vez que ¿perdió el invicto?
P
ero nadie pudo sostenerse en su lomo, salvo en una discutible ocasión en la que, según Passarotti, “voltearon el caballo a propósito” y en su criterio de ningún modo puede considerarse que ganó el jinete. “El caballo se cayó, porque cuando Alfredo Ramos estaba arriba, lo volteó. Las fotos muestran cómo se le echó al cogote para que no lo apriete el caballo. Entonces lo volteó, porque si se cae el caballo lo aplasta con todo el cuerpo”, rememora indignado Passarotti la doma de Santa Rosa, en La Pampa, donde para algunos el “Zorro” perdió el invicto, afirmación que es desmentida por su dueño.
Lo real es que, en aquella disputa, el caballo resultó seriamente herido. “Se abrió, quiso levantar las manos y ya no pudo, así que me abalancé sobre el jinete para apartarlo del caballo. Después todos venían a pedirme la revancha. ¿Y si lo habían andado, para que querían una revancha?”, se pregunta el tordillero, el padre, el amigo del “Zorro”.
Las heridas demandaron una compleja operación que se extendió a lo largo de seis horas en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional de La Plata. La recuperación alejó durante un año al “Zorro” de los campos de doma. Recién operado, en el traslado desde la capital provincial hasta el campo de Cascallares, el “Zorro” viajó parado los 500 kilómetros, anécdota que pinta de cuerpo entero la clase, estirpe y coraje del animal.
Cuando retornó, al año, fue nuevamente Ramos el contrincante. Y vaya uno a saber si es porque quiso demostrar algo, el “Zorro” se negó a la doma y ni siquiera galopó. Quince días después, en Médanos, ante la monta de Luis Romero, el tordillo se volvió a mostrar en su plenitud. En el quinto salto “revoleó” a quien osó sentarse sobre él y la gente lloró al verlo de vuelta. “Después de la operación los bajó a todos, aún viejo. Los mejores jinetes no lo aguantaron”.
Si el “tordillo de la historia”, como lo bautizaron en un verso, tenía una característica, esa era su baquía y fuerza. “Movía, los llamaba con las riendas, les aflojaba, les pegaba un ancazo y pasaban de largo”, describe Passarotti la destreza del animal.

Aristegui, muerte y revancha
El 11 de setiembre de 1983, en Tres Arroyos, una doma que pintaba para fiesta, con el “Zorro” como protagonista principal, se transformó en triste experiencia. Aún hoy se recuerda amargamente aquella tarde en que perdió la vida quién intentó montarlo, el tandilense Carlos Aristegui.
Cuenta Passarotti, que siempre siguió las domas de su caballo parado al lado del palenque, que Aristegui, jugado, dijo antes de subir al animal: “a este caballo lo ando o me mata”. El hombre parecía no aceptar intermedios y, en terreno peligroso, se jugaba al todo o nada, se había llegado a Tres Arroyos para “jinetear o morir”.
El montador pidió al apadrinador unos 80 metros y, en esa distancia, cuando éstos llegaron en su auxilio, ya estaba muerto. “No lo mató el caballo, él se mató en el caballo, que es muy distinto”, razona Passarotti. En el segundo salto el “Zorro” le quitó las riendas, quebrándosele una pierna, al siguiente salto impactó con su cabeza en el pecho de Aristegui, al que no le zafaron los estribos y quedó enganchado en la espuela, de la que no corrió la rodaja, siendo arrastrado en la carrera. “La familia mandó cartas pidiendo disculpas por si habían dicho alguna cosa de más, lo que muestra que no éramos nosotros los culpables”.
Lo cierto es que al poco tiempo, el hermano del difunto, Jorge Aristegui, pidió la “revancha”. En realidad, según Passarotti, cuando se llegó hasta el campo para solicitar domarlo, no habló de ninguna revancha. El dueño del “Zorro” dudó en aceptar el desafío, intuía problemas, pero finalmente dijo que sí.
La doma fue en Necochea, ante 25.000 personas, muchas de las cuáles estaban mal predispuestas contra el animal al que habían promocionado, creando un peligroso resquemor entre algunos de los asistentes, como “el caballo asesino”.
Passarotti revive aquella doma: “Les encerré el caballo para que vean el estado, las clinas que tenía, los bozales que lo ataban. Aristegui había dicho que, con un tiento del cogote, lo montaba de las clinas. Pero cuando llegué a Necochea tenía como 10 guardaespaldas -con cuchillos como asador-, y lo montaron con un ramplón, con la soga entre las paletas. La mano blanca se le ponía a Aristegui de tanto que lo apretaba. El caballo estaba como ahorcado. También le echaron algo en el lomo, hasta que le penetró. No sé que, un líquido. La mancha en el lomo le duró como 45 días y el caballo hasta perdió el penacho”. En la ocasión hubo intentos de agresión contra el tordillo, pero afortunadamente no prosperaron y todo quedó en simple jineteada.

Se precipita el retiro
E
n el año 1997, una lesión en la mano del caballo, precipitó el retiro del “Zorro” de los campos de doma. En San Cristóbal, Santa Fe, Miguel Ordina, campeón de Jesús María, lo hizo golpear contra el palo y, aunque lo bajó, quedó manco. “Los veterinarios no lo pudieron acomodar, le quedó la mano medio arqueada”.
Así, manco y todo, el 13 de abril de ese año, en Bragado, el “Zorro” daba por concluida su carrera. Lo montó Rufino Montiel, que también se despedía y, por supuesto, no pudo con el caballo.
Fiel a su historia, sumando elementos a la leyenda, el “Zorro” se retiraba invicto, indomable, para ahora sí, envejecer tranquilo en el campo de Passarotti.
Después de la charla, por fin pude verlo, ahora personalmente y no en fotografías. Passarotti fue a buscarlo y lo trajo hasta nosotros. A solo un metro, lo miré a los ojos y me respondió la mirada. Su dueño había dicho que el caballo, con sólo verla, distinguía a la gente buena de la mala y, la verdad, quería sacarme la duda. Le ofrecí una caricia y aceptó, aunque desconfiando.
De frente al pequeño grupo que lo observaba, mientras se producía la sesión fotográfica que ilustra esta nota, el caballo recordó con su presencia que él no se dejó vencer, que nadie pudo doblegarlo, que no aceptó que ningún jinete se le posara sobre el lomo, porque nadie es su dueño, sino que es él amo y señor de si mismo.
Hoy está ahí, sin dientes, rondando por los potreros cercanos a la casa, con el pelo blanco. En la chacra ya no le dicen el “Zorro”, sino el “Abuelo”.
Cada día, cuando se acerca para comer su ración de trigo y avena, Passarotti le habla. El hombre, que no tiene esposa ni hijos, como es de suponer, guarda un entrañable amor por su gran caballo, el “Zorro”, el mejor de todos los tiempos, que aguarda gallardo, valiente, la llegada de la muerte, único jinete ante el que se rendirá. Pero cuando el “Zorro” se vaya, quedará su leyenda, aquella que justificadamente lo ubica como “el mejor tordillo de la historia”.

El Zorro fue así, un grande, se llevaba el respeto de todos cuando anunciaban su presencia en los campos de jineteada… Él siempre expectante, observador, tenaz, indomable… Murió en el año 1999  a los 28 años, fue tordillo negro y el tiempo lo cubrió de blanco… Recorrió 9 provincias, 157 montas invictas, pesaba 620kgs, llegó a convocar a 40 mil personas… Fue y será el mejor caballo de todos los tiempos.

Un verso al Jinete de Guatraché

Domingo siete de octubre…
mil novecientos noventa,
un cielo de agua y tormenta
a toda la Pampa cubre…
El paisanaje descubre,
q’hay un fiestón soberano,
allí estuve yo paisano
con mis versos en desbande,
pa’ver la hazaña más grande,
de un gran jinete pampeano…

Llegó “el Zorro”, un reservau…
terror, pa’muchos jinetes,
porque en verdad, ciento siete,
de su lomo había bajau…
luciendo muy buen “estau”
imponente… soberano…
abra pensau el “baquiano”,
acostumbrau a bajar…
-este me puede durar-,
como un suspiro en la mano…

Pero allí, estaba Alfredito
Ramos, jinete tamaño…
que al “Perejil” veinte años,
q’en clinas andaba invicto…
lo anduvo a telero y grito,
inamovible en la cruz,
y Dios le acercaba luz,
cuando le hincó nazarena…
al “Silencio” de Anzorena,
y al “Rubio” de Santa Cruz…

Y por la lluvia caída,
se temía por el jinete…
-no sea cosa que lo aprete,
en una de esas benidas-,
sabiendo q’en la salida,
se alza muy fiero el bagual,
y, en día de temporal,
y con el suelo barroso…
capaz que por muy “goloso”
se cayera el animal…

Llegó el “clásico” paseo,
cuando el animal traían…
y la gente lo aplaudía
como a ningún otro, creo,
después de breve vareo
en el palenque quedó…
Alfredo, lo contempló…
pensando con gesto adusto,
-te voy a meter un susto…
como nadie te metió-,

y… allí, estaba el pingo “malo”…
de meritoria valía,
demostrando que sabía,
ser educao en el palo…
y sobre del campo ralo
que con mi vista recorro,
oigo que se hace un ahorro,
de voces, porque se callan…
presintiendo la batalla
de Alfredo Ramos y el “Zorro”.

La suerte que le deseamos,
yo en versos, la trasmitía,
y a cada rato decía:…
-¡”Vamos, Alfredito, vamos”!…
y escuchaba, Alfredo Ramos,
mis versos desde el mangrullo…
y el pueblo, pa’l q’es orgullo,
le aumentaba su coraje…
-si hasta los pumas salvajes
bramaban adentro suyo…

Pasaroti – el propietario-,
del “Zorro”, paisanamente…
le acariciaba la frente,
al bagaul extraordinario,
mucha suerte, al adversario…
como gaucho, le desea,
y el hombre q’en su tarea,
oficia de “largador”…
le desprendió el “atador”,
y comenzó la pelea…

Al prenderlo en los “pigüelos”
de que lo ande me esperanzo…
y dio el bruto un abalanzo,
como pa’morder el cielo…
se zambulle en un revuelo
doctau de una fuerza loca,
y allí, con el hombre choca,
al alzarse en un “botazo”…
y le pegó un cabezaso,
que le hizo sangrar la boca…

Pero el hombre no aflojaba…
-fue histórico ese domingo-,
más bellaqueaba ese pingo,
más el hombre se afirmaba,
en las riendas lo buscaba
desesperado -quizaz-,
le “martillaba” al compaz
de su brutal maestría…
pero Alfredo, presentía,
que no lo bajaba más.

Once segundos, llevaban…
peleando a brazo partido,
y el público conmovido,
sus voces multiplicaban…
-“¡Vamos, Alfredo!”, gritaban,
y yo me quedé sin voz…
traz un abalanzo atroz,
del hasta entonces invicto,
que se dio vuelta enterito…
cayendo al suelo los dos…

Tan fuerte el golpe se oyó,
al caer pesadamente…
que pensó toda la gente,
“A’lfredo, lo reventó”,
hay, quien dijo, -“lo quebró”-,
sobre la cancha barrosa.
Quien más quien menos, solloza,
cosas raras de este mundo,
de q’en un solo segundo,
se piensen miles de cosas…

Y se paró el “Zorro” cruel…
con aturdida fiereza,
pa’llevarse la sorpresa,
que Alfredo, estaba sobr’él…
ya ciñiéndose el laurel,
de temerario y capaz…
pero el bruto montaraz,
por su instinto de villano…
alzó tres veces las manos,
pero ya no quería más…

Y se detuvo ahí nomás,
el bellaquear de aquél potro…
si el dueño fuera algún otro
se lo asustaba de atraz…
pero no, muy eficaz,
así, como le detallo,
atropelló como un rayo,
como el pampero arremete,
para sacar al jinete
y sentarlo en su caballo.

La emoción…-un solo idioma-,
todos querían, tocarlo,
felicitarlo… abrazarlo…
dentro del campo de doma,
La Pampa le dio el diploma,
a su audacia y valentía,
Alfredo ya no reía…
rompió en un llanto ejemplar…
-¡Qué lindo, q’es ver llorar,
si se llora de alegría…

Y, me bajé del mangrullo,
sin palabras… sin aliento…
pa’trenzar mi sentimiento,
con todo el coraje suyo,
y en un varonil arrullo,
dije, -“qué grande que sos”-
y al darle gracias a Dios
por todo lo que abía echo…
lloramos pecho con pecho,
un rato largo los dos…

Y sobre el tiempo regresa…
la frase esculpida en bronce,
que hay que recordar entonces
del viejo, Julio Cabezas
que opinó, con la certeza…
de su cencia campecina
esta verdad cristalina,
que retumba como un grito…
“no hay pingo que muera invicto…
en nuestra Patria Argentina”.

Y “el Toto” Ramos, q’es tío
de Alfredo, en medio del quebranto,
pretendía evitar q’el llanto,
lo desborde como un río…
y al estar al lado mío
del jinete, la mama…
dijo “el Toto” – calcula-
en un gracioso contraste…
-“pavada e cría te echaste,
“Maruca” vieja nomás”…

El público espectador…
aplaudía conmovido,
a un honorable vencido
y al gallardo vencedor…
q’envuelto en llanto y sudor
más allá de la disputa,
logró la gloria absoluta,
q’es para el gaucho grandeza…
hacer triunfar la destreza,
por sobre la fuerza bruta…

Salió, el sol por un momento,
antes de ir a esconderse,
tal vez para no perderse
tamaño acontecimiento,
Alfredo Ramos, contento,
con todo el mundo se besa…
al sol le agarró pereza,
y, como ya no llovía…
el arco iris salía,
dando marco a su grandeza…

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Historias: César Goldín, de un campo en Guatraché al Alto Valle.

Sus abuelos, inmigrantes de Rusia y Rumania, cultivaron trigo en Bernasconi, La Pampa. Sus padres tuvieron tierras en Guatraché y él es productor de ganadería ovina desde 1984.

César Goldín se ha vinculado con el mundo ganadero desde su cuna. Nació y se crió en Guatraché, La Pampa. Allí sus padres adquirieron un campo para siembra y ganadería que era parte de la estancia “Mará”, donde se hacían las grandes hachadas de madera de caldén que se usaba para reemplazar el carbón Cardiff que usaba el ferrocarril.

La vida de César Goldín transcurrió en otra geografía y en distintas actividades, pero su pasión por el campo permanece intacta. “En La Pampa nació mi amor por el campo; me sacaron de Guatraché a los tirones, tenía 11, 12 años cuando nos vinimos para Río Negro. Fue muy duro para mí, tanto, que siempre pensé en volver a Guatraché. En 2008 fuí para la celebración de los 100 años del pueblo. Hacía 50 años que no iba; fui con mis hijos, que no conocían. Visitamos la casa donde me crié, estaba igual. Fue muy emocionante”.

Es que en La Pampa están sus raíces. Los padres de César nacieron en esa provincia pero no sus abuelos, inmigrantes provenientes de Rusia y de Rumania. “Mis abuelos vinieron como colonos, primero a Buenos Aires y de allí a Bahía Blanca. Mi abuelo paterno era recibidor de granos de la firma Bunge y Born y después, cuando el Barón de Hirsch promovió la creación de colonias en la Argentina para inmigrantes de origen judío, se fundó una colonia en Bernasconi, La Pampa. Mis abuelos recibieron 400 hectáreas. Como eran vecinos, ahí se conocieron mis padres: vivían uno al lado del otro”.
“Trabajaban duro… me da pena decirlo, pero eran explotados. Me contaba mi abuela (Berta Goldín) que trabajaban bajo el mando de un administrador. Sembraban y al final del año entregaban las bolsas de trigo y se cobraban con bolsas que usaban para alimentarse durante un año. La verdad era que no les alcanzaba. Ella (su abuela) contaba que escondía bolsas de trigo debajo de la cama grande para poder alimentar a las gallinas. La situación fue así hasta que Perón dijo ‘La tierra es para quien la trabaja’ y los colonos pudieron hacerse propietarios”.

Pese a eso el padre de César no se hizo peronista; fue radical, situación que le devuelve a César una anécdota de su infancia: “En la escuela a la que asistí en Guatraché había una directora muy peronista casada con un Fieg, pariente de los Fieg de Roca. La primera camioneta que sacó Perón, esas bajitas con motor de moto a las que llamaban ‘La Justicialista’, la compró él, el ‘Negro’ Fieg, el esposo de la directora, que nos adoctrinaba en la escuela, razón por la cual yo tenía nueve años y me sentía peronista, era un fanático de Perón. En mi habitación tenía colgadas fotos suyas por todas partes. En 1955, cuando el golpe, salí a la calle a gritar ‘¡La vida por Perón!, ¡La vida por Perón!’. Bueno, con los años, como mi viejo, me afilié a la UCR”.

Los padres de César, Alejandro Goldín y Rebeca Colodner, crecieron en Bernasconi y cuando se casaron fueron a trabajar a General Campos, un pueblo cercano a Guatraché. El padre de César era recibidor de granos de firmas grandes. “Mi viejo recibía los granos en el ferrocarril, las bolsas se apilaban en la estación y se mandaban de allí al puerto de Buenos Aires”, cuenta.

Estuvieron en ese pueblo una temporada, luego se mudaron a Guatraché. Alejandro Goldín comenzó a trabajar en una casa de ramos generales, casa de la que terminó siendo socio, la Novick & Insausti.

Los abuelos de César continuaron en Bernasconi, donde vivieron el resto de sus vidas. “Mi padre, ya en Guatraché, ayudó mucho a mis abuelos. Me acuerdo de que les regaló la primera radio a acumulador, que se cargaba con un molino de viento. Ésa fue la primera radio que llegó a la colonia; la usaban para tener luz en la casa y los fines de semana se juntaban los vecinos a escuchar noticias y música”.

César y su hermana Alicia nacieron en Guatraché. Vivían en una casa del pueblo pero eran parte del mundo rural. El campo de la infancia de César se conserva, en su recuerdo, intacto: “Se trabajaba con cosechadoras a caballo. Si estaba lindo el tiempo las bolsas de trigo se dejaban tiradas en el campo, porque no había silos; se cosechaba y se ponía el trigo en bolsas. Yo tendría 8 años y manejaba un carro de cuatro caballos, salía con un peón y mi viejo a buscar las bolsas para llevarlas al galpón si el tiempo desmejoraba y pintaba que iba a llover…”.

En Guatraché vivieron hasta 1958. Por esa fecha el campo no estaba bien: “Si no era el pulgón era el carbón en el trigo; si no, los bajos precios o la sequía, así que después de una seguidilla de años malos mi papá decidió vender”.

Otro de los motivos por los cuales muchas familias con hijos migraban de ese lugar era que sólo había escuela primaria. “Eso pesó también para que dejáramos el lugar. Mi hermana se fue a los 13 años a estudiar a Bahía Blanca, vivía con otras chicas en un pensionado, y mis padres querían que la familia estuviese unida. Ella terminó la secundaria en Bahía, se recibió de profesora de francés y de música y se mudó con nosotros; después se radicó en Bahía Blanca”.

El matrimonio Goldín eligió la provincia de Río Negro porque un hermano de Rebeca, Marcos Colodner, vivía en Allen y también tenía un primo en Roca, Samuel Colodner.

“Mi papá vendió el campo y se compró un comercio de ramos generales donde trabajaron muchos años con mi mamá, vendían desde bicicletas hasta artículos de librería. Ya sexto grado lo hice en Cipolletti; luego, la secundaria, en el ‘Manuel Belgrano’. Igual hace poco me fui a festejar los 50 años de egresados de la Escuela 60 con mis antiguos compañeros de Guatraché. Después de que terminé la secundaria me fui a hacer la colimba a Bariloche. Cuando terminé el servicio militar, en 1967, me fui un año a trabajar con un tío que tenía una fábrica de muebles en Necochea. Con él aprendí el oficio de carpintero. Después me vine a trabajar a Roca; me trajo Vicente Parrilli, el papá de Oscar, que tenía una estación de servicios”.

“Con los años Vicente vendió la estación de servicios y yo compré un local en Roca, en Italia y San Martín. Allí puse una carnicería, me hice matarife: faenaba en el matadero que en aquella época estaba al lado de la cárcel. Cuando cerraron el matadero faenábamos en Fricader, cuando Fricader era una potencia. Compraba en las ferias de Choele Choel y Río Colorado… ¡cómo me gustaba ir! De algún modo con esta actividad recuperé mi conexión con el campo. Estuve en ese comercio unos tres años, hasta que vendí el negocio y pasé a la actividad vitivinícola con mi suegro, Samuel Glanz; la bodega era Millantú”.

“Samuel Glanz tenía la bodega en sociedad con su hermano David. Yo me quería ir al campo, pero mi suegro me convenció de ir a trabajar con él y estuve en la actividad vitivinícola durante 28 años. La bodega tenía la planta fraccionadora donde ahora funciona La Anónima grande y el resto se hacía en Cervantes. Allá la sociedad tenía algunas hectáreas de fruta, además de las de viñas. Por ese tiempo fui integrante del Consorcio de Riego de Cervantes y participé en el Centro de Bodegueros hasta que se cerró la bodega, en 1999”.

“En medio me casé con Diana Glanz, hermana de Iacob, y tuvimos dos hijos: Flavia, que ya es abogada, y Alejandro, que es diseñador gráfico”.

En 1982 César Goldín concretó un sueño muy acariciado. Compró un campo a 35 kilómetros de Roca, al sur del río Negro. “Compré las mejoras, era un campo fiscal -cuenta-. Lo alambré y mensuré. Era un campo para vacas y, como opté por la ganadería ovina, lo vendí y compré otro, a 180 kilómetros de Roca. Lo armé completo. Mientras tanto trabajaba en la actividad vitivinícola. Durante años mi trabajo en la bodega me permitió ir armando ese campo. Comencé con la ganadería ovina en 1984. Eso fue aprender todo otra vez. Aprendí primero de otros y después, capacitándome. Ahora vendo la lana y los corderos. Saco lana de 20 micrones con 57, 58 de rinde. Exploto 15.000 hectáreas y el resto del tiempo estoy abocado a la Sociedad Rural del Alto Valle”.

Entre sus funciones, Goldín participó en el Consejo de Banco Nación en representación de la CRA para ayudar a resolver la situación de productores ganaderos del Alto Valle con problemas de endeudamiento. También fue parte del Consejo Regional del INTA.

“Cuando empecé con el tema lanero me sumé a Cambio Rural, armamos un grupo de productores. Allí me capacité verdaderamente, en el INTA Bariloche. El INTA fue fundamental para muchos de los que veníamos de otras actividades. Realmente aprendimos, y con el tiempo empezamos a hacer capacitaciones en la delegación de Roca”.

Por: SUSANA YAPPERT (sy@fruticulturasur.com). Diario Río Negro.

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Historias: El día que el Terrorismo de Estado desembarcó en Jacinto Arauz.

El Operativo Arauz, según el libro “El Informe 14”

 Por Norberto Asquini y Juan Carlos Pumilla

El 14 de julio de 1976 se produjo el operativo más espectacular ocurrido en La Pampa en el marco del terrorismo de Estado. Fuerzas militares y policiales coparon la localidad de Jacinto Arauz, tomaron el Instituto Secundario José Ingenieros y detuvieron a numerosos vecinos.
Allí fueron secuestrados, entre otros, tres profesores del colegio –Carlos Samprón, Angel Alvarez y Víctor Pozo Grados-, un médico -Luis Carlino y un miembro de la comisión administrativa de esa institución –Samuel Bertón-.
D
espués fueron torturados en el Puesto Caminero cercano al pueblo. Otro profesor, Guillermo Quartucci, se fugó cuando lo estaban por “interrogar” y días después el cura Valentín Bosch se tuvo que exiliar. Varios de los detenidos pasaron años encarcelados por “subversivos“.

El trabajo de inteligencia
E
l objetivo de los militares al copar Jacinto Arauz fue destruir lo que consideraban “un foco de enseñanza marxista y penetración ideológica de la subversión”. Así fue juzgado el Instituto José Ingenieros, cuyo director y algunos profesores procedían de afuera de la provincia, en particular de Bahía Blanca.
E
l operativo comenzó a tomar forma meses antes, todavía bajo el gobierno constitucional. Desde fines del ’75, las mentes de los jefes de la Subzona 14 comenzaron a planificar cómo hacer para barrer con el peligro latente de la “subversión” en La Pampa y armaron los archivos preeliminares que se utilizarían tras el golpe militar para marcar sospechosos.
La mayoría de los detenidos políticos de la Subzona 14, durante la dictadura, fue catalogada con la categoría de “peligrosos” y todos señalados en listas preparadas por la oficialidad pampeana, con colaboración de civiles, y por informes del área de inteligencia de las fuerzas de seguridad.
Así la policía y el Ejército fueron preparando el camino, entre rumores y prejuicios, para acusar a docentes y vecinos de Jacinto Arauz.
Esos documentos secretos realizados todavía en tiempos democráticos, a comienzos del ’76, constan en la causa 482/76 del Juzgado Federal santarroseño, abierta por “supuesta infracción a la ley 20.840” -contra la subversión- en la que fueron procesados cuatro de los detenidos . Esos escritos explican cómo fueron marcados los “elementos peligrosos” a través de rumores o comidillas de determinados colaboradores -algunos sabiendo, y otros no, lo que podía pasar- para sumar antecedentes sobre los “izquierdistas” de la zona.
Entre el 12 y el 15 de enero del ’76 varios policías por orden del coronel Fabio Iriart recorrieron la zona y el sudoeste de Buenos Aires y elaboraron el primer informe.
Allí se hablaba que el sacerdote Valentín Bosch había albergado a “su amiga“, la docente Ana Gispert Sauch, que había escapado de Santa Rosa en noviembre cuando el Ejército detenía a profesores y médicos. O que habían visto pasar a fines de diciembre del ’75, por la ruta nacional 35 para luego volver a Buenos Aires, varios automóviles supuestamente utilizados por la guerrilla.
También un suboficial de la Bonaerense de la localidad de Avestruz señaló a varios jóvenes de la zona como sospechosos de “ser izquierdistas“. Eran dos alumnos universitarios de Guatraché que estudiaban en Bahía Blanca y La Plata, y otro de Colonia Santa Teresa que cursaba en Rosario y que lucía “barbudo, pero al irse se rasuró la barba“, según su análisis.

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El puesto caminero de Arauz. Allí torturaron a vecinos.

Sobre Arauz se hablaba de la “quinta de Nesfrías donde vivía un ex combatiente montonero” que había estado preso hasta el 25 de mayo del ’73 y había sido amnistiado. El señalado trabajaba para los hermanos Bertón. Decía el informe: “Allí se realizarían reuniones con personas en su mayoría jóvenes que llegan al lugar en distintos vehículos entre los que se destacan el de (Carlos) Samprón quien está a cargo del ciclo secundario como también un joven del medio el cual es propietario de una wiskería (local nocturno denominado “Karamba”)“. Ese joven era Darío Omar Hernández, militante de la JUP vinculada a Montoneros en Bahía Blanca, que luego sería diputado provincial y dirigente menemista en los años ’90. “Está sindicado en el medio como extremista“, indicaba el documento policial. También calificaba “como izquierdista” a otro profesor, Angel Alvarez.
S
obre Samprón, uno de los informantes afirmó que “facilita e impone la ejecución de un plan de estudio de ideología marxista” y lo calificó como “el cabecilla”. Y agregaban: “Conforme a versiones que no se lograron confirmar, en los planes de estudio para los años próximos se incorporarían temas marxistas”.
¿Quiénes informaban todo esto? Además de los policías de la zona, los archivos secretos mencionan a un farmacéutico vinculado al MID y a un conocido comerciante de General San Martín que militaba en el Mofepa.
E
n los escritos se sugería que tendría que ser interrogado el cura Bosch y debería localizarse a los estudiantes universitarios mencionados, “estimándose que se debería practicar en el domicilio de estos una irrupción militar“. Así como también en los domicilios de Pedro Schimpfle, Hernández, Samprón y Alvarez, entre otros.
Producido el golpe militar en marzo, la Subzona 14 recibió otro informe del Servicio de Inteligencia Naval (SIN), catalogado como “Secreto” y fechado en Buenos Aires el 24 de mayo del ’76. Allí se informaba sobre el colegio secundario de Jacinto Arauz.
E
sos documentos se hacían por triplicado: el original iba al Destacamento de Exploración Caballería Blindada 101 Subzona 14; el duplicado al Destacamento de Inteligencia 101; y el triplicado al Cuerpo Ejército I, Departamento segundo Inteligencia, sección Archivo.
Ese informe contenía tres puntos. Indicaba que en el secundario de Arauz durante el año ’75 la profesora de la materia ERSA (Estudio de la Realidad Social Argentina), Estela Maris Barraza, había hecho hacer a los alumnos una monografía sobre el guerrillero Manuel Negrínnacido allí y muerto en Tucumán en octubre del ’75-; que esa tarea había provocado descontento entre los padres; y que Bosch tenía reuniones en las afueras del pueblo “con integrantes de otros cultos denominado Iglesia Valense” (sic).
Recibido el documento naval, la Subzona 14 ordenó enviar otra comisión policial a Arauz, San Martín y la zona rural de Villa Iris, en el límite de Buenos Aires. Entre el 10 y el 12 de junio, los policías hablaron con más “confidentes“. Un veterinario “en conversación informal” ratificó los rumores sobre la docente.
Los policías entrevistaron también a la madre de uno de los alumnos que era directora de la escuela primaria. Esa familia fue catalogada como “hogar cristiano” y la mujer confirmó el asunto de la monografía y añadió “que a pesar de las buenas enseñanzas que ha sido objeto el hijo, este no pareciere asimilarlas (por lo que) vigila a su hijo constantemente“. Otro padre de un alumno del Ingenieros rescató algunos trabajos prácticos de la materia ERSA que fueron sumados al informe.
El expediente fue abultado con el material entregado sobre las clases en el colegio secundario: trabajos sobre “música progresiva”, centros estudiantiles, sobre la conciencia nacional y la desocupación, con recortes de avisos clasificados del diario La Arena.
T
ambién fue entrevistado un productor agropecuario de apellido Rostán, que había sido uno de los integrantes de la comisión que había creado el Instituto, “persona ésta de reconocida solvencia en la zona como hombre de bien”.
El informe, en base a sus dichos, señaló a otros integrantes de la comisión como Bertón, “Jorge Subotich”, “Raúl Debrés”, al pastor valdense Carlos Del Monte y al abogado Humberto Emilio Bogado, “todos estos identificados como zurdos“, añadía.
Esa comisión habría sido la que había contratado a los docentes de la Universidad del Sur y algunos vecinos habían logrado “establecer de que estos habían tenido militancia izquierdista dentro de la universidad“. “A pesar de las protestas airadas” del informante, los de la comisión los habían tomado, por lo que había renunciado a ese cuerpo “viendo la influencia marxista en el instituto y de las infiltraciones producidas como consecuencia de la incidencia de Del Monte-Bogado”.
Este informante estima que en un 80% de los alumnos que egresan de ese instituto secundario salen con ideología marxista. Aparentemente el grupo sindicado busca expandirse y lo engrosarían los alumnos que egresan del instituto“, completaba. Otra vez era mencionado el rector Samprón, quien según el informe “había sido expulsado por marxista” como director de una escuela en Bahía Blanca.
C
uando comenzaron en Arauz los arrestos en julio del ’76, los blancos fueron los marcados en los informes de inteligencia por los rumores y prejuicios.
P
oco después del último informe, la Superintendencia Nacional de Enseñanza Privada (SNEP) envió un representante para inspeccionar al colegio secundario.

Los señores inspectores
Samprón
era ingeniero agrónomo, director del Instituto José Ingenieros desde marzo del ’75 y en julio del ’76 había nacido su segundo hijo. Había llegado desde Bahía Blanca luego de ser director de la Escuela de Agricultura y Ganadería. En 1971, mientras estudiaba en la Universidad del Sur conoció a Angel Alvarez , con quien cursó varias materias. Samprón fue presidente del Centro de Estudiantes de Agronomía en el ‘72 y parte del ’73, integrando una corriente independiente denominada Lista Verde, y Alvarez fue secretario de la entidad. Cuando Samprón se hizo cargo del Instituto también se incorporó Alvarez. Ambos comenzaron además a brindar asesoramiento como ingenieros agrónomos a un grupo de productores rurales, que eran socios de Nuestra Casa Sociedad Cooperativa Limitada.
E
n esa cooperativa también trabajaba Víctor Pozo Grados, un veterinario de 33 años nacido en Pisco, Perú, que estudió en La Plata y se radicó en la localidad en 1971. Además, como muchos profesionales del medio, era profesor del Ingenieros. Compartía con los otros dos docentes una oficina en la cooperativa agropecuaria y usaba su automóvil para que los tres recorrieran la zona rural.
En el Ingenieros también eran docentes el pastor valdense Gerardo Nansende Instrucción Cívica e Historia-, el profesor en Letras Guillermo Quartucci, que viajaba desde Bahía Blanca, y el médico Gustavo Brower de Koning -en Química y Anatomía-. La docente señalada en los informes, Estela Maris Barraza, titular de ERSA, para 1976, ya no daba clases allí.
Samprón había sido alertado por algunos vecinos de lo peligroso que resultaba la metodología de enseñanza que se impartía en el Instituto, pero nunca pensó que podía ser catalogado de “subversivo“.
El director afirmó años después que “los chicos del Instituto tenían planteos fuertes e incluso tenían que ser moderados por nosotros. Iniciamos un proyecto de estudios donde pretendíamos que los chicos en el secundario aprendieran a leer, a escribir y a pensar. Y usábamos las técnicas que estaban de moda, fundamentalmente las de Paulo Freire. Nadie educa a nadie sino que nos educamos todos en comunión. Nosotros no inventamos nada y fue de alguna manera respondiendo a lo que quería la comunidad, que era la retención de la emigración, industrializar la materia prima de la zona, y en cuyo desarrollo nosotros participamos a través de la Cooperativa. Cuando digo nosotros, incluyo a un personaje muy querido, el profesor Angel Julián Alvarez con quien fui a La Pampa. Yo terminé como rector del Instituto porque era casado y tenía un hijo… Mi necesidad económica era mayor y me eligieron a mí. Lo que hacíamos con los alumnos era leer diarios. Era para que no creyeran ciegamente en lo que escuchaban o se decía. Para ayudarlos a pensar“.
Pozo Grados también explicó en una entrevista con La Arena: “Éramos un cuerpo de profesores que llevábamos una política educativa en relación a la formación de los jóvenes que no era nada del otro mundo. Se trataba de una formación en libertad que fue mal vista por la cacería de brujas que terminó con nosotros en la cárcel. Hay quienes creen que porque uno tiene una determinada ideología, su interés es trabajar sobre los chicos y eso no es así, canalizábamos su potencial, sus ganas de hacer cosas, sin usar para nada el castigo, y esto era mal interpretado“.
Poco después del golpe, con los informes de inteligencia de las comisiones policiales en mano, la Subzona 14 ordenó una inspección al Instituto.
La SNEP inició un sumario en el colegio y el supervisor, Jacinto Salvador Cossy Isasi, fue enviado al establecimiento en el que realizó un examen de las planificaciones de las distintas asignaturas y metodología de trabajo del ‘73 al ’76. La recorrida incluyó al Instituto Juan Manuel Estrada de General San Martín y a colegios de la localidad de Bernasconi y, en Buenos Aires, los de Villa Iris, Bordenave y Darragueira.
E
n su informe, que luego llegaría a manos de la Subzona 14, el inspector afirmó en un párrafo: “estimo que es visible una línea de continuidad perfectamente definible en las distintas asignaturas que fueron dictadas por su titular Estela Maris Barraza, residente en Punta Alta, provincia de Buenos Aires, y egresaba en el Instituto Juan XXIII de Bahía Blanca. Por ser sintomático el hecho de idéntica posición ideológica en otros profesores egresados del mismo establecimiento superior“. La docente tenía a cargo Literatura, Filosofía y Psicología y ERSA.
Afirmaba que en la colección de textos del Instituto había autores de extrema izquierda: “de 590 volúmenes con el sello editorial del CEAL podrían marcarse como abiertamente tendenciosos unos 15″, agregaba.
La selección de textos -continuaba- se ha efectuado exclusivamente de autores de extrema izquierda con excepción de Gabriela Mistral y Jorge Luis Borges, aunque este último se ha caracterizado últimamente por sus declaraciones despectivas sobre nuestro haber histórico y nuestros símbolos“, afirmaba en otro párrafo. Aunque aclaraba más abajo: “como resultado no se ha hallado material impreso, manuscrito o gráfico, que pudiera calificarse como subversivo o tendencioso”.
También hacía consideraciones sobre la metodología de enseñanza y la disciplina interna. Mencionaba que los profesores concurrían a clase “sin afeitarse”: “pude constatar la concurrencia de profesores que se presentan a la labor de aula con indumentaria inadecuada a su jerarquía, sin afeitarse, con la camisa desprendida y sin corbata“.
Comentaba que el “tuteo” entre profesores y alumnos había llevado “al relajamiento de la disciplina interna a la vez que con esta práctica de izquierda se han quebrado los niveles de la jerarquía (…) La observación directa ha permitido observar que en grado sensible el alumnado ‘hace lo que quiere'”, decía el inspector.
Daba cuenta también que había observado “el deplorable estado del mobiliario con pupitres donde hasta son perfectamente legibles inscripciones como las que reproduzco ‘Susana está buena para…'”.
Y aconsejaba: “Como medida preventiva convendría solicitar de las autoridades pertinentes la observación y control del local nombrado Kabac, wisquería rehabilitada con cambio de dueño. Allí se realizan las tertulias estudiantiles hasta altas horas de la noche“.
Pero faltaba aún otro informe que sumara elementos sobre lo que pensaba parte de los vecinos y, sobre todo, la policía. Entre el 5 y el 7 de julio, días antes del procedimiento militar, hizo una recorrida por Jacinto Arauz Francisco Pablo Olmedo, también supervisor de la SNEP, y realizó una visita al colegio.
En su evaluación comentó sobre la planificación de las materias y la ideología del contenido: “observo la marcada tendencia política y la exagerada orientación socioeconómica de la planificación y bibliografía de la materia Literatura de cuarto año y la misma materia de quinto. Ambas a cargo de la profesora Estela Carmen Estevez … con riesgo de deteriorar sus escalas de valores y exponerlos a ser captados a cualquier tipo de subversión”.
Hablaba, también, de lo pernicioso del tuteo entre docentes y alumnos, de la falta de formación en las ceremonias y del respeto al “pabellón nacional“, del cabello largo en los alumnos varones o no recogido en las mujeres, de la vestimenta no adecuada, del hábito del cigarrillo, del mobiliario manchado o con inscripciones y del relajamiento de la disciplina en las clases. Ese informe llegó de inmediato al Comando Subzona 14, que lo incorporó como valioso antecedente.

El operativo
E
l miércoles 14 de julio, apenas comenzada la fría mañana, se produjo el operativo conjunto entre el Ejército, la policía provincial y la Federal en el pueblo. Unos doscientos uniformados lo rodearon, se dirigieron al Instituto José Ingenieros para detener a los “sospechosos” acusados de haber violado la Ley 20.840 sobre actos de subversión y allanaron las viviendas de más de diez docentes y alumnos.
El rector Samprón y los docentes Quartucci, Alvarez y Pozo Grados fueron detenidos mientras daban clase. Varios soldados ingresaron con armas a las aulas y los esposaron delante de los alumnos. Los subieron a un vehículo, les vendaron los ojos y los trasladaron primero a la comisaría y luego, durante esa misma mañana, al Puesto Caminero, ubicado a unos mil metros de la entrada del pueblo, sobre la ruta 35. También fue arrestado en su domicilio Samuel Bertón, vocal de la comisión asesora del Instituto, y el pastor Nansen. Bertón era mecánico y conocido como “El Jefe” porque era el hermano mayor que había criado a sus hermanos menores y un hombre con inquietudes sociales. También Nansen, Brower de Koning y Estevez.
En el Puesto Caminero los prisioneros fueron reducidos e interrogados, algunos con aplicación de picana, como Samprón, Alvarez, Pozo Grados y Bertón. El pastor Nansen tuvo mejor suerte y no fue golpeado. En ese lugar, mientras los detenidos ilegales esperaban atados y encapuchados por el “interrogatorio”, Quartucci alcanzó a escapar.
Samprón recordó en una nota periodística que “me aplicaron la picana en las partes sensibles, estaba shockeado pero con una lucidez mental extraordinaria dispuesto a morir en ese momento sin ningún tipo de remordimiento. Después me enteré que lo que me pasaba era bastante común en esas circunstancias. No sentía dolor y no tenía miedo, como un mecanismo de defensa”.
Me preguntaban por estupideces, buscaban una célula armada, dónde estaban las armas. Pero creo que hasta los mismos encargados del tema se daban cuenta de que eso no era serio“, dijo Samprón.
Entretanto, en el pueblo siguieron los interrogatorios y allanamientos a las casas de los detenidos. Allí se secuestraron libros, publicaciones y elementos personales.
Pozo Grados sería liberado por la tarde pero al día siguiente lo volverían a detener.
Al día siguiente, el mayor Luis Enrique Baraldini le envió el primer informe al coronel Iriart. Decía que se había realizado el 14 un operativo conjunto en el pueblo y habían sido “indagadas” ocho personas. De esos testimonios surgieron como sospechosos cuatro de los apresados. “Consecuente al punto anterior se procedió a la detención de Samuel Bertón, Guillermo Quartucci, Samprón y Alvarez“.
I
ndicaba que a las 19 se había levantado el apoyo de las fuerzas militares y la Policía Federal. Y que entre las 19.30 y las 20 se había producido la fuga del detenido Quartucci de una habitación en la que se encontraba junto a los otros en el Puesto Caminero, “lugar donde estaban siendo interrogados“.

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La comisaría, otro de los centros de detención ilegales.

Al momento de darse a la fuga se encontraba esposado con las manos atrás sentado en el piso y ojos vendados presumiéndose que pudo haber fallado el mecanismo de la esposa“, indicaba el escrito. Enseguida se comenzó la búsqueda del fugitivo con bloqueo de rutas, circulares interprovinciales y se puso vigilancia en Bahía Blanca, pero no pudo ser hallado. La fuga del profesor encendió a los militares y policías que comenzaron a buscarlo en el pueblo y ese escape fue utilizado como excusa para seguir allanando viviendas. Entre esos procedimientos, ingresaron a la casa de una alumna de quinto año y le secuestraron bibliografía.
El comisario del pueblo en ese entonces, Vito Maccarini, relató que “el operativo tuvo características de un verdadero sitio al pueblo, habiéndose revisado gran cantidad de domicilios particulares de la localidad considerándose la inexistencia de ordenes de allanamiento” .
El policía Alberto Gerassi señaló años después: “para realizar las detenciones indicadas no se contó ni con órdenes de allanamiento ni de captura, efectuándose todos los procedimientos de acuerdo a lo que disponían los oficiales a cargo del procedimiento“. Y el agente Héctor Oveseika dijo que a los detenidos “les vendaron los ojos y luego de dar una vuelta por el pueblo por el camino de tierra que costea la vía y sale al meridiano se fueron hasta el Puesto Caminero donde fueron entregados a tres personas de la policía que eran Fiorucci, Cenizo y Reinhardt“.
Sobre las torturas con picana y golpes, Jorge Subotich, agregó: “estos tratamientos a los detenidos en el Puesto Caminero estuvieron a cargo de oficiales de policía venidos de Santa Rosa, quienes eran dirigidos por el oficial Fiorucci“.
A
l día siguiente empezaron a ser liberados varios de los detenidos como la docente Estevez, el médico Brower de Koning y el pastor Nansen.
Sólo cuatro de ellos, Samprón, Alvarez, Pozo Grados y Bertón, quedaron “implicados” y durante la madrugada del día 15 fueron llevados a la Colonia Penal de Santa Rosa en una camioneta.
Habría un quinto detenido que se les sumaría días después. El viernes 16 el médico cirujano Luis Carlino, de 29 años, quien estaba al frente de la sala de primeros auxilios, también fue capturado. Caería no por tener vinculaciones con los otros apresados, sino por una conversación mantenida en el bar del Club Villa Mengelle en la que descalificó las detenciones.
Recordaría años después que, al momento de ser apresado, estaba en el banco local por retirar dinero antes de viajar por vacaciones y bajó un policía al que conocía de un Falcon. Le dijo: “Carlino, te tengo que llevar detenido“. Y el médico alcanzó a devolver el dinero al cajero.
Carlino rememoró: “Me llevaron a la comisaría de Arauz. Ahí me torturaron. Lo primero que hicieron me pusieron una capucha y me dejaron en el patio para ver si me escapaba. Yo estaba con las manos atadas pero la soga estaba medio suelta. Después me llevaron adentro y me preguntaron quién me había traído a Arauz y me daban trompadas por todos lados. También me pegaban en los oídos con las manos abiertas para reventarme los tímpanos. Yo estaba muy asustado. Después me sacaron la capucha, estaba rodeado de policías y militares y no conocía a nadie“.
De Arauz fue trasladado a la Seccional Primera de Santa Rosa donde fue torturado y le hicieron firmar una declaración.

Las acusaciones
E
n base a las declaraciones sacadas a fuerza de torturas y hechas firmar a los detenidos o testigos sin darles a conocer su contenido, por un lado, y de los testimonios de vecinos y docentes del Instituto –que meses después algunos desdecirían o atenuarían frente al juez-, se “armó” la causa por “subversión” contra los cinco detenidos.
Poco después, el expediente llevado adelante por Baraldini pasó a engrosar la causa judicial iniciada por “subversión” en el Juzgado Federal de Santa Rosa, a cargo de Walter Lema. En los informes de la Subzona 14, que obran en el expediente consultado, se acusó a Samprón porque “desde su cargo de rector facilita e impone la ejecución de un plan de estudio de ideología marxista”.
Introduciendo temas que les permitían la captación de alumnos. Este grupo del cual Samprón era el cabecilla secundado por Quartucci intenta captar a la profesora Estela Carmen Estevez. Lo que no consiguen por la formación espiritual religiosa de esta”. En la declaración de Samprón que firmó, sin que se la dejaran leer, indicaría que pertenecía a la extrema izquierda.
Sobre Alvarez y Quartucci se indicó que con ellos “quedó conformado el grupo de neta tendencia izquierdista ejecutando planes de estudio de corte marxista”.
De Quartucci se indicaba que había logrado escapar “encontrándose esposado lo que demuestra su peligrosidad y habilidad“, se lo tildaba de “elemento de izquierda“y se hacía un curioso perfil sobre su actividad: “Viaja desde Bahía Blanca lo que demanda un gasto 70 al 80 por ciento de lo que percibe mensualmente en el instituto, debiendo además abonar una pensión en Arauz por los días que permanece dictando sus cátedras, estas circunstancias llaman poderosamente la atención por cuanto se deduce que no obtiene ningún beneficio económico por el dictado de sus clases lo que da la pauta que esta actividad es un escudo de ocultamiento de los verdaderos fines que persigue”.
De Bertón, también considerado “elemento izquierdista“, quedó escrito que al llegar la policía intentó huir sin conseguirlo “circunstancia que demuestra que su conducta no es normal y que se sabe responsable de actividades ilegales”. También se mencionaba que le había dado trabajo en su taller a un ex guerrillero, “de este hecho se desprende la relación de Bertón con elementos subversivos”.
Sobre Pozo Grados se indicó que tenía “estrecha relación ideológica con Samprón, Alvarez y Quartucci compartiendo las ideas izquierdistas de estos”.
Y del médico Carlino dejaron constancia que “reconoce haber hecho manifestaciones públicas deteriorando gravemente la imagen de las Fuerzas Armadas y de seguridad“, y que era “simpatizante de los guerrilleros por considerar que estos luchan y mueren por un ideal no como simples ladrones”.
El caso de Carlino es un ejemplo de cómo se utilizaron algunos testimonios para armar causas. El médico había estado el día 16 a las 12.15 en la cantina del Club Villa Mengelle junto a tres vecinos conocidos suyos. La declaración de uno de los testigos afirmaría que el médico dijo que los militares “estaban equivocados“.
“Los milicos boludos creen que en la sala van a encontrar al fugado”, habría dicho, según el hombre. Además, el interrogado diría que el médico había manifestado que simpatizaba con los guerrilleros “puesto que estos mueren por un ideal y no como aquellos simples ladrones que perecen por haber asaltado un banco”.
En diciembre del ’76, cuando Carlino declaró frente al juez, manifestó que había criticado la acción del Ejército “sólo por estrategia, es decir por proceder de forma inadecuadamente desde tal punto de vista” y no recordó “haber pronunciado la palabra ‘boludos’ refiriéndose a las fuerzas armadas y de seguridad”.
También diría sobre su declaración: “El policía que lo indagada insistió en poner esa palabra y viéndose apremiado ya que declaraba encapuchado y se lo amenazaba con aplicar la ‘picana eléctrica’ accedió a firmar finalmente la declaración”.

En la cárcel
R
ecién el 12 de agosto los cinco detenidos en el penal de Santa Rosa serían blanqueados por la Subzona. El primer liberado de la causa fue Bertón, que estuvo preso durante 45 días hasta el 24 de agosto. Relataría que llegó a la Unidad Penal 4 y al tercer día una persona de “vestimenta militar” lo llevó a la dependencia policial de la calle Raúl B. Díaz, la Brigada de Investigaciones, donde fue torturado con golpes.
Lema recibió el expediente el 30 de septiembre y el 7 de octubre se nombró al oficial Roberto Constantino, integrante del grupo de tareas de la Subzona 14, como instructor de las actuaciones ordenadas por el magistrado. Recién el 26 de octubre los cuatro detenidos fueron acusados formalmente.
El 25 de octubre empezaron las actuaciones y los acusados a desfilar ante al juez. El 11 de noviembre estuvieron en el tribunal Samprón, Alvarez, Pozo Grados y Carlino, luego de tres meses a disposición del PEN.
Samprón afirmó sobre Lema: “mi experiencia con el juez fue lamentable. Tuvimos una entrevista de dos horas en las que hablamos como dos personas educadas del país y los temas del momento y al tiempo se me comunica que estaba en prisión preventiva por ser el responsable de la subversión ideológica y armada en sureste de La Pampa y pueblos vecinos. Y entre las pruebas tenían que en el baño del Instituto había malas palabras, que en los pupitres había malas palabras“.
En diciembre comenzaron a declarar los testigos. Pronto algunos comenzaron a desdecir los informes realizados por la policía durante el operativo o a morigerar sus dichos, ya que habían sido “mal interpretados“.
El día 10 el juez Lema en una resolución diría que no se había hallado material subversivo, pero sí tendencioso vinculado a la planificación de la materia Literatura.
Y afirmará, para seguir adelante con las actuaciones: “si bien niegan terminantemente al ser indagados su participación en los ilícitos, reconocen todos ellos que en el medio eran todos sindicados como izquierdistas sin dar razones valederas en sus descargos de los motivos por los cuáles se los tenía por tales. No es verosímil lo que afirman de que por simples habladurías de vecinos, comentarios interesados o ignorancia en cuanto a la innovación de técnicas agropecuarias, se pusiera en movimiento todo el aparato informativo de las fuerzas de seguridad llegándose arbitrariamente y sin base alguna a su detención”.
Hay que tener en cuenta que las investigaciones comenzaron en enero por la Subzona 14 y que da una garantía de la seriedad con que se manejó la investigación y que se evaluaron con prudencia los datos obtenidos antes de efectuar los procedimientos“, agregaba.
Y finalizaba: “considera el suscrito que todos estos indicios graves, preciso y concordante y los demás que surgen de las constancias sumariales, acreditan que los imputados impartían adoctrinamiento izquierdista si bien no netamente subversivo orientado a la captación gradual y dosificada del alumnado (…) Indudablemente, como paso previo a una penetración ideológica más pronunciada en los posibles estudios universitarios superiores. Haremos referencia a que la penetración ideológica orientada a la subversión en todos los ámbitos que buscan cambiar violenta o encubiertameente el sistema de valores que forma la nacionalidad y sus instituciones fundamentales lejos de ser un mero supuesto, es una realidad vigente en nuestra realidad social actual“. Por lo tanto, “se acredita semiplena prueba la responsabilidad de los imputados en los ilícitos que se les atribuyen“.
Lema convirtió en prisión preventiva la detención de Samprón, Alvarez y Pozo Grados y liberó a Carlino el 15 de diciembre, que fue sobreseído parcial y provisoriamente.
A comienzos del ’77 desfilaron por el juzgado más testigos, entre ellos docentes, vecinos y alumnos del Instituto. Uno de los pobladores, cuyos dichos habían sido utilizados en los informes de Inteligencia, afirmaría ante el juez que los detenidos “eran personas buenas“, que no le constaba que eran izquierdistas y que sus “palabras se magnificaron“. La mayoría habló sólo de “comentarios”.
El 23 de junio del ‘77 el procurador fiscal Jorge Francisco Suter dictó una resolución proclive a los detenidos en la que habló de “desidia total por parte de las autoridades encargadas de la supervisión y contralor de la enseñanza“, y una serie de anormalidades en los manejos de la policía como la detención de Bertón y luego su libertad sin resolución ni consulta previa al tribunal. Sobre Samprón, Alvarez y Pozo Grados indicaría que “está demostrada su ideología personal que podríamos llamar la izquierda o marxista-leninista, pero de ninguna forma hasta el momento está definida en forma clara, concreta y precisa de conformidad a nuestra reglas procesales que esa tesitura ideológica la hayan volcado al mundo externo en conductas tipificadas ya sea pregonando o inculcando sus ideales a los educandos o a terceras personas del medio“. Y que Alvarez y Pozo Grados no habían llevado ninguna conducta tipificada en los artículos de la ley 20.840.
El 27 de junio el juez Lema sobreseyó a los dos, pero no a Samprón. El 12 de julio quedaron en libertad Alvarez y Pozo Grados, pero continuaron las investigaciones. La causa de Samprón fue apelada y llegó a la Cámara de Apelaciones de Bahía Blanca.
Finalmente, sin elementos de prueba, el 29 de marzo del ‘78 el juez Lema sobreseyó a Samprón y el 30 de marzo, el último detenido del operativo de Arauz, pudo salir de la Unidad Penal 13 después de purgar 18 meses en la cárcel.

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Historias: Cuando General San Martín fué Villa Alba.

Fuente: Publicación Homenaje en el Centenario de Bahía Blanca – 11 de Abril de 1928.

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